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jueves, 3 de abril de 2014

LAS HISTORIAS DE ROBERTO SANMARTÍN (2a parte)


Aqui les traigo otra interesante historia de Roberto Sanmartin. Cuando la leo me llegan aires y aromas de esas épocas tempranas de la aviación llenas de verdaderas aventuras en los aires. Disfrutenla.


LAS MOJARRAS TAMBIÉN VUELAN


Tal vez esto sucedió hace unos cincuenta y tantos años. Estamos en el aeropuerto Guaymaral, al norte de Bogotá en las instalaciones del Aeroclub de Colombia, reunidos alrededor de la mesa compartiendo gaseosas, empanadas y refrescos; si mal no recuerdo están Fabio Escobar, Daniel D´Costa, tal vez Mauricio Obregón y Rodolfo Faccini con quien éramos amigos desde niños ya que familiarmente existía algún parentesco.

“Camine Roberto! Vamos a dar una vuelta!” me dice Rodolfo. Frente a nosotros, con su característico color amarillo está un Piper PA-11.
Ágil y experto como pocos, Rodolfo manipula controles y palancas, se comunica por la radio, recibe instrucciones y minutos después estamos en el aire. La tarde es clara y despejada, la vista maravillosa y el vuelo tranquilo.

Pienso que ya nos disponemos a regresar porque Rodolfo corta un poco los gases e inicia un picado no muy pronunciado; la velocidad aumenta rápidamente, de pronto siento que nos elevamos casi en vertical y que ahora 3 Ges me mantienen clavado en el asiento. En cuestión de segundos estamos volando “patas arriba”, echo la cabeza hacia atrás tratando de ver el horizonte pero estoy completamente despistado, se inicia el descenso y cuando volamos nuevamente a nivel Rodolfo se voltea y muerto de la risa, socarronamente me dice: “Eso fue un rizo, ¿cómo le pareció?”. — ¡Qué rizo ni que carajos, eso lo que se llama es un looping! —




Piper PA-11



Realmente y por cierto bastante movida, fue esa mi primera experiencia de vuelo en un Piper. Pasaron los años y muy ocasionalmente volví a verme con Rodolfo; seguramente hoy, en el más allá, sigue divertiéndose en su Pitts Special de color rojo, haciendo toda suerte de loops, toneles, chandells, barrenas, ochos cubanos, immelmanns, y todo un sinnúmero de acrobacias con la misma gracia y destreza de aquel entonces.

Posteriormente mi actividad como publicista y mi vinculación con Avianca me llevaron a pasar cientos de horas metido en un avión y aunque anteriormente habían sido muchos los DC-4, DC-6, los Connie y los Superconstellation y los Electra en que había volado, con la transición al jet, creo que entre los sesenta y los ochenta, fueron muchos los diferentes reactores en que tuve oportunidad de viajar, pero debo confesar que nunca jamás, en ninguno de esos denominados “heavy metal” he podido sentir lo que se llama el verdadero placer de volar.

Una cosa es el estar volando cómodamente sentado a 33.000 pies de altura, a una velocidad cercana a los 500 nudos, frente a una pantalla digital, saboreando una deliciosa copa de Poully-Fuissé y gozando de una deliciosa temperatura ambiente aunque por fuera esté muchos grados por debajo de los 0º C y otra cosa es estar en mangas de camisa, sentir el calor volando a pocos metros sobre el rio Magdalena a escasos 90 nudos o dejar que la brisa marina entre a bocanadas por tu ventanilla cuando estás en “final” para aterrizar en Tolú, en Cartagena o en Santa Marta.

 Una cosa es ver “allá abajo” la Sierra Nevada y otra muy distinta es, después de reportar Zipaquirá y Buvis al control de ruta, tener a tu derecha los aterradores farallones de la Serranía de los Cobardes. Eso es el verdadero y real placer de volar y esas fueron algunas de las experiencias que viví cuando con mi amigo Gabriel volábamos en su PA-18, la famosa “mojarrita”.

Sinceramente añoro y extraño aquellas épocas y hoy en día ni él ni yo estamos en edad de volver a las andanzas. Fueron muchas las ocasiones en las que estando en mi oficina, a eso de las 9 o 10 de la mañana sonaba el teléfono y era Gabriel proponiéndome que fuéramos a almorzar a alguna parte, pero no era propiamente a tal restaurante en el centro o en el norte de la ciudad, sino bien podía ser a Mariquita, Girardot o Paipa ya que por lo avanzado de la hora en el PA-18 no podríamos ir más lejos.

Media hora después estábamos en Guaymaral y mientras él iba a hacer el plan de vuelo yo me encargaba de ir adelantando la inspección de rigor de la “mojarrita”. Por lo general el almuerzo era en Girardot y en más de una ocasión nos tocó dormir en la ciudad porque en el vuelo de regreso, las condiciones meteorológicas “cerraban” las entradas visuales a la Sabana y ni el PA-18 estaba equipado ni Gabriel estaba autorizado para volar instrumentos. Cambio de rumbo 180º, vuelta a aterrizar en el Santiago Vila, pista19, caminata hasta la ciudad, compra de cepillos de dientes y… hasta el día siguiente!

¿Que lo gozamos? Desde luego que si y gracias a ello posteriormente podré contarles algo más sobre “la mojarrita”.

Cordialmente,
Roberto Sanmartín

Continuará...

lunes, 31 de marzo de 2014

LAS HISTORIAS DE ROBERTO SANMARTÍN



Tuve el honor de conocer a Roberto Sanmartín por intermedio de mis lectores del Blog. Él muy amablemente nos ha compartido viejas fotos de la historia de la aviación en Colombia y nos cuenta que en 1946 voló por primera vez cuando fue en un DC-3 a Villavicencio. En 1952 se inició como publicista y por espacio de más de 30 años estuvo estrechamente vinculado con la publicidad de Avianca donde vivió aquellas épocas doradas del DC-3 y el DC-4, los Super Constellation y del antiguo aeropuerto de Techo.

Le tocó la transición del pistón al jet con los Boeing 707 que Avianca alquiló a Pan American y ha sido el artista creador de numerosas acuarelas donde plasmó los aviones que ha tenido Avianca en su historia. 
A continuación Roberto nos regala algunos de sus relatos que nos transportan a esas fantásticas épocas de los inicios de la era del aire en Colombia.


UN CAPITÁN DE NAVIO, UN JUNKERS F-13 Y UNA SEÑORA ENLOQUECIDA

Hace mucho tiempo mi madre me contó que años atrás, por allá en 1924, tuvo que viajar de Bogotá a Barranquilla con mis dos hermanos mayores que a la sazón, Carlos tendría algo menos de dos años y Jorge unos pocos meses.

Pero si hoy, hacer este viaje nos toma escasamente una hora de vuelo, 90 años atrás bien podía ser cuestión de algo más de una semana. La primera etapa que duraba no menos de 8 o 10 horas, era en el ferrocarril que desde Bogotá, siguiendo la tradicional ruta de la Sabana con paradas en Fontibón, Funza, Serrezuela y Facatativá y desde el alto de La Tribuna se descolgaba hacia el valle del Magdalena, pasando por Villeta, Honda y llegaba finalmente a La Dorada.

Bien vale la pena hacer una pausa en este relato para traer a colación algo relacionado con este sitio y la historia de la aviación en Colombia.
En 1919 fue fundada SCADTA, acrónimo de Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos y que hoy lleva el nombre de AVIANCA.

Para instalar una base donde pudieran hacer escala sus hidroaviones que volaban regularmente entre Barranquilla y Girardot siguiendo el curso del rio Magdalena, la compañía adquirió una hacienda llamada Palanquero localizada sobre la margen oriental del rio, frente a la población de La Dorada.


Hidroavión Junkers F-13 de SCADTA


A raíz del conflicto con el Perú (1932/34) las instalaciones establecidas por Scadta sirvieron como asentamiento para la creación de una de las primeras bases que tuvo la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), inicialmente se llamó la base aérea de Palanquero, más tarde Base Aérea Germán Olano y hoy Comando Aéreo de Combate No.1. Al poco tiempo, en 1935, en sus inmediaciones se fundó la población de Puerto Salgar.

Pero volvamos a nuestro cuento inicial. Una vez llegada a La Dorada mi madre y sus “chinitos” se embarcaron en uno de los vapores que en el curso de unos pocos días les llevaría hasta Barranquilla, probablemente pudo haber sido el Gonzalo Jiménez de Quesada o quizás aquel en que Ferminia Daza y Florentino Ariza navegaron hacia la eternidad.

Pasados 4 o 5 días de navegación mi madre estaba enloquecida: el calor, la humedad, los mosquitos, la falta de sueño, las constantes encalladas por los bajos niveles del rio, las paradas para el “leñateo”, el bullicio de las poblaciones ribereñas amén de un chino “berreando” y otro “jodiendo” veinticuatro horas al día, seguramente llevaron a que el capitán del vapor, quien probablemente también debía estar próximo a la desesperación, le dijera a mi madre: “Señora, no se preocupe. Como veo que usted está al borde de una crisis, si la situación no mejora y en el curso de dos días no hemos llegado a Barranquilla, como todos los días pasa sobre nosotros el avión de Scadta, basta con que yo ponga una señal especial sobre el barco y el piloto tiene la obligación a acuatizar al pie nuestro pues sabe que se trata de una emergencia; usted con sus niños se monta en ese avión y en pocas horas están en Barranquilla”.




Acuarelas de Roberto Sanmartín del Junkers F-13 de Scadta y el vapor
 en el rio Magdalena que muy amablemente me facilitó para acompañar su relato.


Desde luego hubiese sido más romántico y emocionante que el avión acuatizara al pie del vapor y mi madre hubiera partido en él, pero no fue necesario, las cosas mejoraron y dos días después desembarcaban en “La Arenosa”. Al regreso, pocas semanas más tarde, con mi padre bastante enfermo, en el curso de 10 horas volaron de Barranquilla a Girardot en uno de los Junkers F-13 de Scadta… pero ese es otro cuento para narrar en otra ocasión.

Roberto Sanmartín Barberi. 



Con Roberto Sanmartín Barberi compartiendo en su casa historias
 de aviación al calor de un delicioso té que nos brindó.
 (Foto de mi amigo piloto Giovanny Rodríguez) 

Continuará...



lunes, 23 de agosto de 2010

LA HISTORIA DE JORGE CLEVA


Hablando del vuelo en cometa, Jorge Cleva es un actual diseñador de cometas y aviones ultralivianos que vive en Argentina (2011). Se me hizo muy interesante su vasta experiencia con el vuelo ultraligero y les comparto su carta donde me habla de su pasión por el vuelo y el diseño. Un homenaje a un gran representante latinoamericano del vuelo deportivo a nivel mundial.

Hola Carlos!
Gracias por compartir tus vivencias de vuelo conmigo, realmente nos perecemos en muchas cosas, aunque yo he sido piloto de cometa y de aviones ultralivianos, lo que más he hecho es diseñar y construir todo tipo de aparatos voladores.

He sido pionero del aladeltismo en mi país Argentina y he construido siempre mis propias alas, también he construido alas de competición como la Cosmos, campeona Argentina 1984 y la Génesis Campeona Argentina en 1987.  Aclaro que los campeonatos ganados fueron a las Comet 2 de UP, las Magic de Airwave, las Hp de Wills Wing, las GZ también de UP, etc., lo cual significa haber competido con las mejores alas del mundo en esa época pero con pilotos locales en igualdad de condiciones. Siempre digo que el rival te dignifica, no es lo mismo ganarle a un campeón del mundo que ganarle a un intrascendente, no?


Aqui le estoy entregando el diploma de reconocimiento a nuestro piloto oficial de alas delta, hoy odontólogo, el Dr. Sebastian Romanazzi.
Sebastian ganó con nuestras alas, dos campeonatos nacionales de vuelo libre, en 1984 con  una COSMOS y en 1987 con una GENESIS como la que se exhibe en el Museo.


Ala delta GENESIS, fabricada en 1986 y que fuera Campeona Argentina de Vuelo Libre en 1987 en manos del piloto riojano Sebastian Romanazzi.



El ala se encuentra exhibida en el Museo de la Industria de la Ciudad de Cordoba- Argentina.
La otra ala que diseñé, la Cosmos está tambien actualmente en el Museo de la Industria lo cual también es un orgullo porque a mis 60 años estar reconocido en un museo, es muy gratificante.
Aunque han estado prohibidos durante 24 años he logrado diseñar , construir y matricular el primer trike de Argentina en el 2008.

He construido varios ultralivanos de diferentes configuraciones y he volado en todos ellos. Te cuento todo esto para que me conozcas un poco, porque todos piensan que soy joven y ando volando, pero no leen mi perfil donde dice que soy viejo y constructor! je,je.



El trike LV



Cuando vi el afiche de La Fortaleza Prohibida de tu historia, me trajo un montón de recuerdos, ya que yo por el año 75 ya estaba construyendo alas rogallo y para poder ver la película gratis, hablé con el dueño del cine y pusimos mi Rogallo en el Hall del cine como decoración y eso me permitió ver la película hasta el cansancio! !Un alienado total! Mi esposa (mi novia en aquel momento) ahora que lo pienso, me digo: !Me debe haber querido mucho para aguantarse todo eso! ja,ja,ja.


La primera ala delta que diseñé y volé.
Ahora yo también me dedico a escribir, estoy escribiendo un libro sobre alas delta que quiero publicar a nivel mundial, en español, inglés, italiano y portugués.

El libro contiene todo lo referente a las alas delta como sistema de vuelo, toda su historia de Rogallo hasta nuestros días, su evolución, su análisis técnico, su construcción, su funcionamiento, las normas que rigen la actividad, los personajes más destacados como constructores y como pilotos, en fin, todo lo que necesites saber de alas delta tanto de vuelo libre como motorizadas, estará en mi libro.

Por supuesto que habrá anécdotas de pilotos sobresalientes y pioneros como así también de los actuales campeones y diseñadores...!Un megalibro! Eso es lo que me llevó a crear mi página de Facebook y armar este mundo virtual con amigos del aire que me permitieron acceder a sus conocimientos, fotos, fábricas, pilotos, diseñadores, entusiastas, fotógrafos, blogers, de todo!

La verdad estoy fascinado con todo lo que he logrado en poco menos de un año! Toda mi historia estará próximamente en mi página web, que está casi lista pero no está habilitada aún.
En este enlace podrás ver los principales aparatos que he construido:
http://www.facebook.com/album.php?aid=2022934&id=1115922796&l=8a7dc02dc8
Tengo un Blog, donde publico un poco de mis actividades:  jorgecleva.blogspot.com

He leído algunas de tus anécdotas y son muy amenas y entretenidas, seguiré leyendo cada vez que tenga tiempo, tal vez tome alguna para mi libro, mencionándote como autor, por supuesto!

Bueno Carlos, no quiero aburrirte más con mis historias, (tengo muchas) te doy la bienvenida como amigo y me alegra conocerte!

Seguimos en contacto.
Un abrazo.

Jorge Cleva


Recibiendo el premio EAA 2005