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viernes, 8 de octubre de 2010

BUSCANDO NOVIA

CAPITULO VII
AEROTACA (Aero taxi de Casanare)

BUSCANDO NOVIA

A mediados del 91 andaba enamorado de una nueva recepcionista de la bodega de Korean Air. Esta gringuita era más bella que cualquier modelo de revista. Rubia, rostro y cuerpo fino y dos ojazos azules que dejaban boquiabiertos a todo el que se cruzaba por su camino.



Después de lograr salir varias veces con ella pude darme cuenta que era demasiado tosca y ademas muy inmadura.

Un dia en su casa, cuando la visitaba, de pronto vi subiendo por la pared una diminuta cucaracha y ella apresuradamente la aplastó con su dedo pulgar diciendo – !Odio las cucarachas! ...En que íbamos?...

– Ya con esto la gringuita había perdido todos los puntos y sentía que esta mujer estaba a años luz de ser aquella dulce y delicada mujer con la que un latino como yo soñaba compartir su vida.

Salí de su apartamento antes de la madrugada y decidí caminar por casi una hora y media hasta mi apartamento para asi reflexionar y “matar” mi frustración. Decidí aquella mañana no pensar más en gringuitas bonitas y más bien buscar a alguien en mi tierrita… Colombia.

Guillermo, el amigo de vuelo en cometa que vivía ahora en Los Angeles me comentó que su prima andaba soltera en Bogotá y me dio su teléfono. La llamé y rápido entramos en el juego del amor llamada tras llamada. Me invitó a que fuera a su apartamento en Bogotá para que nos conociéramos. Estaba dichoso y hasta me dejé la barba para complacerla.

Saqué dinero de uno de mis suelditos de “bodeguero”, compré mi tiquete aéreo y pedí licencia de dos semanas para viajar a Bogotá.

Que delicia, por fin visitar Colombia después de casi dos largos años. Tomé el vuelo y disfruté cada segundo en el avión y sobre todo el aterrizaje en el aeropuerto El Dorado.

Alli estaba “Lulu” mi nueva “traga” esperándome en el aeropuerto. Como buenos enamorados nos fuimos a calmar fiebre a su cama y pronto estábamos saliendo a cuanto sitio nos daba el chance para darle fuego a nuestra pasión.

Todo fue bello hasta que se acabaron las dos semanas y tenía que viajar de regreso. Fue conmigo al aeropuerto y nos despedimos con la promesa de volvernos a ver tal vez con algún proceso de inmigración para que ella pudiese ir a los EU.

!Sorpresa! Los de emigración me detuvieron pues tenía pagos pendientes en Colombia. La maleta se fue sola a Los Ángeles y yo me tuve que quedar. Regresé feliz con Lulu hasta que un día nuestro castillo se desplomó. Descubrí que ella era separada y su celoso esposo la estaba amenazando de echarla del apartamento si no seguía con él.

Un día de paseo con ella en el parque de Sopo al norte de Bogotá presentía que algo estaba pasando y que por lo mismo era mi día de “extrema” buena suerte. No sabía lo que era pero pronto me enteraría que mi ángel de la guarda estaba arreglando algunas cosas.

Cuando llegamos a su apartamento, había un fuerte olor a licor, las paredes estaban rayadas, manchadas, casi todas las porcelanas, cuadros y adornos rotos. La cocina completamente desordenada y toda nuestra ropa en el piso. Enseguida ella furiosa llamó al portero y le preguntó que había pasado. – Señora, vino su esposo por la tarde y dijo que los iba a esperar y que cuando llegaran los iba a matar. Lo alcancé a ver con una pistola esperando sentado por horas bebiendo ron. Yo rogaba para que ustedes se demoraran…menos mal llegaron tarde. –

Ahora comprendía porque había sido mi día de buena suerte. Ese día me salvé de morir bajo los balazos de un celoso. Sabía que iba a perder mi trabajo de Los Ángeles pues me iba a demorar un buen rato en volver y sabía que mi relación con Lulu en cualquier momento se iba a “estrellar”.

Me acordé de las palabras de apoyo de mi compañero Jorge Cipagauta cuando me echaron de ACES ... – "Carlos, aplique en AEROTACA que allá lo reciben de una”.– No tenía mejores opciones y fue asi como empezó otro gran capítulo de mi vida lleno de increibles aventuras.


jueves, 7 de octubre de 2010

DESCUBRIENDO EN CARACAS


Fue en Caracas, Venezuela,  precisamente donde tuve mi primer encuentro con los planeadores de radio control a mis trece años cuando visitábamos un primo mayor también llamado Carlos Madrigal.

Le comenté que me gustaba el aeromodelismo y enseguida el recordó que uno de los que trabajaba con él en su oficina era aficionado al aeromodelismo también. Lo llamó y le pidió el favor que me llevara con él para volar su modelo. Yo no sabía de qué modelo se trataba hasta que cuando el amigo vino a recogerme pude ver un bello planeador de color rojo en el asiento de atrás.

Me sentía totalmente emocionado de encontrarme con el club de vuelo de planeadores de radio de Caracas. Lo que vi cuando llegamos al sitio de vuelo a las afueras de Caracas era perfecto. La vista a un inmenso y hermoso valle y varios planeadores volando sobre nosotros. – ¡Que belleza de planeadores! – me dije.

Luego llegó un padre con su hijo a curiosear y me causó mucha gracia cuando el niño le dijo al papa, – ¡Papá, papá, mira, tronco de zamuro! – Zamuro es como en Venezuela les dicen a los “chulos” o “gallinazos” que son las aves negras de carroña. El papa se sonrió y le dijo que esos no eran zamuros sino planeadores de radio.

Recuerdo que el estar allí de espectador y verlos volar sin poder hacer nada me hacía sentir un poco mal y en una oportunidad nuestro amigo me preguntó que me pasaba. Le dije que sentía una especie de nostalgia…pero ahora se que era una nostalgia muy especial…nostalgia del futuro, pues lo que en realidad añoraba era que llegara el momento de yo mismo llegar a ser piloto de planeador de radio.

Recuerdo todavía una escena de aquel día que se volvió con el tiempo un sueño que siempre quise realizar. Llegó uno de los pilotos aproximadamente en sus cincuenta con un planeador enorme y súper bello. Ensambló sus alas y antes de ni siquiera sacar la antena del radio lo lanzó con sus dos manos hacia el valle. Tanta confianza y experiencia tenía que se dio tiempo para colocar su silla, sentarse cómodamente, sacar su bebida y luego sacar la antena del radio mientras el planeador tomaba altura lenta y majestuosamente. Enseguida con suavidad inició el viraje para mantenerlo en la banda de sostenimiento.

Esto se quedó en mi mente y se volvió una imagen de gran motivación en los años venideros. Fue mi encuentro definitivo con esta, mi otra gran pasión en el vuelo deportivo.

!Gracias primo Carlos!¡Gracias Caracas!

Grupo de pilotos disfrutando de un dia de vuelo en Venezuela (Foto de Planeadores RC Venezuela). 

miércoles, 6 de octubre de 2010

PERSONAJES DE KOREAN AIR


Para cerrar el capítulo de Los Angeles traje unas fotos que mantenía en mi baul de recuerdos de algunos de mis compañeros de trabajo en la bodega de carga de Korean Air en el aeropuerto internacional LAX (Los Angeles).


Aqui esta Sarah la "gorda loca" de la historia anterior de "Sobrecargados".  Tenía sangre alemana mezclada con indio americano Sioux... con razón!! Fue mi mejor amiga en el trabajo. Nos divertíamos mucho siempre burlándonos de los supervisores coreanos. Cuando nadie estaba viendo hacíamos carreras con los montacargas. Aunque un poco tosca para mi gusto me divertia mucho con ella y asi fue que la invite a ese vuelo...que no se como despegó!!



Aqui esta el novio de Sarah!! Un compañero mejicano de apellido Campos.  Cuando lo molestaban por andar con Sarah el decía  - !Esa pinche gorda esta fea... pero me gusta! -  je,je,je.



... Y Sarah le decía a Campos  - !Oye vato!... !I know I'm loca and fea but you like me baby!!



Aqui esta a la izquierda mi amigo Rex, de Belize en centro américa. Yo estoy sentado en el montacarga. Atrás se puede ver la zona de las pistas de LAX,  aeropuerto internacional de Los Angeles.  Rex hablaba un inglés parecido al británico. El fue nuestro otro pasajero en el vuelo que hicimos en la C-172 sobre Los Angeles. Y como ven es acuerpado y sumado al peso de Sarah se volvió un vuelo de pesos pesados!! Hicimos una buena amistad y recuerdo que me hablaba mucho de Belize, ese maravilloso paraiso centroamericano y lo mucho que le hacía falta su tierra natal .


Unos meses después decidí tomar vacaciones en Colombia pero el destino me deparaba una y un mil sorpresas y por lo mismo no pude regresar a Los Angeles. Con esto termina este capítulo que estuvo lleno de muchas enseñanzas y bellas experiencias.

Gracias Los Angeles!! Gracias Korean!! Y gracias vatos!!.... no maaanches carnal!!...que estuvo a todo daar!!

martes, 5 de octubre de 2010

DIECIOCHO SPINS


Era uno de los vuelos de mi planeador de radio “Guácharo” (el de mi historia “El día que me atacó un halcón ”) a inicio de los 80 en vuelo mantenido sin motor en la montaña de Chía al norte de Bogotá.

Ya tenía bastante experiencia volándolo y estaba listo para divertirme con algo de acrobacia.  Se me vino a la mente hacer un “spin” o vuelta en caída en espiral.  Tenía la teoría pero nunca lo había llevado a la práctica. Como había buen viento era fácil recuperar altura.

Me preparé y cuando estaba un poco más alto decidí hacer unos tres spins para probar. Me entraron los nervios de que algo saliera mal y reventara las alas del Guácharo por exceso de sustentación al nivelarlo. Le induje una pérdida y le puse todo el control hacia abajo y hacia un lado. Esto automáticamente lo puso en un rápido spin y del susto coloqué los controles en neutro y lo nivelé.

Lo hice varias veces hasta lograr cinco spins. Decidí subir hasta donde más pudiera para así batir mi propio record. Inicié la maniobra y puse especial atención en contar los spins a medida que caía.  Parecía un avión abatido en la guerra cayendo en espiral hacia un trágico final. Cuando ya mi estómago no pudo más al ver el avión tan cerca de la montaña decidí nivelarlo rápidamente …. ¡Dieciocho spins!

Dibujo de mi historia "El dia que me atacó un halcón" volando el Guácharo.

lunes, 4 de octubre de 2010

ARGENTINO BORICUA


Por allá en el 89 me encontré en una de mis clases de simulador del college en Long Beach , al sur de Los Angeles, con un divertido piloto, mitad argentino y mitad portorriqueño. Su nombre, Carlos Courtois, con quien hicimos una excelente amistad.

Teníamos muchos gustos en común. Nos gustaba la música, el aeromodelismo, hablar “paja” y por supuesto nuestra fiebre por la aviación. Con él aprendí el término "jamberger" (hamburguesa). Para ese entonces él estaba de chofer de limosina en Los Ángeles. Nunca me imaginaba que en un futuro yo iba a hacer también lo mismo en Miami.

El había sido copiloto en Puerto Rico con American Eagle volando los ATR pero se retiró pues se sintió engañado con su ascenso a capitán. Ahora quería sacar su título de college para aplicar en otras aerolíneas. Tenía sus cosas de argentino pero de pronto se le salían las “portorradas”.

Carlos Courtois a la derecha cuando volaba con
American Eagle en Puerto Rico.


Un día de entrenamiento en el college nos rotamos un simulador y cuando por fin logró una aproximación estable colocando las dos agujas del instrumento completamente centradas decía, – Lo estoy logrando...centré el ILS... me vengo!… !Me vengoooo!..Ja,ja,ja!–  Me hacía reir mucho.

Asistí a varias clases de música con él y a una presentación en el auditorio del college donde cantó en un coro. Estuvo estupendo. Aprendí mucho de él sobre el proceso de selección en las aerolíneas norteamericanas y en Puerto Rico.

Un día en una de las clases de aviación del college el instructor lo pasó al frente para que hablara sobre los detalles para una entrevista de selección de pilotos y el ambiente que vivió cuando estuvo con American Eagle. Todos los gringuitos se quedaron bien calladitos escuchándolo y después lo atacaron a preguntas.

Buenos recuerdos con buenas amistades.
Carlitos… !Blue skies!

Carlos Courtois a la izquierda y yo con barba a la derecha, je,je.
 Esta foto fue justo en el aeropuerto de Los Angeles
 despidiendonos cuando yo viajaba a Colombia.

domingo, 3 de octubre de 2010

EL VUELO DEL ARAMIS

MOMENTOS EN EL AEROMODELISMO

EL VUELO DEL ARAMIS

Eran esas épocas en los setenta cuando comencé la búsqueda de mi primer “kit” de aeromodelismo que me permitiera aprender esos secretos que hasta ahora estaban escondidos para mí.
Recuerdo que ahorré un dinerito lavando los carros de mis papas y de algunos amigos de ellos.

Fui al almacén “Los tres elefantes” y allí encontré la respuesta. Se trataba de una pequeña caja que contenía tres aeromodelos. Eran los famosos “tres mosqueteros” donde el primer modelo, el “Athos”, era un planeador bastante básico hecho solo con láminas de balso. El “Porthos” era más avanzado y tenía hélice propulsada por una banda de goma. El “Aramis” ya tenía estructura completa en su fuselaje, en las alas y también traía hélice. El gran vuelo del Aramis y también el último fue en la base de la montaña de Chía que por la “fiebre” que teníamos de ver a los cometistas decidimos volarlo allá.

Con Edgar y Ernesto, el grupo de “CAF” (Club de Aeromodelistas Felices), lográbamos vuelos cada vez más rectos y nivelados haciendo pequeñas correcciones. Sabíamos que el siguiente vuelo iba a ser muy bueno.

Enrollamos el motor de goma al máximo, lo soltamos, se escuchó el zumbido de la hélice y su potencia lo aceleró y elevó bastante. Se elevó con orgullo y se enfiló hacia el centro del pequeño valle entre la montaña y la colina donde se encuentra la Iglesia de la Valvanera. Dejó de girar su hélice y empezó un largo planeo. Gritábamos, – ¡Que vuelazo! Waooo!–

Se salió de nuestro rango calculado y se enfiló hacia un gran árbol de eucalipto donde desapareció de nuestra vista. Nunca pudimos bajarlo y decidimos despedirnos de nuestro avioncito Aramis para siempre y agradecerle lo aprendido.



¡Gracias Athos, Porthos y Aramis!..."Todos para uno y uno para todos!"


viernes, 1 de octubre de 2010

SOBRECARGADOS


En las clases del college en Long Beach (1990) conocí a un piloto llamado Manuel.
Era un muchacho mejicano de Guadalajara. Estaba estudiando también aviación y se me hizo muy interesante su historia pues al igual que yo trabajaba fuerte para ayudarse.

 Trabajaba un poco mas al norte del aeropuerto internacional de Los Ángeles como jefe de personal en un lava carros. Recuerdo que varias veces fuimos a “hacer carros” a clientes en sus casas. Lo lavábamos y luego le hacíamos el “detalle”.

Detrás de su gruesas gafas se escondía un buen “gomoso” de la aviación y así yo disfrutaba tener un amigo con quien compartir todo lo que sabíamos sobre aviones. El ya tenía su licencia de piloto privado y un buen día después de haber programado varias veces volar juntos por fin me invitó a rentar un avión Cessna 172 en la escuela de un aeropuerto local al norte de Los Ángeles.

Me dijo que si quería invitara a un par de amigos de mi trabajo. Invité a Sarah, una gringuita un poco pesadita… en cuanto a peso y en cuanto a personalidad también, je,je. Invité también a Rex, mi buen amigo de Belize en centro américa, un moreno alto y acuerpado de acento medio británico con quien la llevábamos muy bien en nuestro trabajo en Korean.

Manuel nos recogió en la bodega de Korean. Estaban contentos de que los había invitado aunque Sarah estaba un poco nerviosa y por el camino me decía, – Carlos… es en serio que nos vamos a montar a un avión?… Usted y su amigo saben volarlo? Con Manuel apenas nos reíamos. – Esta pinche gorda esta asustada y se nos va a tirar del avión hueyyy!–  decía Manuel.

Llegamos al aeropuerto y nos veían extraño pues estábamos todavía con el uniforme medio sucio de agentes de carga. Nos mirábamos entre nosotros y nos reíamos. Manuel me dijo que tenía que sacar un poco de gasolina para equilibrar el peso con los dos pasajeros. El error que cometimos fue que no pensábamos que ellos pesaban más de lo que calculamos. Los subimos al avión, hicimos el recorrido alrededor del avión revisando todo.

Me gustaba ver a Manuel dominando ya las diferentes fases antes del vuelo. – !Buena esa Manuel! Ya veo que estas dominando! - Le decia. –
Iniciamos el motor, pedimos autorización y nos dieron una pista diferente a la que pensábamos íbamos a utilizar. – Cambiaron la pista por el viento. – me dijo Manuel. El viento estaba cambiando pero todavía estaba variable y esto nos iba a dar tremenda desagradable sorpresa.

Llegamos a la cabecera, nos autorizaron a despegar y Manuel colocó toda la potencia. Sarah atrás alcanzó a gritar diciendo, – Oh mi Dios!…Si era en serio que íbamos a volar! – y Rex le dijo, – Sarah…callate. –
Y les dije, – !Ahora si vamos a volar amigos! – Llegamos a la velocidad de despegue, Manuel haló ligeramente la cabrilla para despegar, el avión subió la nariz...pero vaya sorpresa… !No despegaba! Las ruedas del tren principal seguían bien tranquilas rodando sobre el pavimento. Enseguida Manuel volteó su cara hacia mi y me dijo – Carlos…no despega. – Yo con una expresión de mucha tranquilidad le dije – Tranquilo, déjelo correr más que el despega. –

No me daba cuenta del super error que estaba cometiendo. Manuel bajó la nariz, lo dejó correr un poco más y parece que nuestros dos ángeles de la guarda combinados hicieron que nuestro viento variable se pusiera ligeramente a nuestro favor.
Manuel haló de nuevo la cabrilla y esta vez despegamos suavemente. Sonó la alarma de perdida, y Manuel reaccionó bajando la nariz. El avión se fue recuperando y fuimos subiendo lentamente. – Creo que vamos como pesados. – Me dijo.

A Partir de ese momento empecé a darme cuenta de lo cerca que estuvimos de un posible accidente durante el despegue.
Pedimos autorización para volar sobre el centro de Los Ángeles y a medida que se desvanecía la luz del día las luces de la ciudad cobraban vida y se abría ante nosotros la espectacular vista nocturna de miles de luces de la gran ciudad.

No olvido que volamos alrededor de un edificio que tenía luces de neón azules en su parte superior. Simplemente bello.
Sarah dijo, – Waooo, nunca me imaginé que iba a pasar volando sobre el “down town”… Que lindo. – Rex se mantenía callado concentrado mirando hacia las calles de la ciudad. Manuel anunció – Bueno, ahora vamos a pasar sobre el aeropuerto internacional para continuar hacia al área de Long Beach que les tengo una sorpresa–. Yo le pregunté – Pero tiene que pedir autorización? – Y me dijo – Solo tengo que llamar que voy a pasar por el corredor visual hacia al sur y eso es todo. –

Viramos y pasamos sobre LAX (Los Ángeles international airport). Fue todo un espectáculo sentirnos sobre aquellos inmensos aviones y esas largas pistas de este aeropuerto. Enseguida Sarah emocionada sacudiendo el asiento de Manuel gritó – !Ya vi la bodega de Korean donde trabajamos! – , – !Esta pinche gorda esta loca! – decia Manuel.

 Bajó un poco el ala derecha y asi pudimos ver mejor la bodega y la rampa con uno de los Jumbos parqueado. Se veía mucho mas grande de lo que me imaginaba. Continuamos volando hacia el sureste y después de unos minutos Manuel me dice señalando al frente – Adivine que es eso al frente. – Miré hacia adelante y le dije, – Waooo, ese es el famoso barco de pasajeros!…Como es que se llama! – Y me dice – El Queen Mary. –Se veía imponente y parecía como una joya con todas sus luces prendidas. Era el famoso transatlántico retirado que descansaba ahora en el puerto de Long Beach como un museo, hotel y restaurante.

Bajamos un poco y dimos un círculo alrededor del barco. Sarah decia – !No tenía ni idea que este pendejo barco estaba aqui ! – Y Manuel me decía en español riéndose – La pinche gorda no sabe ni donde vive. –

Nos regresamos, pasamos de nuevo por el corredor visual sobre el aeropuerto internacional y continuamos hacia el noroeste. Me dejó volarlo de regreso pero le dije que no le iba a quitar el deleite del aterrizaje. Ya aproximando al aeropuerto Manuel tomó el mando, preparó el avión, bajó los flaps y con mucha suavidad tocamos pista en medio de una tranquila noche.

Del aeropuerto Manuel nos llevó a la bodega pues alli teníamos nuestros carros. No nos aguantamos y fuimos los cuatro donde el supervisor del turno de la noche que estaba en la recepción para contarle nuestra aventura. Coincidencialmente era Dick quien era otro gomoso de la aviación.
Sarah le dice – Hey Dick, no nos vas a creer, hace una hora pasamos justo encima de esta bodega en un pequeño avión. – Y Dick nos dice – Si les creo, por la cara de contentos que traen.!–

Rex se despidió y pensé que Sarah y Manuel se iban a ir pero Sarah todavía como iniciada nos dijo – Hey “vatos” vamos a mi apartamento y nos tomamos unas “chelas” para celebrar el vuelo. – Contentos aceptamos y nos fuimos en los tres carros a su apartamento. Al calor de las cervezas recordamos cada parte del vuelo y Manuel me decía en español a carcajadas – !Te dije que esta gorda estaba loca! – Y enseguida Sarah le respondió en inglés – Hey vato, mi novio es mejicano y yo entiendo algo de español…te entendi, gorda y también loca! – Y nos atacamos de la risa.

Como es costumbre con estos gringuitos, Sahara nos invitó a fumar un poco de marihuana pero yo le dije que no le jalaba al vicio y decidí dejarlos a los dos que siguieran la fiesta de "mota" y "chelas".

Ese dia fue el “desquite” de muchos dias de espera por algo de acción en los aires.

Gracias Manuel por ese vuelo y donde quiera que estes…!A lo mejor comandante en Aero Mexico! Que la vida te llene de bendiciones!

Centro de Los Angeles