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martes, 19 de octubre de 2010

MICRO PLANEADORES


Por la época en que estábamos disfrutando de nuestras aventuras en los 70s con CAF (Club de Aeromodelistas Felices) una noche que me quedé donde Edgar construyendo un aeromodelo se nos ocurrió una idea para volar un modelo dentro de la casa. ¡Un micro planeador de papel! 

Hicimos varios experimentos hasta que dimos con uno que volara bien. Dibujamos el planeador en un papel con unos diez centímetros de envergadura, lo recortamos y dejábamos el empenaje en forma de “V”. Le colocábamos un poquito de plastilina en la punta, lo ajustábamos y desde la palma de nuestras manos le imprimíamos la velocidad necesaria para que despegara.

Volaban fabuloso! Era como ver un gran planeador volar entre los valles, pero en vez de montañas habían sillas y mesas. Fue con estas vivencias y estas inquietudes que abríamos las puertas a nuestro futuro en la aviación deportiva.

Esta es una réplica que yo mismo hice muy similar
 a los que hacíamos con Edgar...y vuela super!!

lunes, 18 de octubre de 2010

MAMONA A BORDO


Aterrizamos con el capitán Francisco Diaz en Yopal (1991). El había sido capitán del Twin en ACES. Es un bogotano, muy buena gente, de bigote y no le gustaba hablar de su experiencia en ACES pues decia que no tenía buenos recuerdos con ellos. Fue de los capitanes que mejor me trató.

Era el mediodia y estábamos ya tarde para continuar con el itinerario del día. Se le hizo buena idea que nos llevaran algo de comer al avión. Llamó por el radio a la compañía y preguntó  – Oiga “Juancho” que tienen hoy en el restaurante del aeropuerto. – Escuché por el radio que alguien respondió  – !Mamona! – Por un momento pensé que alguien se había enojado y había soltado una palabrota… !Mamona!…  Enseguida el capitán con cara de fiesta dijo – !Que berraquera! !Mamona! ! Traigame dos mamonas una para mi y otra para el copiloto.

No me imaginaba la delicia que estaba por probar. Era sobre barriga de ternera a la llanera asada sobre carbón de leña y pasada por la plancha. Trajeron dos pequeñas cajas de cartón con la carne cortada en trocitos acompañada con yuca y plátano. Que festín que nos dimos.

No pude decir lo mismo cuando tuvimos el mismo itinerario con el capitán “mala clase”. Recuerdo que quise llevarme un poco de mamona para mi cena en Bogotá y me dijo,  – !O se la come ya o la bota porque eso mantiene la cabina con olor a comida! – Le expliqué mi situación económica y le pedi que por favor me la dejara llevar. A reagañadientes aceptó. Lo que sea por disfrutar...  !Mamona!

Carne de ternera a la llanera en un asador
de leña de Yopal en Casanare . Mamona! 
La mejor carne de Colombia! 

domingo, 17 de octubre de 2010

VUELO EN PALOS VERDES


Palos Verdes es una ciudad localizada al sur de los Ángeles, California y queda a la orilla del mar. Supe que allí los aeromodelistas aprovechando el arrecife y el viento predominante del pacífico volaban sus planeadores de radio.
A punta de mapa logré llegar allí y para mi sorpresa me recibieron varios planeadores acrobáticos de alta velocidad . Me fascinaba escuchar el silbido que producían al pasar frente a nosotros en una fuerte picada hacia el fondo del acantilado.

Hice amistad con un piloto local y me dejó volar un poco su planeador. Me invitó otro día a volar en otra playa más sencilla un planeador más lento y allí pude retomar experiencia con el vuelo sin motor pues llevaba mucho tiempo sin volar. Recuerdo que no lo pude sostener y tuve que aterrizarlo abajo en la playa.

Desde este entonces siempre quise volar al borde del océano y solo muchos años después lo pude hacer realidad en la Florida. Se me hace muy interesante aprender a volar esos maravillosos planeadores acrobáticos como los de esas épocas en Palos Verdes.


Vista de los acantilados de Palos Verdes al sur de los Angeles.
 El viento predominante pega de frente en estas paredes
 y al subir crea una fuerte sustentación para los planeadores.

Planeador acrobático Spitfire Sloper de un piloto
 de Palos Verdes listo para volar. (Foto rcgroups.com)

Lanzando su planeador en Bluff Cove en Palos Verdes.
 En este sitio se reunen bastantes pilotos a disfrutar de
 sus planeadores hasta que el sol toca el mar! (Foto rcgroups.com)

viernes, 15 de octubre de 2010

LOS PARAMOS DE BOYACA


Era un vuelo mañanero en Aerotaca (1991). Creo que veníamos volando una ruta que nos traía de los llanos orientales de Colombia hacia la zona montañosa de Sogamoso en el departamento de Boyacá.

Era la primera vez que hacia esta ruta y pasaba bastante tiempo observando por mi ventana viendo como iba cambiando el paisaje. El capitán venía contándome de como una tripulación de la compañía se dejó engañar por la niebla, pensaban que ya estaban en la zona de la ciudad y habían empezado el descenso antes de tiempo.

Cuando se dieron cuenta el terreno empezó subir y a subir tan rápido que prácticamente les tocó aterrizar enseguida en medio de la montaña. El avión se partió en varias partes pero casi todos sobrevivieron.

Uno de los pasajeros, un cantante y compositor muy conocido, Alfonso Briceño, salió de entre los escombros corriendo tan asustado que no se dio cuenta y cayó a un barranco. El pobre no sobrevivió la caída. Su muerte causó luto nacional .

Continuábamos nuestro vuelo adentrándonos en las montañas. Empezamos a rodear la parte mas alta de esta zona. Eran los páramos de Boyacá. Son tan altos que solo crece el Frailejón por la falta de oxígeno y las bajas temperaturas.

De pronto apareció una hermosa laguna que reflejaba el cielo azul oscuro. Alrededor de esta laguna las montañas estaban rodeadas de niebla y de pronto pude ver que algunas laderas cambiaban de color. Me llamó la atención y miré con más detenimiento.

Eran zonas de musgo que atrapaban la humedad de la niebla y formaban una especie de colage de muchos colores. !Nunca había visto algo asi! !Que hermoso!

No aguanté y le dije al “escéptico” capitán – !Waoooo, estas montañas tienen un musgo multicolor…que belleza de páramos que tiene Colombia! – Obviamente el capitán se quedó callado extrañado de que alguien dijera algo bueno de Colombia. Y luego me dijo riéndose – !Cuidado porque esa niebla engaña! –


Vista típica de los páramos en Boyacá con la planta Frailejón con sus largas
 hojas velludas que se dan entre los 9000 y 15000 pies de altura.

jueves, 14 de octubre de 2010

REENCUENTRO DE “CAF”


Después de nuestras aventuras de “CAF” (Club de Aeromodelistas Felices) con Edgar y Ernesto,  pasamos de nuestros diez a nuestros veintes y nos dedicamos cada uno a nuestras carreras, novias etc.

Pero más adelante al final de nuestros veintes Edgar me comentó que le había comprado un planeador de radio a un amigo. Yo me sorprendí y me alegré al mismo tiempo. Para aquel entonces yo estaba trabajando en Bogotá antes de venir a la Florida. Edgar no tenía mucha experiencia volando radio y me invitó a que voláramos su planeador en la finca de sus padres al norte de Bogotá.

Para mi sorpresa Edgar invitó a Ernesto. No podía creerlo, los viejos amigos de CAF estábamos reunidos otra vez para volar un aeromodelo. La finca estaba del otro lado de donde soplaba el viento predominante y no sabía como lo íbamos a volar pues en teoría estábamos en un área de mucha turbulencia. Subimos un poco más por la montaña y descubrimos que el viento se enfrentaba suavemente en nuestras caras después de dar una gigante vuelta llamada “rotor”.

Fabuloso!  teníamos un rotor “amigo” y así podríamos volarlo.  Me animé a lanzarlo a la aventura y para nuestra dicha el planeador subió y subió. ¡Teníamos una buena ascendente en esta área!

Dejé que Edgar y Ernesto lo volaran poco a poco y al mismo tiempo me di cuenta que estábamos los tres cumpliendo nuestro sueño de un día volar juntos un avión radio controlado.

Y ese día sellamos con broche de oro nuestra historia de CAF…. “Club de Aeromodelistas Felices”. 

Aquí esta la foto que me mandó Edgar de su planeador que aun conserva como recuerdo de aquellas épocas en el estudio de su casa en Chía. Recuerdo que tuvimos que arreglarle la nariz varias veces mientras Edgar aprendía como aterrizarlo contra el cerro.


Aquí esta Ernesto con un planeador similar al de Edgar cuando estuvo de visita en Los Ángeles .


El pastel para inaugurar el club de aeromodelismo CAF (Club de Aeromodelistas Felices) en los años 70.  De derecha a izquierda Ernesto cargando su perrito, Magda, Edgar, Consuelito y yo. Detrás nuestro pequeño taller en la casa de Ernesto con la estrella de CAF pintada.

(Más sobre la historia de CAF en: http://memoriasdeunpiloto.blogspot.com/2010/03/adios-al-kapitan.html )

miércoles, 13 de octubre de 2010

NO ME CASO


Continuando con el capítulo de Aerotaca, año 1991, para ese entonces veía que mi relación con Lulú iba de mal en peor y aunque teníamos planes de casarnos veía nuestro futuro muy incierto. De todas formas seguía visitándola a su apartamento a sabiendas del peligro que corría de que su ex–esposo nos fuera a matar. Salí a caminar un poco y meditando me dije a mi mismo – No me caso. –

No solo estaba corriendo peligro mi vida sino también nuestro futuro. Entré a su apartamento y de pronto el universo respondió a mis nuevas decisiones. Sonó el teléfono y no podía creer lo que escuchaba… – Capitán Madrigal, soy el secretario de AEROTACA, el capitán Salamanca necesita que usted venga con su hoja de vida y documentos para inscribirlo en el próximo curso de tierra. – Tomé los datos de la cita y cuando colgué empecé a brincar de alegría. Al poco rato llegó Lulú y le compartí la buena noticia. Lo que si no le conté es que había decidido no seguir con ella.

Fui a la compañía y el capitán me dijo que debía esperar una semana para el curso. Le pregunté que si podía venir a estudiar en los aviones que estaban parquedos y me dijo – Más bien vaya y haga simulador. –  Yo erroneamente pensé que el simulador era un pre requisito y que era pagado por la empresa.

 Fui donde un instructor particular que tenía en su casa un par de simuladores y después de dos días de ejercicios me preguntó quien pagaba la cuenta – Aerotaca… –  Le dije.

Preciso una tarde el capitán Salamanca me llamó y me preguntó que porque le había llegado esa cuenta. Le dije, – Capitán… usted me dijo que fuera a hacer simulador. – El con cara de disgusto me dijo que saliera de su oficina.

Cuando salí la secretaria estaba riéndose en tono bajo para que él no la escuchara. –  Ja,ja,ja, le pasaron la cuenta a él, ja,ja,ja. – Ya podía sentir las diferencias que habían con sus subalternos. Se sentía en esta compañía mucho mas fuerte la diferencia de escalafones sociales y casi que de rangos pues supe que este capitán y su padre habían hecho alguna carrera militar.

Empecé mi curso de tierra con otro copiloto que estaba haciendo un repaso anual. Disfruté mucho el volver a abrir los libros del Twin Otter. Me venían recuerdos de ACES a medida que repasábamos los procedimientos.

Después me programaron el día de mi entrenamiento en el avión. El instructor era el capitán Muñoz, hermano del capitán Muñoz que me habia hecho el entrenamiento en ACES en Barranquilla. Que coincidencia!… En cierta forma se repetían algunas cosas.

Llegué aquel dia de madrugada a la rampa de la compañía y pude ver el avión sin pasajeros y al capitán frotándose las manos por el frío. Al acercarme el capitán me dice  – !Bueno , bueno, Madrigal, haga el prevuelo rápido que nos vamos a Girardot! –

Rápidamente preparé el avión y se me hacía increíble mi transición de un pequeño bus en el que llegué al aeropuerto hacia unos minutos y ahora estar sentado en este avión listo para volarlo.

Despegamos y pude disfrutar del hermoso paisaje del amanecer en la sabana de Bogotá. Me sentía extraño, después de todo lo que había pasado en mi vida, estar de nuevo volando.

El capitán por el camino iba simulando perdida de motor cortando la potencia mientras yo simulaba y recitaba de memoria el procedimiento. Luego llegamos a Girardot y practiqué varios despegues y aterrizajes.

De regreso me estuvo hablando de su hermano y de su historia en Aerotaca.
Una vez llegamos a Bogotá fuimos a la oficina del capitán Salamanca y él le preguntó al instructor – Todavía este “man” se acuerda de como volar el Twin? – El instructor le respondió – Ahi se defendió pero tiene todavía muchas mañas de ACES. –

Después me programaron para el primer vuelo con pasajeros. Pensaba que la compañía me iba dar el uniforme azul oscuro que ellos usaban pero el capitán me dice – Hasta que no pase el chequeo de rutas en unos tres meses no le damos uniforme. –

Quedé confundido y no sabía que debía llevar mientras tanto en los vuelos. Le pregunté al secretario y me dijo que usara otro uniforme pero que no le dijera al capitán que él me había dicho eso. Tenía guardado donde mi hermano mi antiguo uniforme de ACES y me dije – ! Pues ya tengo uniforme! – 

En la rampa a cada rato me preguntaban de que aerolínea era pues mi uniforme no era el regular de Aerotaca. Como no tenía alas de la compañía coloqué en mi saco mi licencia de piloto, pero de todas formas en los puntos de seguridad me preguntaban donde trabajaba y me tocaba mostrar una carta temporal de contrato.

Me sentía en un limbo pues, volaba como copiloto pero no era todavía copiloto en la empresa. De todas formas volver a moverme en el medio de la aviación me llenó de mucha alegría.

En esta compañía hacíamos principalmente la ruta Bogotá -Yopal, que es la capital del departamanto Casanare en los llanos orientales de Colombia, Yopal - Arauca, límite con Venezuela, luego Bucaramanga y Málaga en Santander y regreso. Tambien a Sogamoso en Boyacá y a Villavicencio en los llanos.

Habían a veces vuelos charter a otros destinos y empecé asi a vivir de nuevo mis sueños en la aviación llenos de anécdotas y aventuras.


Este es el HK-2759, el mismo avión y en las mismas épocas en el que hice el vuelo de chequeo de esta historia.
(Foto cortesía de Aviacol.net)

martes, 12 de octubre de 2010

EL VUELO DEL AGUILA


Después de aprender a volar la Cessna  Centurión de radio me soñaba con realizar aquel deseo que quedó prometido desde Caracas. Quería tener a como diera lugar mi gran planeador de radio.

Eran mis primeros semestres en la universidad a mis diez y ocho años de edad. Tenía en mi mente diseñar yo mismo un planeador de la categoría de dos metros que significaba dos metros o más de envergadura o medida entre punta a punta del ala.

 Recuerdo que camino a la universidad paré en un estante de venta de libros y descubrí para mi sorpresa un libro de diseño de aeromodelos. Lo compré, lo devoré y saqué las principales fórmulas para su diseño. Usé el mismo radio de la “Cesnita” y basado en el tamaño del receptor electrónico original del Cessna inicié mi gran proyecto en un papel y después llevé los datos a una gran cartulina para así crear el plano de mi planeador que bauticé “Águila –1”. 

Compré el balso en una tienda de arquitectura que me salía más barato y día a día después de mis clases le dedicaba un rato a su construcción. Recuerdo que saqué mucho sobrante de balso y mi mama me regañaba cuando no barría bien.

Por fin después de unos cuatro meses terminé el Águila y estaba ansioso por volarlo.

Coordiné con mi padre para que en una de sus idas a la finca en las afueras de Bogotá me llevara con él y me dejara en algún sitio para volarlo. Bajando por una montaña hacia la finca vi un sitio apropiado y le dije a mi padre que me dejara ahi y luego me recogiera a su regreso.

Ensamblé sus alas al fuselaje y busqué un sitio con poca pendiente para poderlo probar. Estaba bastante nervioso pero dispuesto a iniciar el primer vuelo de mi planeador.

Lo lancé contra el viento, inició suavemente su mágico vuelo...se veia majestuso en el aire.. pero enseguida empezó a virar a la izquierda y aunque llevé el control al máximo hacia la derecha se estrelló contra la montaña.
Se rompió su ala izquierda al estrellarse y descubrí que no tenía suficiente área de control en el timón. Empecé así varios vuelos de aprendizaje y correcciones hasta que un día en la montaña de Chía logré por fin el tan ansiado vuelo de casi una hora de duración. Era un planeador muy rápido y eficiente para la experiencia que yo tenía y fue con más de un estrellón que aprendí a volarlo. Más adelante le coloqué flaps para hacer más lento el aterrizaje.
 
Su vuelo final fue varios años después a finales de los 80 cuando subí a la montaña de Chía a volarlo. Estábamos en el mismo sitio donde se despegaba en cometa (Deltaplano) hacia el lado “contrario”  o sea hacia el valle de Tenjo.

Estaba volando como nunca este hermoso planeador. Estaba muy orgulloso de él y lo disfrutaba al máximo. Dejé que tomara mucha altura y entonces me vi en aprietos para que descendiera.

Como ya había instalado sus flaps los puse al máximo a noventa grados para frenarlo y cometí el error de bajarle la nariz para que así perdiera altura más rápido .

 Empezó a acelerar y exedí su velocidad máxima y la estructura de su ala derecha no resistió y se reventó. Empezó a caer en espiral. A pesar que me invadía la angustia y la tristeza de saber que se iba a destrozar contra el suelo todavía tenía tiempo de hacer algo con el control pues estaba muy alto.

Me di cuenta que estaba virando hacia la derecha pues tenía solo un pequeño pedazo del ala derecha. Reaccioné virando el control totalmente a la izquierda. Increíblemente logré detener la espiral y casi enseguida impactó en un pequeño arado unos quinientos pies más abajo en un pequeño rancho. Pienso que con esta maniobra logré que no se desintegrara. El ala derecha seguía cayendo como una hoja de papel y la perdimos de vista. Bajamos y logré salvar todas las partes excepto el ala derecha que la di por perdida.

Con este planeador logré hacer realidad aquel sueño que había nacido en Caracas.
¡Gracias Águila!


Mi primer gran proyecto a radio control, el Águila.
 Decidí guardar las partes y después de muchos años lo
 armé para esta foto y así mantener su recuerdo en este libro.