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martes, 15 de junio de 2010

LA VIRGEN DE BOJACA


Bojacá es una pequeña vereda en el departamento de Boyacá (está tambien otro pueblo Bojacá en Cundinamarca) a unas cuatro horas en bus al norte de Bogotá. Cony me había contado sobre los milagros de la virgen de este pueblito. Me contaba que a varios amigos se les habían cumplido sus peticiones y que sabía de personas a las que se le habían curado graves enfermedades con solo ir a visitarla. Como yo soy muy creyente de la virgen le dije que me gustaría ir a visitarla para pedirle que me ayudara a entrar a AVIANCA. Ella muy contenta accedió y nos madrugamos en nuestro día libre para coger una bus hacia el famoso pueblito de Bojacá.

Recuerdo que llegamos a Tunja, la capital de este departamento y de allí tuvimos que coger otro bus para Bojacá. Una vez llegamos nos dimos cuenta que no éramos los únicos que nos dirigíamos a visitar esta virgen. Llegamos al pueblito y en la parte alta pudimos ver una pequeña iglesia rodeada de sembrados, ovejas y otros animales. ¡Parecía un pesebre!
Fuimos primero a un sitio que dicen fue donde se le apareció la virgen a un humilde niño enfermo y lo curó milagrosamente. Hicimos una pequeña oración con Cony y luego nos dirigimos hacia el altar donde estaba la imagen de la virgen. Era sencilla y muy bonita. Nos arrodillamos y aproveché para pedirle con mucho fervor que me ayudara en mi proceso para entrar al curso de copilotos en AVIANCA.

Por un momento pensé que era muy egoísta solo pedir por mí y también pedí por el bienestar de Cony y de su hijo Miguel quien se había quedado ese día con unos tíos. Aprovechamos y comimos algunas de las delicias del pueblo que llaman “fritanga”. Tomamos el bus de regreso a Bogotá y disfrutamos por el camino uno de los paisajes mas espectaculares que yo recuerde de las sabanas de Boyacá y Cundinamarca. Llegamos a Bogotá cansados pero contentos por tan bella aventura.


Vista similar en otro pueblo.

lunes, 14 de junio de 2010

LAS FOTOS DE RICARDO ESCOBAR

Ricardo es un “Cyber amigo” que descubrí por Internet cuando mandé un mensaje al club de aeromodelismo de Manizales en Colombia (año 2005). Me ha contado de su club que se llama “Los Loros” porque ¡hablan mucho y vuelan poco!

Es con quien más he mantenido contacto de su club. Aquí están varias fotos que gentilmente me ha enviado de esos hermosos planeadores que gozan sobre las majestuosas montañas del centro de Colombia.


Esta increíble foto en la que dos planeadores colisionan entre si pero que afortunadamente no ocasionó daño a ninguno de los dos y después de caer “como borrachos abrazados” por un rato siguieron volando seguido por las risas de sus pilotos. Logré luego mi sueño de volar allá con ellos en Manizales rodeado de tan bellas montañas.


Germán es el presidente del club de Manizales preparándose para un día de vuelo.


Andrés, integrante del club, concentrado volando y el niño parece ¡que esta listo para despegar!


Este modelo es un planeador tipo “ala delta” llamado “Zaggy” también del club de Manizales.

Gracias Ricardo por estas fotos y por mantenerme conectado con ese paisaje tan bello de la tierra manizalita. !Que viva el club los Loros! ....bueno...ahora, menos chachara y a volar,  je, je.

domingo, 13 de junio de 2010

BILLARES VICTORIA


Estaba recién casado con Cony (año 1987) y aprendía día a día sobre el nuevo mundo del matrimonio, de la convivencia y de la lucha diaria por conseguir lo necesario para subsistir. Ya mis padres me limitaban mucho la ayuda económica y el haber acabado de estudiar representaba ya una nueva fase en la que tenía que conseguir cualquier trabajo para llevar comida a la casa y pagar el arriendo.

El barrio en el que vivíamos era de bajo estrato social y afortunadamente esto nos hacia mas barato el vivir ahí.

El padre del vecino era dueño de uno de los famosos billares de la avenida Caracas, la principal avenida en Bogotá. Se llamaban Billares Victoria.

Le pregunté que si me podía dar trabajo y afortunadamente conseguí que me diera la posición de ayudante en sus billares.

Hablé con el capitán Chagui y conseguí que me prestara los grandes y pesados manuales del jet. Decían en la portada “Boeing B–727 Systems Manual” y de solo tenerlos en la mano me causaba una emoción especial.

Un día coincidencialmente me encontré con mi amigo piloto, Manolo Gutierrez, en el bus de regreso de una de mis idas a las oficinas de Avianca y me decía que no me creía que estaba llevando en serio esos manuales. No me creía que estaba ya empezando a estudiar.

Le expliqué que los estaba estudiando para adelantarme en caso de que lograra entrar al curso. Pensaba que solo los cargaba para aparentar. En efecto había decidido empezar a estudiar los sistemas del avión sin ni siquiera haber entrado al curso.

Tenía la intuición de que si llegaba a entrar y no estaba preparado podía perder fácilmente el curso. Me dijo que de verdad estaba muy optimista si pensaba que iba a lograr que me llamaran. Pero yo seguía en mi empeño.

Una noche trabajando en los billares decidí ponerme a estudiar los manuales pues tenía bastante tiempo libre. Me senté en el bar y después de servirle un trago a un cliente que jugaba billar, abrí uno de los manuales y empecé a estudiar.

No había notado que el cliente se me había quedado al frente observándome y ya con sus tragos encima me dice con voz de borracho – Oiga joven.... usted parece un seminarista estudiando la biblia, je,je –

Nos reímos y me quedé pensando que en realidad cual cura aprendiz estaba entrando a la fase de fuerte estudio y olvidarme de los placeres mundanos por un tiempo si de verdad quería aprenderme ese avión.

Terminaba de trabajar como a las dos de la mañana y tenía que tomar un bus que pasaba como a las cinco de la mañana para poder llegar a nuestro apartamento pues estaba un poco retirado hacia el norte.

Entre las tres y las cinco íbamos con el supervisor a tomarnos una cerveza y a charlar para matar el tiempo. Estuve como un mes en este trabajo donde me sentía como “seminarista” que se había escapado a la vida nocturna de los billares de Bogotá.


sábado, 12 de junio de 2010

LA HISTORIA DE VICKY


Maria Victoria Melo es una gran amiga de Edgar Hazbón y practicaba el deporte del parapente en Bogotá. Vive ahora en el sur de la Florida y hemos compartido muchas historias. Hace poco estuvo volando en los Paramotores que son parapentes con motor con un amigo piloto de Colombia. Pudo asi recordar sobre la playa de Pompano Beach volando con su amigo sus epocas de vuelo en Colombia.
Aqui esta su historia llena de mucho sentimiento.

“Amigos más allá de las estrellas”
(En memoria a mi gran amigo Jorge Hernando Vidales Díaz)

Hace unos años atrás cuando vivía en Colombia, disfrutaba del deporte del parapentismo en la zona de vuelo de Guasca al norte de Bogotá y tuve la oportunidad de compartir amables ratos de esparcimiento con mis amigos del aire. Entre ellos conocí una gran persona que marcaría mi vida por siempre con el cual en muy corto tiempo habíamos entablado una hermosa y gran amistad. Esta persona era nada menos que Jorge Hernando Vidales Díaz, conocido por todos como NANO.

Benevolente pero irreverente al mismo tiempo, amigo sin restricciones y ser humano en toda la extensión de la palabra. Cada vuelo lo disfrutaba y lo vivía a plenitud desde su despegue hasta su llegada, al finalizar cada jornada de vuelo llegaba donde estábamos sus amigos con un inusual brillo en sus ojos de color indefinido que cambiaba según su estado de ánimo y una sonrisa en su boca con la cual describía su experiencia como solo el lo sabía hacer.

Cerraba sus hermosos ojos, abría sus brazos, en los cuales lloré muchas veces, e inhalando aire muy profundamente se daba a su tarea de narrar su experiencia acabada de vivir. Cuando empezaba era tan gráfico, tan puntual y preciso que nos dejábamos transportar por su bella y emocionante narración de su “plegada”, su “stall”, como manejaba la presión de su vela o como le mandaba el acelerador a fondo en condiciones fuertes.

Esto lo transmitía con tanta energía que la misma le generaba un halo a su alrededor que las personas que gracias a Dios lo conocíamos bien de cerca, podíamos percibir y analizar su felicidad, su orgullo, sus sentimientos, tanto así que llegaba al punto que erizaba nuestra piel.

Sus características como persona serán inolvidables entre la comunidad parapentista Siempre en cada lugar, situación, deporte, etc. hay una persona que se destaca por algo, llegando a conocerse como el “personaje” de la misma.

Nanito fue eso, el personaje de nuestra comunidad en todos los aspectos y lo recordaremos así por siempre. Siempre habrá un mínimo rincón donde estará presente nuestro amigo, una situación, una palabra, un vuelo, en fin lo que sea.

Siempre diremos eso de Nano, falta Nano con su poesía, en fin...... siempre será NANO....... solo eso. No hay palabras en este mundo para describirlo con precisión por que nos quedaríamos cortos, indiscutiblemente podría escribir un extenso e interesante libro de mi gran amigo NANITO o mejor aún KILOVATIO, que era su apodo o “nickname” pues un buen día accidentalmente se dio el lujo de dejar a Melgar (un pueblito del Tolima en Colombia) sin luz al llevarse por delante un tendido eléctrico de alta tensión. Pero el destino es solo eso, el destino… y ya sabremos que nos tiene deparado.
Esa vez mi amigo ha salido ileso, pues era una persona muy fuerte tanto física como espiritualmente.

Pero llegó aquel sábado 10 de septiembre del 2005 y nuevamente aparece el indiscreto destino. Esta vez a jugarnos su peor carta. Y describen los pilotos que compartían ese día con él, que el cielo de la sabana de Bogotá estaba de un azul intenso, que el viento estaba bastante fuerte, “rafagudo”, los novatos les tocó quedarse en tierra y los experimentados empezaban a salir tímidamente en la medida en que las condiciones lo iban permitiendo y entre ellos… mi amigo Nano.

Salió con un buen levantamiento y control. Un despegue sencillo trepándose inmediatamente, iniciando así, el que sería su último vuelo, un vuelo hacia la libertad de su espíritu, en el cual dejaría atrás todas las ataduras que nos unen a esta tierra para que así mismo le diese rienda suelta a su inquieto espíritu iniciando así su interminable vuelo por la eternidad y en cada una de las estrellas plasmaría uno de sus acostumbrados y bellos poemas.


A la izquierda Nano, empacando su parapente en Sopó, acompañado de Raymer Ramirez, piloto Venezolano.

Nano volando en su parapente rojo en el sitio “El Paraíso” con la laguna de Tominé y el pueblo de Guatavita al fondo a la derecha.

Amaba el vuelo y el aire y ellos me lo arrebataron intempestivamente cuando yo menos lo esperaba y sin permitirme compartir por más tiempo nuestra bella amistad.

¿Qué sucedió? Ya lo sabremos con precisión. Se ha llevado consigo su apreciación acerca de lo sucedido en ese trágico día. Ni siquiera los pilotos presentes se lo pueden explicar. Nano tenía muchas pero muchas horas de vuelo y era uno de los más frecuentes en el voladero.

Este fatídico día se encontraba haciendo su aproximación para hacer top landing (aterrizaje en el sitio de despegue) como en veces anteriores. Hizo algunos intentos casi tocando piso pero no lo lograba pues el viento estaba muy fuerte. El había aterrizado muchas veces ya en situaciones similares sin novedad alguna, pero esta vez lo sorprende una inusual y mortal ráfaga que lo ha catapultado hacia atrás de la montaña donde se colapsó su inmenso parapente. Entró en una caída en espiral golpeándose al fondo de un cañón de tal manera que quedó muy mal herido.

Esto según versiones de los presentes. Yo en la distancia solo puedo decir que desde ese momento mi gran e inolvidable amigo empezó a despegar hacia la eternidad a volar sin ataduras, sin normas, solo con su radiante energía y su bello espíritu.
Si… mi amigo se me ha ido y me entristeció aún el no poder acompañarlo en sus exequias al estar yo tan lejos.

NANITO amigo mío ¿Dónde te encuentras? ¿Cómo es el infinito? ¿Es el universo infinita belleza? Ahora tienes mucho material para tus poesías. Poesías que yo disfrutaba plenamente y en este momento lamento no tener la facilidad que tú tenías para escribir esos bellos pasajes, porque, ¿sabes algo? te mereces un hermoso poema al estilo de los renombrados poetas, pero no puedo, me falta esa sensibilidad poética, esa esencia y ese don tan especial que tu tenías para esto, pero esto no quiere decir que pasarás sin pena ni gloria.

Gracias a Dios y a mi amigo Carlos tuve esta oportunidad de relatar mis vivencias en mi deporte del aire, y obviamente mis mejores vivencias fueron a tu lado.
Jamás olvidaré tu inconfundible vozarrón que se escuchaba desde lejos con el cual siempre que me veías lo elevabas aún y abriendo tus brazos, como si fueses a volar, gritabas, “¡Vickysiiiiin, vieja linda!” y acto seguido me apretabas con un enorme, efusivo y fuerte abrazo “rompe huesos”.

Si… ese era tu saludo, el cual quedará guardado por siempre en la parte más segura de mi corazón conjuntamente con los recuerdos de todas las vivencias que compartimos juntos incluyendo las acostumbradas discusiones y diferencias de opiniones que tuvimos alguna vez, pero quien te conoció sabe que las mismas formaban parte de tu arrolladora personalidad por que indudablemente querías tener siempre la razón en todo, pero ese eras tu mi GRAN E INOLVIDABLE AMIGO.

Mi corazón te tendrá por siempre en el lugar más fértil donde día a día regaré y abonaré esas inolvidables y hermosas vivencias, con cada uno de los recuerdos y episodios de nuestros vuelos y diario vivir. Ese jardín estará florecido por siempre y jamás perecerá.
NANITO, como yo te llamaba, le pido a Dios que te tenga en su infinita gloria y espero con resignación y ansiedad el momento que la vida nos de la oportunidad de surcar juntos el infinito más allá de las estrellas........

NANITO… TU AMIGA VICKY....................... AMIGOS POR SIEMPRE......................

Maria Victoria Melo Rueda

Vicky en el area de despegue de “El Paraíso” al oriente de Bogotá.

viernes, 11 de junio de 2010

SEGUNDO INTENTO EN AVIANCA


Supe por mi padre que el actual presidente de Avianca para ese entonces (1987) había sido anteriormente su jefe en la empresa ECOPETROL. – ¡Waoooo! ¡Era demasiada coincidencia! Era como si por fin hubiese encontrado el camino que había estado buscando.

Enseguida preparé una nueva hoja de vida y aleccioné a mi padre para que buscara a como diera lugar una entrevista con él y así pudiera entrar mi hoja de vida. ¡El presidente de Avianca! ¡Quien mejor que el mismo presidente para que me ayude a entrar!

Tenía todas mis esperanzas en esa entrevista y una gran emoción y expectativa de que tenía bastantes posibilidades de lograr clasificar para un curso. Mi padre logró la entrevista con su antiguo jefe y me dijo que pudo hablar con él pero le dijo que aunque él era el presidente tenía poco “peso” entre el cerrado círculo de los pilotos. Le decía que los pilotos eran los niños consentidos de la empresa y “mangoneaban” mucho a cada rato con sus exigencias.

Esperé como una semana y me di cuenta que no habíamos logrado nada con nuestro “presidente”. Sentía como si me hubiese estrellado con una inmensa muralla. No sabía cual pudiese ser la siguiente estrategia pero me sentía encausado y motivado a continuar con la lucha.

Supe durante mis anteriores periodos de simulador que el encargado en hacer las entrevistas y reclutar a los nuevos pilotos era un tal capitán Ramelli. El había sido capitán en SAM y proveniente de la fuerza aérea.

Se me ocurrió cambiar de estrategia e ir directamente sin palanca alguna a tocar su puerta aunque pensaba que estaba ante un muro aun más alto. Pero sucedieron cosas de las cuales ahora me sorprendo que fueron cambiando mis circunstancias.

Llegué a su oficina vestido de civil con saco y corbata y me encontré con su secretaria quien para mi sorpresa me recibió de una forma muy agradable. Me preguntó que si traía ya mi examen de inglés. Ella creía que yo era ya un candidato que estaba en una fase avanzada y había ido allí para entregarle el resultado de mi examen de inglés.

Mi mente rápido se agarró de esta nueva oportunidad y le dije que necesitaba una autorización del capitán Ramelli para poder tomar el examen.

Mientras esperaba pude escuchar como otro candidato hablaba con el capitán y le decía que le dejara tomar otro examen pues no lo había pasado. La secretaria me miró y me dijo, – ¡Si ve! Ese muchacho no pasó el examen de Inglés y por eso no lo ha puesto en el curso. –

Luego el capitán Ramelli le dijo a la secretaria que todavía no tenía mi hoja de vida y que no me podía autorizar a ningún examen. Pensé en que debía insistir por este lado a ver si lograba algo y decidí seguir visitando su oficina para tratar de hablar con él. Esto es lo que otros pilotos llamaban “gastar tapete” en alguna oficina de la compañía.

Ya había ido unas cinco veces y gracias a que le había caído bien a la secretaria conseguí hablar por primera vez con el capitán. Me preguntó si ya había entrado mi hoja de vida y le dije que ya lo había hecho con el capitán Gracia y que le pedía que me autorizara a tomar el examen de inglés.

Me dijo que él no podía hacerlo hasta que mi hoja de vida no estuviera aceptada.
Fui como dos veces más a su oficina insistiendo en su autorización hasta que un día, al parecer ya cansado y para “deshacerse” de mí, me autorizó a hacer el examen pero que eso no garantizaba nada. Yo salí súper feliz de ahí agradeciéndole también a mi dulce secretaria quien fue parte de este intrincado milagro.

Por lógica no tenía sentido que me aventurara a un segundo paso con este examen si ni siquiera mi hoja de vida había sido recibida. Pero mi angelito guiaba mi intuición para que siguiera ese camino.

Fui al centro Colombo Americano y con los poquitos pesos que tenía contraté un profesor por una tarde para que me preparara para el examen. Este era el mismo examen TOEFL que había tomado años atrás en Denver.

Presenté luego el examen y lo pasé sin problema con un buen puntaje. Llevé el resultado muy contento a la oficina del capitán Ramelli y su secretaria me recibió felicitándome por haber pasado el examen diciéndome que había problemas con los nuevos pilotos por este examen.

Ella se lo llevó al capitán y cuando me hizo pasar me repitió que hasta que no tuviese mi hoja de vida no podía hacer nada. Yo le agradecí por la oportunidad de haberme dejado tomar el examen y pude ver por primera vez de reojo la lista de los candidatos con tachones y anotaciones.
Estaba tan cerca ... pero tan lejos. Esa era la famosa lista donde muchos pilotos soñábamos estar.

Llegué esa noche a nuestro pequeño apartamento al norte de Bogotá a darle la noticia a Conny quien se puso muy contenta y salimos a celebrar con unas cervezas. Aunque no había logrado entrar mi hoja de vida sentía que había terminado un movimiento en este juego de ajedrez con mi destino.


jueves, 10 de junio de 2010

LA HISTORIA DE MI ESPOSA


Luz Dary Jiménez, mi esposa (2010), siempre siguió de cerca las historias de este libro, corrigiéndomelas y haciendo observaciones para mejorar el estilo y la composición. Pero ahora le toca el turno a ella con su propia historia y la que hasta ahora ha sido su única experiencia en el vuelo deportivo…

“Temores al viento”

Será solo una entrevista más de las que hago con frecuencia para el diario Occidente de Cali, mi editor me ha encomendado hacer un reportaje sobre un deporte extremo, mi esposo que los practica ya tiene el candidato perfecto.

Guillermo Londoño me espera en Key Biscayne, el sitio donde él vuela el ultraliviano. Su padre, pilar fundamental en su carrera, amigo incondicional de su hijo y cómplice del aire lo acompaña siempre que puede, un paisa de pura cepa que no deja de sorprenderme con esa infinita capacidad de amar a sus hijos y que destila por todos los poros.

Guillermo un chico joven guapo y tímido hace uso de su humildad característica para enseñarme el ultraliviano y decirme como funciona antes de contarme su historia en este deporte. La mejor forma que tengo para describir un ultraliviano es que es un avión pequeño sin carrocería, o una clase de cometa donde uno se puede sentar, mientras lo observo por todos los lados no deja de sorprenderme el valor que se requiere para volar un aparato de esos mientras todo nuestro cuerpo esta expuesto a la misericordia de la naturaleza.

Un escalofrío me estremece de solo pensar en montarme en uno de estos, menos mal que mi profesión no me exige vivir las mismas experiencias de mis entrevistados, respiro aliviada de solo saber que me basta con escuchar a Guillermo, grabar la conversación, verlo despegar, hacerle algunas fotos y regresar a mi casa y dejar que lo único que vuele, para escribir este reportaje, sea mi imaginación.

Guillermo me describe todas las peripecias para obtener su licencia de piloto en Estados Unidos, me cuenta de experiencias anteriores en Cartagena, y me deslumbra con la precisión con que describe el apoyo y la calidez de su hogar, el mismo que como tantos en nuestro país se vio obligado a ser dividido en aras de la seguridad de sus miembros.

Guillermo concluye sus relatos y yo apago la grabadora para tomar las fotos y observar gracias a unos binoculares como es un vuelo en ultraliviano, necesito esta información en mi memoria para poder darle vida a mi reportaje.

Pero mi esposo me habla con una convicción absoluta de que el reportaje no será el mismo sin mí en ese vuelo, Guillermo lo apoya, y en ese punto todo parece un complot en mi contra.

Toda la tranquilidad que había conservado hasta ese momento se disipa para ser ocupada por una preocupación inmensa, yo se que ambos tienen razón, pero yo no tengo valor, ni tengo tripas para subir a un aparato que ni siquiera tiene carrocería que me cubra.

Además si a eso le sumamos que hay que sobrevolar solo sobre el mar y yo no se nadar. ¡No existe la mínima posibilidad de que yo me suba en ese aparato!

!Me monté por fin!
Tengo el abrigo puesto y un pie en el ultraliviano gracias a la innata capacidad de conquista de mi esposo, no estoy muy convencida aun pero por un momento canjeo mis temores por unos audífonos con micrófono que me permiten hablar con Guillermo en vuelo, ¡El irá en la silla de atrás! ¡La de atrás! Ni siquiera al lado, lo cual quiere decir que yo iré adelante, ¡Dios mío adelante!

Debo estar loca para estar haciendo esto, o quizá ya es mi hora y a esa cita uno nunca falta y por eso estoy aquí montada en un extraño aparato que en tierra no me simpatiza y que seguro que en el aire me simpatizará menos.

Nos deslizamos por el agua y todo luce tan inofensivo, parecemos en un bote con alas deslizándonos por el mar dando vueltas en perfecta exhibición, de repente acelera y despega con la elegancia típica de toda ave que desnuda su cuerpo al desplegar sus alas.

Pienso que voy a caerme en algún momento, seguramente cuando haga un giro o cuando tenga que doblar un poco, un vacío intenso se posesiona de mi plexo solar y pienso que no lo soportaré.

El panorama allá abajo me captura, las playas del sur de la Florida tendidas a mis pies son mucho más de lo que me hubiera permitido soñar, vamos a poca altura y no quiero saber cuanta es exactamente, los bañistas nos saludan con sus manos, pero yo no me atrevo a mover las mías porque temo alterar el rumbo del ultraliviano y perdernos en un cielo que aun no conquistamos.

Ganamos más altura y el temor se disipa en la medida en que me doy cuenta que nada nos derriba en lo que llevamos volando, una sensación de poderosa libertad se apodera de mi, tengo la sensación de estar volando sobre un tapete volador.

La magia del atardecer, la belleza de los mares, y el desfile geográfico desde Fisher Island hasta Miami Beach a mis pies conquistan mis temores y los lanzan al viento, entonces me fusiono con el momento presente, y le entrego todo a mis sentidos, todo temor a morir desparece porque hasta la muerte es bella a quinientos pies de altura.

Guillermo me cuenta por el intercomunicador historias de su pasado inmediato, no hay dramas de por medio, no hay malas noticias al respecto, volar en ultraliviano a estas alturas luce como un lujo exquisito al que yo quería renunciar hace apenas unos minutos, ni siquiera pregunto por el tiempo que llevamos volando y por el tiempo que falta, se que hay un tiempo limite en que el combustible se agota pero eso ya no me preocupa.

Este lujo posiblemente no me lo vuelva a dar en mucho tiempo, así que me entrego a disfrutar de lo que mi esposo tanto goza, del aire y su infinita libertad, de lo que se respira allá arriba que es indudablemente distinto a lo que uno disfruta abajo, uno puede comprender la fascinación tan sobrenatural que sienten los amigos de los deportes del aire cuando uno esta allí, en el único sitio donde todos los problemas y preocupaciones mundanos no consiguen alcanzarnos.

Luz Dary Jiménez Monsalve.


Con Guillermo después de aterrizar.

miércoles, 9 de junio de 2010

PRIMERA ECHADA


Noviembre de 1986. Después de haber logrado entrar a las oficinas de Avianca para aplicar pensé en tratar de asistir a alguna clase de simulador básico para asi reforzar mis chances de entrar. Pensaba que si me veían observando sus clases pensarían que estaba bastante interesado y eso me podría ayudar.

Varios meses antes había venido a visitar los simuladores básicos para tomar una clase que Aeroclub nos consiguió como parte del entrenamiento.

Volví a mi anterior “treta” de ponerme mi uniforme para que no tuviese problema para entrar. Me dirigí hacia donde yo recordaba estaban estos simuladores. Entré y nadie me detuvo.

Era un cuarto grande donde había unos tres simuladores “Dehmel” y un hermoso y gigantesco CPT o simulador de procedimientos. Los Dehmel eran prácticamente la mitad del panel de instrumentos del jet 727 y el CPT estaba armado dentro de la nariz de un 727 que salió de servicio.


Aquí estoy en el CPT (Cockpit Procedures Trainer) del 727 de Avianca donde
estudiábamos para prepararnos para el “verdadero” simulador.

Me acerqué a uno de los simuladores donde estaba un copiloto entrenando y le dije que si podía observar y ayudarle con la lista de chequeo. Me dijo – ¡Claro! Estoy estudiando pues pronto me mandan al simulador en Denver. –

Me preguntó que donde trabajaba y le dije que estaba esperando mí licencia y que volaba de vez en cuando de copiloto. Me dijo, – Usted es como yo, estamos aquí porque de verdad nos corre la aviación por nuestra sangre. – Me sentí aliviado de sentir que un copiloto me hablara de forma tan amigable y eso me calmó el susto que tenía de estar en terreno “prohibido”.

Poco a poco fui cogiendo confianza y empecé a ir otros días también a asistir a algún copiloto que estuviese estudiando. Un día uno de los copilotos me presentó con uno de los instructores y le explicó que yo estaba observando y que estaba interesado en entrar a Avianca.

Este instructor era un capitán retirado ya en sus sesenta nacido en Barranquilla con un claro humor costeño. Era el capitán Mejía instructor de simuladores Dehmel. Me dijo, – ¡Ahjaaa! Veamos que es lo que este “mago” sabe, súbete a este simulador y te pongo un ejercicio. – ¡No podía creerlo! Le había caído bien y me estaba invitando a volar el simulador. Sin vacilar me senté y seguí sus instrucciones para iniciar una aproximación al aeropuerto de Opalocka en la Florida.

Después de varias aproximaciones me puso un ejercicio de entrada a un patrón de espera. – ¡Ahjaaa y ahora como le vas a entrar! – Le respondí – hee, en paralelo–, y me dijo – ¡Uhh, uhh! – Me di cuenta que yo estaba confundido y le dije –Ah no, la entrada es en directo. –, Y me respondió en voz alta, – ¡Mandaaaaa huevoo!... ¡Ehecheee no jooodaaa, te queda solo una respuesta! –, Y no pude contener la risa. Me sentía tan dichoso de estar recibiendo este regalo de este capitán y de mi angelito. Me sentía en medio de un milagro. Pero este no duro mucho.

Al siguiente día fui y me acomodé al lado de un copiloto para estudiar cuando el jefe de la escuela de vuelo, el famoso ingeniero de vuelo retirado León Vieira, me hizo señas con el dedo de que me acercara . Fui a su lado y me dijo – Mire señor, ¿Si ve ese letrero en la entrada del salón? “Se prohíbe la entrada a particulares”. – Traté de defenderme y con un nudo en la garganta del susto le dije algo que inventé en ese momento – Mire lo que sucede es que estoy ya en proceso para entrar a Avianca y me dijeron que podía venir a estudiar en los simuladores”. – Y me respondió, – Hasta que no este en curso no puede entrar, así que... ¿Si ve la puerta por donde entró? Por esa misma se va. – Y con el estómago en la boca salí sintiéndome bastante frustrado pero dentro de mi se estaba ya armando la siguiente estrategia para continuar con la lucha. Era una batalla que estaba hasta ahora comenzando y estaba determinado a seguir luchando.