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lunes, 25 de abril de 2011

VOLANDO AVION LIGERO (2a parte)

De repente Robert, a último momento, haló fuertemente la cabrilla para subir la nariz de este avión ligero al mismo tiempo que me miraba de reojo para notar mi reacción. Nos miramos y nos reimos. Él no sabía sobre mis andanzas en parapente y lo costumbrado que tengo el estómago a esta esa clase de vacíos.
Después de otro sobrevuelo por el hotel, tomamos rumbo hacia Pereira. Íbamos conversando tranquilamente, disfrutando del verde y fértil paisaje del departamento del Quindío. Cruzamos por encima de La Tebaida y Montenegro, cerca al Parque Nacional del Café.

Vista desde el avión del Parque del Café.

Al lado izquierdo vimos un municipio llamado Quimbaya, famoso por las fiestas del alumbrado en el día de la Virgen María el 8 de diciembre, logrando el Record Guinness a la mayor cantidad de faroles encendidos. Más adelante teníamos a Armenia a la derecha y detrás de ella Calarcá y su mariposario. Unos minutos más tarde encontramos a Salento y el Valle del Cocora sobre la misma cordillera, para luego, al lado de Robert, tener a Circasia, tradicional por las almojábanas, algo así como un esponjoso pan de queso. Siguió Filandia, un típico pueblito cafetero al final del departamento de Quindío.

El vuelo continuó sobre praderas, bosques, cultivos y pequeñas colinas, hasta tener a la vista a Pereira. Robert hizo el patrón de aproximación y aterrizamos. Mientras carreteábamos recuerdo haber visto en la plataforma un hermoso A320 de Avianca. – ¡Es mi avión favorito!- Le comenté emocionada a mi ‘capitán’, mientras él me sonreía. Llegamos a la zona de tanqueo y había también estacionado un Beechcraft 90... ¡Se veía espectacular, imponente, elegante, sofisticado! Me sentía idiotizada por tener esta clase de aeronaves al lado mío que no es frecuente verlas en Armenia.
Robert se bajó del pequeño Magic y ni modos ... yo también tendría que hacerlo pues por regulaciones no podían tanquear el avión conmigo adentro. ¡Me moría de la vergüenza! Nos informaron que tardaría un poco el procedimiento, por lo que a Robert se le ocurrió la ‘genial’ idea de ir al edificio a tomarnos algo. Caminamos unos 150 ardientes metros hasta poder librarme del asfalto caliente y entramos a los locales comerciales. De nuevo me sentí centro de atención, no es frecuente ver a alguien con atuendo de piscina en este aeropuerto. En el primer local que encontramos Robert pidió una combinación muy típica Colombiana – Me da un tinto (café oscuro) y un cigarrillo, por favor- Yo pedí un jugo de mora y asi descansamos un poco.


Nuestro avioncito en la rampa. Al fondo un ultraliviano "trike".

Llegó la hora de regresar y nos devolvimos por las mismas escaleras por las que entramos al aeropuerto pero un guardia de seguridad bastante antipático nos detuvo. Era una zona restringida y no se permitía la circulación de particulares. Le explicamos que por allí habíamos ingresado pero no aprobó la salida, ni siquiera viendo mi “descalza” situación. La única opción era salir del edificio del aeropuerto, caminar por la avenida y entrar por el edificio de aviación privada. Definitivamente era el dia de castigo para mis pobres piesitos.

!Asi me sentía yo!


Después de unos infernales minutos de caminata descalza llegamos al otro edificio por donde nos dejaron entrar. El avión estaba listo. Subí al avión y por fin descansaron mis pies del piso caliente. Nos alistamos para despegar. Ésta vez me acomodé mejor en el avión, ya sentía más confianza en mi atuendo y pude sentarme con los pies cruzados, como un ‘Buda’. Siempre he pensado que es una posición muy cómoda. Audífonos, cinturones y puertas cerradas. Me encantaba escuchar la forma de comunicarse de Robert con la torre de control. Después de estar un rato en espera llevamos el avioncito rojo por las calles de rodaje hacia la cabecera de la pista.De regreso tomamos la misma ruta por la que veníamos con una leve diferencia: Robert me prometió que sería especial para mí. Apenas estabilizó el vuelo, me explicó sus planes. ¡Dejaría que yo tomara los controles! Era la primera vez que sería consciente de lo que haría. Cuando estaba pequeña, de unos 8 o 9 años ya lo había hecho, pero para mí había sido como estar en un video juego. Además en esa ocasión tenía a mi papá al lado. Miré a Robert con ojos de incredulidad pero de emoción al mismo tiempo. Sé que para muchos que lean esto es algo trivial, rutinario, cotidiano. Pero en lo que a mí respecta alimentó inmensamente mi sueño de ser piloto.
Después de una sencilla explicación tomé firmemente los controles y pude sentir los efectos de mis movimientos en el avión. Un gesto de mi ‘capitán’ me dio la aprobación para hacer un viraje leve hacia la derecha, lo que nos hizo desviarnos del rumbo inicial. Luego a la izquierda. Y otra vez a la derecha. No podía creer que yo estaba dirigiendo el avión hacia donde yo quisiera. Robert me señaló el altímetro para estar pendiente de la altura. Antes de esto sentía frio por la poca ropa que tenía, pero la adrenalina me invadía y el frio desapareció. De tantas vueltas perdí el sentido de orientación y ya no sabía hacia donde estaba Armenia. Intenté ubicarme con la ayuda de la cordillera pero mi mente estaba a mil por hora y me atolondré. – Bueno, se te acabó el jueguito. – Dijo mi capitán.
Volvimos a la seriedad del vuelo pero en mi cabeza seguían rondando esos minutos en los controles en que me sentí la mujer más realizada del planeta. Se me olvidaron las ampollas en los pies y los colores que se me subieron a la cara haciendo el papel de reina perdida desfilando con gafas oscuras en dia nublado. Olvidé también , las ganas de esconderme y la mirada de sorpresa de tanta gente que de seguro pensaban ‘!Esta niña está loca! Se le perdió la playa?’
De repente Robert soltó una gran carcajada y yo no entendía que pasaba. Me dijo – Manu... es que me acordé de un chiste...!Ya sé! ¡Contemos chistes de aviación! – Yo me reí porque no me sabía ninguno pero él si tenía en su mente un buen repertorio de chistes que nos hicieron, literalmente, llorar de la risa. Se burló de todos, de los pilotos, las azafatas, los instructores de vuelo, los pasajeros y el personal de tierra. !Barrimos y trapeamos con todos! Es agradable saber que estamos rodeados de personas con buen humor, que sin ánimo de ofender a nadie, se aprovechan de los estereotipos y hace de ellos un momento para disfrutar.
Pasamos de largo por Armenia y era hora de aproximar en El Edén.


Aproximando a la pista de El Eden... miren el paisaje!

 Dejamos los chistes, nos pusimos serios y Robert fue llevando habilmente este pequeño avión hacia la pista de aterrizaje. Con mucha suavidad lo posó sobre el pavimento... un aterrizaje ‘mantequilludito’ como dice mi papá cuando aterriza suavemente sus aeromodelos. Llevamos el avión al mismo lugar de donde partimos. Descendimos y caminé rápido para no calentarme los pies. Cuando llegamos al terminal de pasajeros,  los mismos policías que nos habían requisado nos miraron con la misma cara de sorpresa que tenían cuando nos vieron salir. Ya no me importaba estar en vestido de baño y esta vez crucé la sala de pasajeros como si fuera la sala de mi casa sin importarme que pensaban de mi. Tomamos luego un taxi que nos llevó hasta el hotel. Agradecí a Robert esta bella experiencia con una de mis mejores sonrisas y lo que hacía solo unos momentos me había permitido hacer... ¡Volar un avión! Es algo que aún me marca y recuerdo bastante. Me senté en la piscina, pedí una limonada, y al recordar todo ese hermoso paisaje pensé en voz alta – ¡QUE HERMOSO ES SOBREVOLAR MI PAIS!... ¡QUE VIVA COLOMBIA CARAJO!-

Manuela Jaramillo

Panel del Magic GS 700 (Foto Airliners.Net)

El avioncito de Robert en Airliners.Net!!




lunes, 14 de febrero de 2011

VOLANDO EN UN STEARMAN

Manuela Jaramillo es una cyber amiga muy gomosa de la aviación tanto comercial como deportiva. Ya nos compartió una de sus bellas historias cuando hizo su primer salto en paracaidas: http://memoriasdeunpiloto.blogspot.com/2010/07/la-historia-de-manuela-jaramillo.html  Esta historia no solo es emocionante sino tambien muy graciosa.  Aqui nos trae otra de sus grandes aventuras, disfrutenla.

VOLANDO EN UN STEARMAN

En Junio 30 del 2007 en el aeropuerto El Edén de Armenia, Quindío, Colombia se organizó el Festival Aéreo Internacional de Armenia. Tengo la gran fortuna de ser hija de alguien influyente en la organización, por lo que para cualquier cosa solo bastaba con decir “Papá, yo quiero…” porque lo más malo de la rosca, es no estar en ella.

De repente sentí aterrizar un hermoso avión. Uno que alguna vez, cuando era muy niña, conocí estacionado en el Aeroclub del Pacífico y posteriormente en el desaparecido (lástima!) Museo del Transporte, en Cali. Era un hermoso Stearman PT-17, fabricado en 1939 por la compañía Boeing.
Supe que para mi familia es un avión sentimentalmente importante. Cuando estaba en el vientre de mi madre, ella se tomó una fotografía sentada en la llanta de aquel avión. Luego, en el Museo, tuve mi foto sentada en la misma llanta del mismo avión. ¡Ahora quería volar en él!


Stearman PT-17

Busqué a mi padre y le di tiempo para que hiciera sus gestiones (¡No saben cuánto me encanta tener un papá así!). Minutos después llegó con un tipo alto, canoso, imponente. Era el capitán Gerhard Thyben, un personaje influyente y representativo de la aviación colombiana. Alemán, paracaidista, destacado hombre de negocios, piloto de la Segunda Guerra Mundial, llegó a Colombia hace bastantes años y desde entonces ha volado acá.

Hablamos sobre el vuelo, acordamos detalles y mientras tanto me contó un poco de la historia del avión. El Stearman es un biplano de entrenamiento biplaza, de los cuales en el país solo quedan cuatro! Y tendría la fortuna de volar en uno de ellos!

Nos acercamos al avión. Thyben me entregó las gafas y el gorro que hacían que el pasajero se sintiera como volando en la guerra. Me sentía ridícula con eso puesto, pero puede ver la emoción en la cara del público al carretear cerca a ellos con semejante ambientación. Sentada en el puesto trasero pude ver las “varillas” de trasmisión del avión y su movimiento cuando el avión cambiaba de dirección.




Llegamos al final de la pista y giramos para enfrentarla. Thyben le puso potencia al motor y empezamos a rodar. Por ser el avión descabinado, sentía el viento en mi cara. De repente se elevó suavemente y pude notar la diferencia de velocidades.

Volaba mucho más lento que los otros aviones en los que había estado! Al finalizar el paso por la pista, giramos a la derecha y sobrevolamos el municipio de La Tebaida, pude ver la carretera que conduce al Aeropuerto. Al no tener un vidrio que me separara del paisaje, pude detallar muy bien los cultivos, haciendas y demás cosas que habían debajo de nosotros.

Minutos más tarde nos alejamos del aeropuerto. Sentí un ruido que antes no estaba. Miré hacia la derecha y entendí lo que estaba pasando. Se acercaba otro Stearman, el de la FAC, y un DHC-2 Beaver!!! ¡¡¡Sería un vuelo en formación!!!


Volando en formación el Beaver y más allá el Stearman de la FAC (Fuerza aéerea Colombiana)

La emoción me invadió de inmediato. Los aviones se aproximaron y nos alineamos con la pista para hacer un rasante frente al público. Sentía la vibración del avión, me concentré en el viento, la gente mirando y aplaudiendo, los aviones a mi lado, el sonido del motor, y las correcciones a la dirección que hacía Thyben. Fue realmente espectacular!

Después de dar un par de vueltitas más, procedimos a aterrizar, tocando suavemente la pista. Parqueamos y bajamos del avión. Le entregué a mi capitán el gorro y las gafas, le agradecí la experiencia, lo abracé y le regalé una de mis mejores sonrisas. Estaba feliz! Caminé por la plataforma hacia el público donde me esperaban mis amigos y seguimos disfrutando del Festival, sin dejar atrás la sensación de un lento, majestuoso e inolvidable vuelo.

Manu Jaramillo


Después de mucho buscar esncontré esta valiosa foto de mi mami Miriam
 que tomó mi padre Germán creo en agosto del 89.
 Ella esta sentada en el tren del mismo avión Stearman
 de esta historia y adivinen donde estoy yo...
!En el vientre de mi mami! !Yo nací ese año!
 Por eso esta foto es tan especial para mi al igual que este avión.



sábado, 6 de noviembre de 2010

EL CAÑON DEL CHICAMOCHA


Recuerdo que este día veníamos volando con el capitán Muñoz (Avión Twin Otter, Aerotaca,1992) desde Bucaramanga a Sogamoso en el departamento de Boyacá volando en sentido sur para continuar luego hacia Bogotá.

Nunca había hecho esta ruta y estaba ansioso por ver más de cerca el famoso cañón del rio Chicamocha.

Este cañón es una versión pequeña del gran cañón del rio Colorado en los EU. Tiene partes del paisaje que son similares.

Tomamos altura y el capitán me dijo que llevara el avión hasta Sogamoso para que él se pudiera echar su acostumbrada “siestica”. Pronto quedó profundamente dormido.

Adelante de mi empezaba la función de la naturaleza a mostrarme sus primeras imágenes. No podía creer como el rio había socavado durante millones de años tan espectaculares paredes y precipicios.

Este era el sitio donde siempre había querido volar en cometa pero no habia tenido la oportunidad. Ahora estaba adentrándome en este espectacular paisaje cumpliendo mi sueño pero a diferencia de una silenciosa cometa estaba siendo arruyado por el suave y adormecedor zumbido de este turbohélice. Sentía que mi ángel me estaba dando este día el mejor de los regalos!

Tenía ahora la oportunidad de poder disfrutar en balcón de lujo desde la cabina de un avión todo el cañón hasta la zona de sus inicios cerca de Sogamoso. Pensé que sería más espectacular si bajábamos un poco y estuviéramos en el centro del cañón para poder ver más de cerca esas bellas terrazas de diferentes colores.

La ruta nos iba a llevar por un lado y no quería perder la oportunidad. Miré a mi izquierda y vi al capitán roncando placidamente. Miré atrás a la sección de pasajeros y los pocos que habían estaban bajo la influencia de la falta de oxígeno a estas alturas y ya estaban todos dormidos. !Yo era el único despierto!

No pude evitar la tentación y lentamente sin que se sintiera disminuí la potencia para bajar y viré hacia el centro del cañón. Cuando llegué a la altura donde comenzaban las paredes empecé a gozar realmente la belleza del paisaje.

Al ver que todos seguían dormidos no me pude contener y bajé un poco más hasta que quedamos rodeados de precipicios a lado y lado. !Que belleza!… Me sentía viviendo algo surreal. Era estar solo en un avión en medio de la filmación de una de esas fabulosas aventuras del Discovery Channel!.

Hice pequeños virajes para ver mejor los detalles de los ríos que parecían culebras reptando por un gran desierto. A medida que avanzaba el cañón se iba haciendo mas estrecho y el rió más pequeño.

La grandeza del paisaje me hacía sentir como un diminuto pez navegando lentamente por el fondo de un acuario con paredes de roca hecho por el todo poderoso para su propio placer.

Poco a poco el paisaje empezó a tomar altura y debido a esto perdíamos altura con respecto al terreno. Suavemente empecé a colocar potencia rogando para que el capitán no se despertara. Miré a mi lado y podía escuchar todavía sus ronquidos.

El paisaje lentamente se fue tornando más y más verde a medida que subíamos hacia las montañas de Boyacá.

De pronto el capitán se despertó, miró los instrumentos y me dijo – Bueno, “loquito” siga así y me despierta cuando lleguemos. – , – Si capitán, no se preocupe –  Le respondí y acto seguido se volteó hacia la ventana para seguir durmiendo.

Miré al frente y solté un suspiro de alivio al mismo tiempo que se me dibujaba una gran sonrisa por tan tremendo espectáculo que me regaló la naturaleza.

Me llevé de regalo uno de los vuelos que siempre había querido hacer. !Gracias Diosito!



Desde el rio se puede observar sus inmensas paredes.



Parapentista volando sobre el cañón.

lunes, 26 de julio de 2010

LA HISTORIA DE MANUELA JARAMILLO (6a parte)


Continuación...

Ya con el paracaidas abierto vi como Milton organizaba el ‘slider’, un sistema que retarda la apertura del paracaídas. Me acomodé en mi arnés y dejé en las nubes todo el miedo que llevaba en el avión.

Inmediatamente noté la gran velocidad a la que volábamos, comparada con la normal en un parapente. Ya sentía el calor de la superficie del suelo. Detallé la gente, las carreteras y los demás paracaidistas que ‘flotaban’abajo nuestro. El paisaje se me hacía muy conocido, pues anteriormente había volado en parapente en esa zona.

De repente Milton pronunció algo que me sorprendió. – ¿Quieres volar? – me dijo. Yo me reí y le respondí – ¡Ya estoy volando, de hecho! – Lógicamente yo entendí lo que me quiso decir, y después de suspirar y dudarlo unos segundos accedí. Me acomodé, tomé los mandos con firmeza y quise hacer un giro. Aun teníamos una altura considerable. Halé un poco el mando, y para sorpresa mía, ¡Hicimos un círculo cerrado!
Estaba acostumbrada a los mandos del parapente que son mucho menos sensibles que éstos. De ahí en adelante le ‘cogí más el tiro’ a las cosas.

 Nos acercábamos al suelo y dejé que mi piloto hiciera su labor. Hicimos unos giros muy cerrados, iniciamos la aproximación mientras observaba como los demás recogían sus equipos en la isla de la plataforma. Milton me dio la indicación para tomar posición de aterrizaje, debía llevar mis rodillas al pecho.

En la mañana había visto a otros pasajeros hacer esto desde el suelo, y no pude evitar reírme pues en realidad se ve muy chistoso!. Pensé en sugerirle un aterrizaje como lo hacen los pasajeros de parapentes, pero no era indicado en este mi primer vuelo. Nos acercamos al suelo y solo tuve que juntar mis talones y flexionar un poco las rodillas para amortiguar el impacto, que gracias a la pericia de mi piloto fue realmente suave.


Aterrizando en la isla de la plataforma del Aeropuerto
 
Después de eso, pensé que nada mejor o más emocionante podría pasar. El público aplaudía mientras vi como de él salía mi hermanita menor, corriendo, atravesándose por el medio de la pista seguramente sin ni siquiera mirar. Llegó corriendo con mucho impulso, y del abrazo que me dio casi me tumba. En ese momento los demás miembros del equipo de paracaidismo ya habían recogido en ‘repollo’ sus equipos y se acercaron donde estábamos nosotros.

Todos me saludaron preguntando cómo me había sentido. Se reunieron alrededor mío, me encerraron en un círculo y de nuevo yo no sabía lo que estaba pasando. Se tomaron de las manos y cuando menos pensé, al unísono se escuchó un grito que exclamaba – Manu, ¡Bienvenida al cielo! – Y todos aplaudieron. Sentí muchas, muchas ganas de llorar. La emoción me invadió y no tuve mas remedio que agradecer y abrazar a mucha gente, que hasta ese momento eran desconocidos pero de ahí en adelante, aparte de marcar mi vida, muchos fueron muy buenos amigos.

Era la hora de despejar la pista pues el show del Festival Aéreo debía continuar. Caminamos por la plataforma y yo aun no aterrizaba, no era consciente de lo que acababa de suceder.

Milton, a la izquierda, con el equipo. En el centro, yo, con cara de pastel. Y a la derecha Natalia, mi hermana, que corrió a recibirme.
 
A medida que me acercaba a la gente podía notar la diferencia en los gestos que me hacían antes de despegar. Ahora me sonreían. Me encontré con aquel militar que estaba en la sala de juntas reunido con mi padre. Me dio un fuerte y efusivo abrazo que realmente no me esperaba. Al fondo vi a mis amigos y a mi primo. Santi corrió y me abrazó también.

Caminé hacia una mesa donde estaba mi madre, dándome la espalda. Milton me dijo que me acompañaba para mostrarle que yo estaba bien, y más o menos la mitad del grupo se vino detrás de nosotros. Mi padre nos interrumpió, me saludó, me regaló una gran sonrisa y les agradeció a todos por la experiencia.

Me explicó que no podía quedarse pues tenía cosas que hacer… ahí supuse que debía enfrentar a mi mamá yo sola, pensé que estaba con el genio alborotado pues había usado la ‘fuerza bruta’ y algo de ‘presión sicológica’ para hacerla firmar los papeles. Por mi mente pasó un “Ahh pues que se ponga brava todo lo que quiera, igual ya salté, de acá en adelante la que pierde es ella. Para pelear se necesitan dos y yo no seré la segunda”. Hoy en día lo admito, fui algo grosera…

Llegamos a la mesa, le hablé a mi mamá y no me respondió. Milton y los demás quisieron ser prudentes y retirarse. Yo les hice gestos invitándolos a quedarse, ¡Al fin y al cabo ellos fueron los que hicieron presión usando sus propios métodos!

Dí la vuelta a la mesa y noté con asombro que mi madre estaba llorando. Quise levantarle la mirada y se negó a hacerlo. Le dije – Mami, ¿Qué te pasa? Mira que ya salté, ya aterricé y estoy bien, ¡Estoy feliz! – Después de un estresante silencio ella volteó la mirada sin dejar que yo la viera y aqui vino la gran sorpresa. Miró a Milton y le dijo – Milton, yo quiero saltar, ¿Cierto que ya no es posible? ¿Cierto que éste era el último vuelo? Después de ver a Manuela aterrizar bien, yo quiero hacerlo! – Luego mirándome se acercó y me abrazó. No podía creerlo, mi madre se quedó con el antojo que yo si logré calmar.

Dedicado a mis padres y mi hermana, por estar siempre incentivándome las ganas de tener los pies lejos del suelo. A mi tía Lela y mi hermanito Andrés, quienes nos recibirán allá, cuando sobrepasemos los límites de la capacidad humana y anhelemos estar sobre las nubes.
Gracias!!

Manuela Jaramillo


Con mi mami en el evento del 2009 en Armenia.

LINK DE MI SEGUNDO SALTO! Feb 2016:
https://www.youtube.com/watch?v=GhoNkd6ar_4


viernes, 16 de julio de 2010

LAS HISTORIAS DE STEVEN SALGADO (6a parte)


Continuación...



Volando Trike

Mi papá me enseñó a volar Trike desde los 14 años. El Trike es prácticamente un triciclo con un motor atrás colgado de una gran ala delta. Aunque nunca me dejó volarlo solo, llegué a hacerlo bastante bien…bueno… hasta que lo vendió. Cada vuelo era una aventura muy divertida y me fascinaba ver el paisaje desde esas alturas.


Aquí estamos volando el Trike en el 2006. Mi papa esta atrás y yo adelante. Aquí estamos volando sobre el río Cauca cerca de Santa Fe de Antioquia al occidente de Medellín.

Aquí estamos volando sobre el pueblo de Roldanillo en el Valle del Cauca a 2500 pies de altura.

Otra hermosa vista de Roldadillo desde el Trike. Estas montañas son sitio de encuentro de parapentistas, cometistas y aeromodelistas por sus buenas condiciones de vuelo.

Continuará....

miércoles, 23 de junio de 2010

LAS HISTORIAS DE JUAN PABLO (4a parte)

Vuelo a ciegas

Llegó Enero otra vez y con él los vuelos de Unicentro. El aterrizadero eran los potreros al oriente de Unicentro después de las casas donde vivía el mono Hazbón. Ahora hay unos edificios muy bonitos pero en esa época los únicos edificios eran los de Multicentro y así teníamos un buen potrero para aterrizar. ¡Ah! Y la aproximación era sobre los cables de alta tensión que estaban sobre la carrera novena, je,je.

Yo ya había hecho varios de esos vuelos. Este día tenía una cometa francesa prestada… mala, pero cometa al fin y al cabo. Nos alistamos y subimos.

Ya cuando estábamos listos despegamos y subimos fácilmente en medio de una corriente de aire sabrosona.

Había llovido los días anteriores, así que había humedad en el ambiente y se estaba formando una gran nube encima de nosotros. Pensamos que íbamos a poder dejarla atrás antes que terminara de formarse. ¡Error! Otro exceso de confianza.

Los demás pudieron salir adelante y alejarse de la montaña para poder aterrizar…..pero mi cometa no penetraba y subía cada vez más y más. La nube me chupó y quedé como se dice IFR (instruments flight rules… ¡O sea que no podía ver ni mierda!!).


Me preocupaba que encima del cerro de Unicentro pasaban unos cables de alta tensión, aunque sabía que tenia bastante altura sobre el sitio de despegue. Empecé a sentir pánico pero traté de calmarme. Así que con calma y tratando de agudizar mis sentidos seguí volando dentro de la nube.
Cuando sentía que la intensidad del viento aumentaba, significaba que iba bajando y cuando disminuía que iba subiendo y así trataba de mantener la velocidad en un término medio.

Trataba de mantener la pequeña veleta de la guaya frontal siempre centrada, así sabia que no estaba derrapando o en el peor de los casos que estaba entrando en un stall o invirtiéndome. Otra preocupación era quedar detrás del cerro o que la nube bajara tanto que al salir me encontrara el cerro de frente como algunos de mis amigos les había pasado.

Pasó como una interminable media hora y de repente vi un hueco en la nube y verde abajo. Sin pensarlo dos veces y sin perder de vista ese hoyo en la nube empecé rápidamente a hacer virajes de 360 grados bien cerrados para perder altura y salir al fin de esa pesadilla.

Cuando salí de la nube estaba a la altura de la calle 190 mucho más al norte y muy bajo. No iba a alcanzar a llegar al aterrizadero de la cancha de fútbol del colegio Campestre. Decidí que la mejor opción era buscar un buen sitio en la montaña donde arborizar.

El sitio elegido fue al lado de la carretera que sube del hospital Simón Bolivar…..solo que era casi en la punta del cerro. El arborizaje fue perfecto sobre unos arbustos como de un metro de altura.

Ahora tenía que desarmar la cometa, empacar y empezar a bajar caminando todo ese cerro para poder avisar a la gente que estaba bien.

No había celulares en esa época, y no tenía dinero para un radio.
Después de más de una hora de caminata loma abajo llegué al hospital Simón Bolívar. Busqué un teléfono público, llamé a la casa de los Gaviria, luego a mi casa y di mi localización. Al rato aparecieron todos los del grupo.

Ya había varios que estaban pensando en ir a buscarme detrás del cerro. Menos mal no pasó nada ese día y se convirtió en una más de nuestras anécdotas.


¡No joda al águila!

¡Ah! Pero hay otra historia interesante. Despegando de Neusa el loco del Tito Gaviria siempre le encantaba ir a molestar las águilas que vivían en su nido un poco más abajo de donde despegábamos.
El hizo lo mismo de todos los fines de semana…salir, volar sobre el nido y el águila naturalmente salía a perseguirlo para cuidar su nido.

Según la historia que escuché, el águila sin siquiera aletear se puso a la altura de la cometa sin quitarle la mirada a semejante pájaro tan grande. Aceleró, se hizo al frente de Tito y de repente se devolvió acercándose a gran velocidad y ya bien cerca de él le mostró toda la extensión de sus alas, sacó sus garras y empezó a atacar a este gran pájaro de metal y vela.

 Lo hizo varias veces hasta que mi querido amigo al fin se asustó y dejó de molestar a estas aves. Semanas antes habíamos leído en una revista que en una situación similar un águila había roto la vela de una cometa y el piloto tuvo que lanzar su paracaídas para no caer como un ladrillo.



Bueno Carlos hay muchas historias más que con ellas alcanzaría a escribir un libro, pero estas son las que más resalto. Hasta la próxima porque acá es donde las cometas acaban y la aviación profesional está a punto de comenzar.
¡Nos vemos!

Juan Pablo

jueves, 17 de junio de 2010

LA HISTORIA DE GUSTAVO (2a parte)


Fue muy reconfortante y anecdótico para mí que en la primera competencia en la que pude participar con mi propio diseño saqué la más alta puntuación quedando en primer puesto viendo de esta manera todo mi esfuerzo recompensado. Y aunque yo ya me sentía totalmente satisfecho con este reconocimiento mi sorpresa fue mayor cuando en el pequeñísimo campo que improvisamos para aterrizajes de precisión, empecé a ver un avión experimental biplano de un entusiasta de este deporte que empezó a realizar su aproximación para aterrizar justo en el lugar donde se acababa de realizar la competencia.

Ese día fue para mi muy especial pues marcó una nueva etapa en mi vida. Resultó que la persona que piloteaba ese bellísimo ultraligero se acercó a nosotros y luego de informarse del resultado de la competencia me invitó en ese mismo instante a copilotear su ultraligero. Ese día fue inolvidable, no tenía palabras para describir lo que experimenté. Recuerdo que parecía un sueño despegar con esa facilidad en el mismo lugar donde por mucho tiempo observaba mi planeador volar sobre mi y que ahora me tocaba ver, como en una película desde el ángulo opuesto, tripulando mi planeador fruto de mi imaginación. Ver a todos mis amigos desde allá arriba me hizo pensar por un momento que mi destino seria siempre buscar llevar a cabo mi sueño de convertirme en piloto profesional.

Casi a fines de los ochenta con la experiencia ya ganada decidí trabajar en una especie de tesis creando un planeador de tres metros de envergadura.

Detalle del “spoiler” (freno aerodinámico) en la construcción geodésica del ala del F3B antes de forrar.

Este diseño pertenece a la categoría de los “F3B” y a diferencia de mi primer diseño de apenas un metro y medio de envergadura, este no alcanzó igual popularidad puesto que por cosas del destino y falta de incentivo no continuaron las competencias, así que solo algunos lo llegaron a ver volar.
 

El modelo ya forrado.


Vista superior. Las franjas azules en las alas son los spoilers.


A la izquierda mi padre Cesar sosteniendo uno de mis trofeos y mi medalla, al centro mi hermano Javier sosteniendo la caja para portar el F3B y a la derecha mi madre Raida.  Siempre he recibido de ellos un gran apoyo.

Finalmente emigré a los Estados Unidos en Marzo de 1990 trayendo conmigo como mi equipaje más valioso mi última obra maestra. La necesidad de trabajar y la responsabilidad de cumplir con las metas trazadas que me motivaron inmigrar fuera de mi país, causó que trabajara en todo lo que encontrara.

Trabajando de “Valet Parking” solía llevar una revista de aeromodelismo para no aburrirme y nunca me cansaba de leerla. Resultó que una de esas noches la olvidé y la dejé encima del escritorio y al día siguiente mi compañero de reemplazo coincidencialmente la encontró y resultó que se trataba de otro aficionado a este hobby. Fue así como conocí a mi gran amigo Carlos Madrigal y desde ese momento no hemos dejado de comunicarnos y volamos de vez en cuando compartiendo lo que a los dos nos fascina… volar.

Ya han pasado casi diez y ocho años del día en que el Feroz se hizo famoso por ser el planeador con el que gané el primer lugar en una de las últimas competencias nacionales que pude participar en mi país. Es muy gratificante ver crecer esa semilla que dejé, y cada vez que viajo a mi querido país nunca dejo de visitar a los nuevos aeromodelistas y con mucha satisfacción observo a las nuevas generaciones de entusiastas que sin conocerme han adoptado como su planeador favorito el que un día surgió de mi imaginación y a pesar de haber pasado tantos años muchos lo siguen construyendo y disfrutando de su inigualable vuelo.


La nueva generación de pilotos en las playas de Lima. En esta playa utilizamos el desnivel del acantilado para recibir las corrientes ascendentes que vienen desde el océano. Los dos planeadores del centro son herencia mia. ¡Feroz Fever!

Sin duda mi vida ha estado rodeada de altibajos, pero lo que nunca se vio afectado fue mi pasión por el vuelo, y es por eso que a la fecha con mucho esfuerzo pero a la vez con mucha satisfacción puedo seguir practicando lo que para muchos puede parecer un juego.
Para mi caso siempre significó un elemento primordial durante mi crecimiento inculcarme responsabilidad, constancia, perfección, paciencia y tolerancia, algo muy importante para afrontar el tipo de vida que nos toca vivir a muchos aquí en los Estados Unidos, que como yo decidieron alejarse de su país, de sus amistades y familiares.

Pero la recompensa al esfuerzo y sacrificio por las cosas que un día tuve que renunciar se ve ahora reflejada al lograr mi profesión de piloto comercial en este país ajeno al mío.
Para finalizar, puedo decir que aunque haya tenido la oportunidad de hacer entrenamientos en simuladores de Boeing 737, el DC–10, y volar de copiloto del Jetstream 31, y piloto del Islander, etc. ninguno podrá igualar la maravillosa sensación de volar libremente como lo es en un planeador tripulado o en un parapente. En estos vuelos se siente estar estrechamente conectado con la naturaleza y se siente ser parte de ella.

No debemos renunciar a nuestros sueños por difíciles que parezcan, solo nosotros nos limitamos al dudar de lo que somos capaces, y en el caso de todos los que amamos el vuelo… pienso que solo el cielo es nuestro límite.

Gustavo.


sábado, 12 de junio de 2010

LA HISTORIA DE VICKY


Maria Victoria Melo es una gran amiga de Edgar Hazbón y practicaba el deporte del parapente en Bogotá. Vive ahora en el sur de la Florida y hemos compartido muchas historias. Hace poco estuvo volando en los Paramotores que son parapentes con motor con un amigo piloto de Colombia. Pudo asi recordar sobre la playa de Pompano Beach volando con su amigo sus epocas de vuelo en Colombia.
Aqui esta su historia llena de mucho sentimiento.

“Amigos más allá de las estrellas”
(En memoria a mi gran amigo Jorge Hernando Vidales Díaz)

Hace unos años atrás cuando vivía en Colombia, disfrutaba del deporte del parapentismo en la zona de vuelo de Guasca al norte de Bogotá y tuve la oportunidad de compartir amables ratos de esparcimiento con mis amigos del aire. Entre ellos conocí una gran persona que marcaría mi vida por siempre con el cual en muy corto tiempo habíamos entablado una hermosa y gran amistad. Esta persona era nada menos que Jorge Hernando Vidales Díaz, conocido por todos como NANO.

Benevolente pero irreverente al mismo tiempo, amigo sin restricciones y ser humano en toda la extensión de la palabra. Cada vuelo lo disfrutaba y lo vivía a plenitud desde su despegue hasta su llegada, al finalizar cada jornada de vuelo llegaba donde estábamos sus amigos con un inusual brillo en sus ojos de color indefinido que cambiaba según su estado de ánimo y una sonrisa en su boca con la cual describía su experiencia como solo el lo sabía hacer.

Cerraba sus hermosos ojos, abría sus brazos, en los cuales lloré muchas veces, e inhalando aire muy profundamente se daba a su tarea de narrar su experiencia acabada de vivir. Cuando empezaba era tan gráfico, tan puntual y preciso que nos dejábamos transportar por su bella y emocionante narración de su “plegada”, su “stall”, como manejaba la presión de su vela o como le mandaba el acelerador a fondo en condiciones fuertes.

Esto lo transmitía con tanta energía que la misma le generaba un halo a su alrededor que las personas que gracias a Dios lo conocíamos bien de cerca, podíamos percibir y analizar su felicidad, su orgullo, sus sentimientos, tanto así que llegaba al punto que erizaba nuestra piel.

Sus características como persona serán inolvidables entre la comunidad parapentista Siempre en cada lugar, situación, deporte, etc. hay una persona que se destaca por algo, llegando a conocerse como el “personaje” de la misma.

Nanito fue eso, el personaje de nuestra comunidad en todos los aspectos y lo recordaremos así por siempre. Siempre habrá un mínimo rincón donde estará presente nuestro amigo, una situación, una palabra, un vuelo, en fin lo que sea.

Siempre diremos eso de Nano, falta Nano con su poesía, en fin...... siempre será NANO....... solo eso. No hay palabras en este mundo para describirlo con precisión por que nos quedaríamos cortos, indiscutiblemente podría escribir un extenso e interesante libro de mi gran amigo NANITO o mejor aún KILOVATIO, que era su apodo o “nickname” pues un buen día accidentalmente se dio el lujo de dejar a Melgar (un pueblito del Tolima en Colombia) sin luz al llevarse por delante un tendido eléctrico de alta tensión. Pero el destino es solo eso, el destino… y ya sabremos que nos tiene deparado.
Esa vez mi amigo ha salido ileso, pues era una persona muy fuerte tanto física como espiritualmente.

Pero llegó aquel sábado 10 de septiembre del 2005 y nuevamente aparece el indiscreto destino. Esta vez a jugarnos su peor carta. Y describen los pilotos que compartían ese día con él, que el cielo de la sabana de Bogotá estaba de un azul intenso, que el viento estaba bastante fuerte, “rafagudo”, los novatos les tocó quedarse en tierra y los experimentados empezaban a salir tímidamente en la medida en que las condiciones lo iban permitiendo y entre ellos… mi amigo Nano.

Salió con un buen levantamiento y control. Un despegue sencillo trepándose inmediatamente, iniciando así, el que sería su último vuelo, un vuelo hacia la libertad de su espíritu, en el cual dejaría atrás todas las ataduras que nos unen a esta tierra para que así mismo le diese rienda suelta a su inquieto espíritu iniciando así su interminable vuelo por la eternidad y en cada una de las estrellas plasmaría uno de sus acostumbrados y bellos poemas.


A la izquierda Nano, empacando su parapente en Sopó, acompañado de Raymer Ramirez, piloto Venezolano.

Nano volando en su parapente rojo en el sitio “El Paraíso” con la laguna de Tominé y el pueblo de Guatavita al fondo a la derecha.

Amaba el vuelo y el aire y ellos me lo arrebataron intempestivamente cuando yo menos lo esperaba y sin permitirme compartir por más tiempo nuestra bella amistad.

¿Qué sucedió? Ya lo sabremos con precisión. Se ha llevado consigo su apreciación acerca de lo sucedido en ese trágico día. Ni siquiera los pilotos presentes se lo pueden explicar. Nano tenía muchas pero muchas horas de vuelo y era uno de los más frecuentes en el voladero.

Este fatídico día se encontraba haciendo su aproximación para hacer top landing (aterrizaje en el sitio de despegue) como en veces anteriores. Hizo algunos intentos casi tocando piso pero no lo lograba pues el viento estaba muy fuerte. El había aterrizado muchas veces ya en situaciones similares sin novedad alguna, pero esta vez lo sorprende una inusual y mortal ráfaga que lo ha catapultado hacia atrás de la montaña donde se colapsó su inmenso parapente. Entró en una caída en espiral golpeándose al fondo de un cañón de tal manera que quedó muy mal herido.

Esto según versiones de los presentes. Yo en la distancia solo puedo decir que desde ese momento mi gran e inolvidable amigo empezó a despegar hacia la eternidad a volar sin ataduras, sin normas, solo con su radiante energía y su bello espíritu.
Si… mi amigo se me ha ido y me entristeció aún el no poder acompañarlo en sus exequias al estar yo tan lejos.

NANITO amigo mío ¿Dónde te encuentras? ¿Cómo es el infinito? ¿Es el universo infinita belleza? Ahora tienes mucho material para tus poesías. Poesías que yo disfrutaba plenamente y en este momento lamento no tener la facilidad que tú tenías para escribir esos bellos pasajes, porque, ¿sabes algo? te mereces un hermoso poema al estilo de los renombrados poetas, pero no puedo, me falta esa sensibilidad poética, esa esencia y ese don tan especial que tu tenías para esto, pero esto no quiere decir que pasarás sin pena ni gloria.

Gracias a Dios y a mi amigo Carlos tuve esta oportunidad de relatar mis vivencias en mi deporte del aire, y obviamente mis mejores vivencias fueron a tu lado.
Jamás olvidaré tu inconfundible vozarrón que se escuchaba desde lejos con el cual siempre que me veías lo elevabas aún y abriendo tus brazos, como si fueses a volar, gritabas, “¡Vickysiiiiin, vieja linda!” y acto seguido me apretabas con un enorme, efusivo y fuerte abrazo “rompe huesos”.

Si… ese era tu saludo, el cual quedará guardado por siempre en la parte más segura de mi corazón conjuntamente con los recuerdos de todas las vivencias que compartimos juntos incluyendo las acostumbradas discusiones y diferencias de opiniones que tuvimos alguna vez, pero quien te conoció sabe que las mismas formaban parte de tu arrolladora personalidad por que indudablemente querías tener siempre la razón en todo, pero ese eras tu mi GRAN E INOLVIDABLE AMIGO.

Mi corazón te tendrá por siempre en el lugar más fértil donde día a día regaré y abonaré esas inolvidables y hermosas vivencias, con cada uno de los recuerdos y episodios de nuestros vuelos y diario vivir. Ese jardín estará florecido por siempre y jamás perecerá.
NANITO, como yo te llamaba, le pido a Dios que te tenga en su infinita gloria y espero con resignación y ansiedad el momento que la vida nos de la oportunidad de surcar juntos el infinito más allá de las estrellas........

NANITO… TU AMIGA VICKY....................... AMIGOS POR SIEMPRE......................

Maria Victoria Melo Rueda

Vicky en el area de despegue de “El Paraíso” al oriente de Bogotá.

lunes, 24 de mayo de 2010

LAS HISTORIAS DE EDGAR HAZBON


PARTE II
HISTORIAS DE MIS AMIGOS

Dediqué esta parte del libro para que mis amigos consignaran sus experiencias aéreas y así poder todos disfrutar de estos recuerdos.
Disfrútenlas.

LAS HISTORIAS DE EDGAR HAZBON

Edgar Hazbón es y ha sido como un hermano para mí, crecimos juntos en Barrancabermeja, Colombia y nos unió aún más nuestra pasión por el vuelo.

Empezamos en Bogotá con el aeromodelismo desde que teníamos diez años el y doce yo, después corríamos a un potrero a recibir a los hombres cometa que para nosotros eran una especie de humanos enrazados con extraterrestres con tripas de acero por atreverse a montarse en esas maravillosas estructuras y cumplir el sueño de volar de verdad.

Logré a mis 18 años tomar el curso de vuelo en cometa y a los dos años después ya le estaba enseñando a Edgar a volar. Desde ese entonces tuvimos muchos vuelos y aventuras que compartíamos impulsados por la “fiebre” del vuelo.

Listos para despegar en Neusa (iniciando los años ochenta). Al fondo se ve la
laguna y un techo de nubes bajas. Bajo la cometa Gryphon de Edgar estamos
de derecha a izquierda Edgar Hazbón, Ramiro Sánchez (piloto de aviones),
 Mauricio Giraldo (piloto de aviones y cometa), y yo.

Con el tiempo el se apasionó más que yo por el vuelo en cometa batiendo marcas en campeonatos nacionales y también se volvió instructor. Después se dedicó a volar en el “novísimo” planeador… el parapente (paraglider). Fue instructor en Colombia de Parapentismo. No se animó a escribir su historia pues un gran amigo suyo de vuelo se accidentó. Transcribo aquí dos de sus cartas.

Sept.14. 2005

Carlos, disculpe sumercé que no me senté a escribir la historia pero sucede que no he tenido cabeza ni me gusta mucho sentarme al computador. Le cuento que un súper–súper amigo “NANO” el “poeta”, tuvo un desafortunado accidente el sábado pasado y falleció.

El estaba realizando una aproximación para Top Landing (aterrizaje sobre el sitio de despegue) en “El Paraíso” (donde volamos usted y yo juntos), cuando una intempestiva ráfaga de viento lo llevó a sotavento (al otro lado de la montaña) donde el parapente colapsado entró en spin y cayó al fondo del cañón, donde con mucha demora fue recogido y mientras era bajado de la montaña perdió el conocimiento.

Fue llevado al hospital de Sopó (norte de Bogotá) donde llegó fallecido. Vicky también era muy amiga de el.
Nano, el poeta amigo y “compañero de simulador” el único con quien estaba yendo a volar, el que me gravaba discos musicales y poéticos.

Bueno Madrigal, luego tal vez le cuente más pero ahora me tengo que parar, ya no resisto más este aparato! Ja,,ja,ja.

Cielos Azules!
Edgar Hazbón.

...Continuará.

martes, 11 de mayo de 2010

REENCUENTRO EN BOGOTA (2a parte)


Continuación...

Al siguiente día su madre nos ofreció un delicioso desayuno y después de una oración que ella nos dedicó, acabamos de organizar todo lo necesario para partir con nuestros planeadores rumbo a la aventura.

Me fascinaba la idea de otra vez tomar un bus con los planeadores. Era recordar otra vez aquellos días cuando empezaba mi hoby. Pero esta vez estaba acompañado por mi hijo y me sentía alegre por su compañía y también nostálgico al saber que estaba ya en otra dimensión en el tiempo.

Llegamos a Chía y nos pusimos de acuerdo para que mi esposa Luz Dary y su amigo Freddy llegaran desde Bogotá un poco antes y así vernos un rato antes de que nos fuéramos con Edgar.


Reencuentro con Edgar. Aquí le estoy entregando un casco que él me había
 encargado para volar con el oído destapado y sentir mejor la velocidad.
Aquí estamos en la parte del frente de su casa que es un hermoso restaurante
 que él con su mujer construyeron con mucho esmero.

Compartiendo un rato con Pipe y Edgar antes de iniciar el viaje al sitio de vuelo.
 
Después de un agradable reencuentro subimos al campero de Edgar su parapente que usa para volar con pasajero. Subimos también las dos cajas de los planeadores Omei y Lady. Vino con nosotros Fernando un amigo de Edgar quien iba a hacer un vuelo con él de entrenamiento. Nos despedimos de nuestras respectivas esposas y salimos de Chía rumbo a “El Paraíso”.

Era volver a vivir esa emoción de salir al encuentro de la aventura aérea. Pensaba por el camino que siendo realistas solo íbamos a tener tiempo para preparar la Lady y hacerle su primer vuelo de prueba en estos aires más delgados a más de nueve mil pies de altura sobre el nivel del mar.

Por el camino fuimos recordando viejos tiempos con Edgar. Eran tantas historias que llegaban a nuestras memorias que parecíamos gallinas que no paraban de hablar.

Durante la subida a la montaña Pipe recibió en su celular la llamada de dos aeromodelistas de Bogotá, Paul Hamilton y Christian Correa. Con ellos habíamos estado en contacto por varios meses atrás para encontrarnos este día y así yo recibir un mini curso sobre las reglas de vuelo del planeador con parapentes.

Llegamos al sitio y al salir del campero pude respirar una vez más ese aire frío de las montañas de Colombia. Podíamos ver también varios parapentes que estaban ya flotando sobre nosotros. Sin perder tiempo bajamos el parapente y los planeadores.

Mientras que Edgar se preparaba para volar con su amigo Fernando, con Pipe nos pusimos manos a la obra para instalar los servos y terminar el reglaje. Una vez la Lady estaba lista la sacamos a la zona de vuelo.

Llegaron Paul y Christian y nos saludamos como si nos hubiésemos “visto” antes.
Christian me explicó el proceso y los cuidados para mantenerme separado de los parapentes. Simplemente estaba feliz de estar ya compartiendo con los pilotos bogotanos. Le llevaba de regalo una prometida copia de la primera edición de este libro en CD. Christian me comentaba que también era paracaidista como yo y que había saltado precisamente en Homestead, en Florida, donde yo saltaba.

Christian voló por un rato y después Paul se ofreció a despegar el Lady. Probé el radio revisando que funcionaran bien los mandos. Estaba nervioso por el viento tan fuerte y por el tráfico constante de parapentes.

Paul lanzó suavemente el Lady y esta hermosa dama empezó a elevarse enseguida. Subía muy rápido y pronto tuve que hacer virajes para perder altura. Pronto me tocó ajustarle el trim hacia abajo para que no siguiera subiendo. Le di el control a Pipe y lo puse como ejercicio algunos virajes dentro del área asignada. Me sorprendió como mostraba ya buen control con el planeador. Era la experiencia que le había dejado hacia años atrás el Firebird además de sus vuelos en el simulador de avión en su computador.

Voló por solo unos minutos y note que estaba subiendo demasiado y nos estábamos saliendo del área. Le pedí el radio para bajarlo pero ahora la tarea no solo era la fuerte corriente sino varios parapentes acercándose. Le dije a Pipe que me avisara cuando viera uno viniendo.

Lo bajé y me puse a hacer pasadas a alta velocidad sobre la zona de despegue. Cada vez que pasaba se escuchaba su silbido al cortar el aire. ¡Hacia mucho tiempo no había oído a la Lady silbando! De pronto Pipe me dijo, – ¡Cuidado Carlos, viene un parapente atrás! –  Tuve que actuar de inmediato clavando la nariz del planeador para pasar por debajo del parapente. Esta maniobra la repetí varias veces alejándome de ellos.

Después de unos quince minutos de vuelo empecé a sentir mucho frío debido al fuerte viento. Ahora el frío se sumaba a la tensión del vuelo. Decidí empezar a buscar la forma de aterrizar. Después de hacer varios intentos fallidos de aterrizaje no tuve más remedio que perder la mayor altura posible y traerlo en subida hasta que entrara en perdida.

Lo bajé y como un bólido subió por la montaña y parecía que no se iba a detener. Ya cuando estaba casi a nuestro lado entró en perdida total y clavó su fina nariz en la tierra. Se quebró su nariz pero sabia que esto era poco para lo que le hubiese pasado tratando de aterrizarlo de otra forma con este viento.

Descansé y sentí bastante alivio pues aunque era mi despedida de la Lady sabia que la unión de las alas había pasado su prueba bastante bien y ya podía seguir volando con su nuevo dueño Pipe.

Después de este vuelo decidí no volar el Omei pues hubiese sido bastante difícil el aterrizaje en esas condiciones de viento y de tráfico. Por ahora quería descansar del que yo creo fue el vuelo más estresante que haya tenido con la Lady.

 Me despedí de Paul y de Christian con la promesa de reencontrarnos al siguiente día para seguir volando.

Edgar aterrizó luego con su alumno en el parapente dobles en la misma zona de despegue y después de unas bebidas calientes empacamos y volvimos a Chía. Había sido un día precioso lleno de aventuras aéreas.

Coordinamos todo para reunirnos de nuevo donde Edgar al día siguiente y volar esta vez en parapente.

Continuará.

viernes, 30 de abril de 2010

SILUETA ENTRE LA NIEBLA


Desde muy pequeño, en los 70s, en el barrio donde vivíamos en Barrancabermeja, Colombia compartía con mi hermano nuestras fantasías de superhéroes, viajes espaciales y todo aquello que queríamos recrear después de una buena película de acción.

El se llama Felipe y cuando nos “picaba” la locura olvidábamos nuestras diferencias y peleas para organizar toda una sesión de teatro y nos poníamos nuestros disfraces de Batman y Robin hechos con mucho esmero por mi madre.

Reuníamos a nuestros amiguitos y nos dedicábamos a pelear contra los malos, subirnos a un bati-móvil imaginario, escondernos en la bati-cueva, escapar en una nave espacial y viajar por esa maravillosa dimensión infantil.

Los años pasaron y dejamos los disfraces por las novias, las amistades, discoteca y la vida de la Universidad. Felipe mantuvo alguna curiosidad por mis actividades de vuelo y una que otra vez me preguntaba como me había ido pero no mostraba mucho interés.

Aqui esta Felipe para esas épocas con una de sus novias, je,je.

Llevaba yo más o menos un año dando instrucción de vuelo en cometa cuando un día me sorprendió diciéndome, – Carlos, quiero que me de el curso de vuelo a mi y a mi novia Maria José. – Creí que me estaba tomando del pelo pero estaba hablando muy en serio. Sentí un temor que no había sentido antes. Aunque yo confiaba en la seguridad con que enseñaba no quería que le llegara a pasar nada. ¡Era mi hermano!

Iniciamos la teoría y me sorprendieron con la rapidez y agilidad con que fueron aprendiendo las bases. Empezamos a viajar al sitio de aprendizaje y empecé a gozar una nueva etapa de amistad con mi hermano y su novia. Fue como reencontrarnos otra vez pero ahora en un juego de adultos.
Mantengo en mi memoria un día muy especial en el área de entrenamiento cuando Felipe estaba tratando de despegar en la cometa Zebra.

Aquí estoy despegando en Chía con la Zebra. Esta foto salió en la revista Cronómetro de deportes en Bogotá en un artículo sobre este deporte. Como se ve en la secuencia salí un poco estoleado.
Recuerdo que Maria José ya había hecho varios intentos por despegar corriendo fuerte por la suave pendiente del “aprendedero” como lo llamamos los cometistas. Felipe le dijo para motivarla que él le iba a demostrar como despegar y que lo observara.

Teníamos un radio para comunicarnos. Me situé al final del área de despegue y le di instrucción del momento apropiado de acuerdo al viento para que iniciara su carrera.

En este sitio teníamos a veces el problema de la visibilidad pues justo al frente de nosotros la montaña dejaba pasar la humedad proveniente del valle del río Magdalena el mayor de Colombia y al subir a las frías planicies a más de ocho mil pies de altura se forma una densa niebla.

– Felipe, espere, no vaya a despegar pues se viene un banco de niebla – le dije por el radio.
A veces teníamos que esperar hasta una hora antes de que la visibilidad nos dejara entrenar. Yo sabía que Felipe estaba ansioso por volar. No solo quería saber que se sentía volar por varios segundos sino también impresionar a su novia con su destreza.

Hubo un espacio en que la niebla dijo, “OK, ya los he hecho sufrir un rato, vuelen un poquito”. Felipe hizo su chequeo pre vuelo, niveló las alas y le dije – ¡Ahora! ¡Corra, corra! – Parece que tomó demasiado impulso, la cometa se le adelantó y se lo llevó consigo en una larga arrastrada, sin poder volar. Le noté su cara de enfado y rápidamente estaba levantando la cometa para intentarlo de nuevo. – Felipe, ¿Esta bien? – le pregunté. Noté que se había raspado una rodilla y empezaba a sangrar un poco.

Esto me hizo sentir mal y empecé a sentirme incómodo. No quería ni siquiera una leve herida. Pero esto no le importaba a Felipe pues simplemente quería volar a como diera lugar. Me sentía impotente con un sentimiento mezclado entre ansiedad y culpabilidad. Pero pensé que era su entrenamiento y debía seguirlo apoyando.

Justo antes de su siguiente intento nuestra vieja amiga la niebla se “metió” de nuevo. Pudimos jugar un poco proyectando nuestras sombras sobre la niebla que se avecinaba y podíamos apreciar el efecto óptico de un fantasmagórico arco iris alrededor de nosotros llamado “la gloria”. Pero Felipe no se movía de su puesto esperando el momento.

Volví a bajar y me fui hasta el final del área de aterrizaje para poder ver con anterioridad en que momento se incrementaba la visibilidad.
Apenas vi que se estaba despejando la niebla llamé a Felipe por el radio y le dije, – Listo para despegar que ya casi pasa la niebla. – Desde donde yo estaba a pesar de la corta distancia con Felipe no podía ver a nadie allá arriba en el área de despegue.

De pronto escuché un silbido. Era el inconfundible sonido de la cometa cruzando el aire. – No puede ser, yo no le he dicho que despegue. – Lo que vi delante de mi quedará grabado por siempre en mi memoria. Era una aparición progresiva en tonos grises. Era la silueta de mi hermano debajo de la cometa recogiendo los pies después de una agresiva carrera.

Vi como empezó a volar. Se me vino encima sin cambiar de rumbo. La imagen cambió a colores y abarcó todo mi campo visual. Me embistió por completo, me lancé hacia atrás para evitar el impacto y escuché como pasó zumbando sobre mi cabeza para volverse casi de inmediato otra vez una silueta gris y desaparecer en la niebla.

Cortando el hielo de mi susto le grité, – ¡Estolee yaaaaa! – Que era la señal para iniciar el frenado completo y así poder aterrizar con los pies. Pero fue tarde. Escuché un golpe y como arrastraba las pequeñas ruedas de madera sobre el árido piso.

Salí corriendo hacia él con la angustia en mi garganta de pensar que se hubiese herido. Cuando llegué lo pude ver sacudiéndose la tierra y con un gesto molesto dijo – Me volví a raspar la rodilla, me golpeé el hombro, ¡Pero logré volar! –

Aunque quería saber porque había despegado sin mi indicación me invadió primero la dicha de ver que había volado, – ¡Voló, Felipe, voló! – y le di un fuerte abrazo. Enseguida bajó Maria José gritando, – ¡Carajo, voló y no lo pude ver! – Luego supe que confundió mi grito de “Listo” con la señal de despegue.

Felipe hizo varios vuelos pequeños más adelante pero se retiró del deporte llevándose una interesante experiencia personal. No recuerdo que Maria José haya despegado los pies de la tierra por efecto aerodinámico, excepto cuando brincaba de la dicha viendo a Felipe volar.

Me pongo a pensar y veo como mi forma de enseñar fue influenciada cuando se trataba de un familiar quien estaba dentro del arnés de estudiante. De todas formas me alegro que nunca se lastimara, aunque creo que fue por lo duro de sus huesos ¡Y de su carácter!

Dedicado a mí hermano Felipe, el Robin de mi infancia.

jueves, 22 de abril de 2010

VOLANDO ENTRE PRINCESAS (2a parte)


Continuación:

– Listo papi, ¡Ahora! ¡Suelte los cables de la nariz y hágase debajo del ala! – Le grité. Con todo cuidado soltó los cables y con cara de susto se hizo debajo del ala.

Era el momento del equilibrio, no solo tenía mis alas niveladas y la nariz de la cometa alineada con el viento, sino que también aquel abismo que existía entre mi padre y mi deporte había desaparecido.
Fue un momento mágico que el destino escogió para acercarnos.

Me concentré para lograr ese estado mental donde uno se vuelve uno con las alas y el viento. Di un paso en tierra y el siguiente “patiné” en el aire. Rápidamente cambié a la cómoda posición acostado tomando la barra de control inferior del triángulo, metí mis pies dentro de la extensión del arnés a modo de una suave y caliente oruga. Hice mi acostumbrado grito al estilo mexicano que la verdad ya me hacía falta. !YIIIIJAAAA!!!!

Enseguida empecé a subir y a sentir el silbido de los cables y la vela al cortar el viento. Es un sonido especial que solo una cometa avanzada le puede brindar a los oídos del piloto.

Con un pequeño viraje regresé y sobrevolé el área de despegue, saludé a mi padre y le grité, – ¡Perfecto el despegue! – Enseguida me concentré en estudiar las curvas de esta gran hembra que era la montaña y que me mantenía a flote con el viento que recogía del valle.
Una vez encontré la zona ascendente maniobré varias veces para llenarme de su energía potencial.

De pronto descubrí que yo no era el único volando pues por otra ladera, un poco más alto, venía otro cometista. – ¡Waoo! Debe ser algún piloto avanzado de esos que salen en las revistas. – Más adelante hice otro descubrimiento.

Aparte de Guillermo había otro grupo de personas en otra parte de la ladera que parecían estar preparándose para despegar. Pero no veía ninguna cometa. Parecía que arrastraban algo detrás de ellos. Enseguida ese algo se infló y pude ver que se trataba de dos hermosos parapentes alzando vuelo. Eran de colores muy modernos.

No aguanté la curiosidad y empecé a volar sobre ellos. Me sentía en medio de un documental de aviación deportiva lleno de perspectiva y vivos colores donde yo era la cámara a través de la cual cientos de espectadores estaban viendo un gran espectáculo.

Empecé a virar de tal forma que volaba en círculos alrededor de uno de los parapentes que más me llamaba la atención. Al cabo de varios círculos vi que el piloto me hacía fuertes gestos con sus brazos. Al principio pensé que me estaba saludando pero enseguida me di cuenta que me estaba ordenando que me retirara y que no volara tan cerca de él. Me sentí como un niño regañado que lo sacan del recinto donde los mayores se están divirtiendo. Ver estos parapentes prácticamente flotando al lado mío era un verdadero deleite.

Después de casi dos horas de volar y disfrutarme el paisaje árido y esplendoroso de este sector del sur de California decidí despegarme de la montaña para iniciar mi aproximación. Me esperaba el fondo de un río, pero era un río seco que nos ofrecía una perfecta zona de aterrizaje.

Hardy y mi padre ya estaban abajo esperando ver con detenimiento como me desenvolvía en mi aproximación esperando que pasara la “prueba” en la cometa de Hardy. Hice mi esquema mental, lo seguí al pie de la letra para coincidir con la toma de tierra en el sitio indicado.

Entré al tramo final, cambié a mi posición erguida, subí mis manos a las barras laterales, vi como el lecho seco del río se acercaba y la gente que esperaba abajo se reunía alrededor mío como un grupo de espectadores pendientes del más mínimo error.

Todo marchaba bien y empecé a volar a ras del piso. La velocidad disminuyó al mismo tiempo que el sonido del aire a mí alrededor. Llegó el momento de forma instintiva de empujar la barra para exprimir el último jugo de sustentación de la cometa y poder colocar mis pies sobre la tierra.

Empujé fuerte y al tratar de poner mis pies sobre la arena sentí como si alguien me los halaba hacia atrás y me di cuenta ya muy tarde que ¡Había olvidado sacar mis pies de la oruga del arnés! Era el arnés de Hardy y no estaba acostumbrado a este tipo de arnés!

No tuve más remedio que apoyarme como un “gusano” sin pies en la arena, perdí el equilibrio y de forma casi graciosa me dejé caer golpeando no muy fuerte la nariz de la cometa. Me levanté y Hardy llegó corriendo, – ¿Are you OK? – Me dijo, le respondí que si y que sentía mucho haber golpeado un poco su cometa pero ¡Se me había olvidado en que tipo de arnés venía! Puse la cometa a un lado y vi que los parapentes venían también aproximando.

Estaban tres muchachos parapentistas ya en tierra comentando sobre sus dos compañeros que se acercaban a aterrizar. Me acerqué a ellos para compartir mis experiencias sobre el vuelo. Supe que quienes venían aproximándose eran dos bellas mujeres. – ¡Oh, que interesante! – dije, y uno de ellos a modo de burla dijo, –…Pero no creo que las chicas lo hagan mejor que nosotros, je, je. –

Ahora entiendo la femenina reacción de rechazo al acercarme a ella en pleno vuelo. Me sonreí y vi como estas damas iniciaban lentamente su aproximación. La primera inició una final bastante larga a modo de asegurar de modo conservador el área de aterrizaje. Se acercó a todos nosotros dejando ver su hermosa figura rodeada de delicados colores fucsia y rosados y un imponente y estilizado parapente de alto rendimiento.

Se acercó al piso, haló a fondo los dos controles y con la gracia de una princesa posó sus pies muy suavemente en la tierra como si acabara de bajarse de su carroza real al frente del palacio donde toda la servidumbre estaba esperándola. Más de uno aplaudió por tan perfecto aterrizaje. Los muchachos enmudecieron.

Enseguida apareció la siguiente princesa desplegando un parapente de líneas perfectas y colores preciosos. A medida que se acercaba, su traje de vuelo dibujaba un cuerpo atlético y elegantemente femenino. Se sentía el silencio de todos los espectadores ante tan bello espectáculo.

En ese momento recordé que fueron precisamente un par de mujeres quienes hace unos cien años atrás reunían cientos de espectadores que dejaban de respirar al verlas haciendo saltos de paracaidismo desde globos aerostáticos.

Nuestra bella dama se acercó, frenó su ala y colocó sus pies como una reina caminando sobre la alfombra roja después de pararse de su trono. Volvieron los aplausos. Los muchachos se miraron entre si y uno de ellos dijo negando con la cabeza, – No puede ser… algo tuvieron que haber hecho mal. – Enseguida nos reimos a carcajadas.

Me fui como niño curioso a observar de cerca a una de las “princesas” y recuerdo que le preguntaba sobre su parapente. Su suave piel morena, grandes ojos y liso cabello negro brillante me llevaron a preguntarle sobre su origen. Me dijo que sus padres eran de origen hindú. Más interesante todavía.

 Me sentía como adolescente enamorándose de una de las bellezas exóticas del circo aéreo. Al ver que le preguntaba sobre su parapente como cualquier espectador me dijo, – Deberías probar el vuelo, es algo fantástico. – Me di cuenta que estaba comportándome como un completo ignorante del vuelo y creo que estaba simplemente maravillado poniendo cara de neófito disfrutando de tan femenino encuentro. Le dije que había aterrizado antes que ella en una cometa y ella se echó a reír diciéndome, – ¡Oh! Perdone ¡No parecía que fuera piloto, ja, ja! –

Después de que Guillermo realizó uno de sus mejores aterrizajes nos fuimos a casa comentando los puntos interesantes de aquella aventura de este día.

A medida que nos acercábamos a la gran urbe, silenciosamente yo revivía aquel mágico vuelo… entre princesas.


miércoles, 21 de abril de 2010

VOLANDO ENTRE PRINCESAS


Eran esas épocas de los finales de los ochenta cuando vivía en Los Ángeles. Estaba construyendo mi planeador Lady y no tenía ninguna actividad de vuelo excepto algunas veces en la escuela de aviación donde volaba un avión Cessna 152, pero debía ser con instructor mientras lograba la suficiente experiencia de radio en inglés como para volar solo.

Este aeropuerto pertenecía al área del College de Long Beach al sur de Los Ángeles donde también estudiaba después de trabajar fuerte en la zona de carga del aeropuerto internacional.

No tenía forma de volar en cometa a menos que rentara una y no solo era muy caro sino también debía presentar un examen de vuelo. Me sentía frustrado al no poder practicar mis deportes del aire.

Algunos días acompañaba a Guillermo a volar su cometa en el área de Sylmar al noroeste de Los Ángeles. Guillermo fue un gran amigo a quien le enseñé a volar en Colombia y que emigró luego a los Ángeles donde se estableció.

Con el tiempo ahorró y se compró una hermosa cometa de alto rendimiento. Me sentía muy orgulloso de saber que le había enseñado a volar y verlo remontarse sobre este gran valle era un regalo para mi.


Hermosa foto en blanco y negro de Guillermo despegando
 en Sylmar, California con su nueva cometa.

Sentados con mi padre, Darío Madrigal (izquierda) observando el maravilloso
 paisaje de los valles de los Ángeles en la rampa de despegue de Sylmar.
 A la izquierda de la rampa se puede ver un pequeño letrero rojo que dice
 “HOOK IN”… ¡Cuélguese! para ayudar a los pilotos evitar el posible
 fatal error de olvidar colgarse a la cometa.
La oportunidad de volar se me presentó cuando un piloto instructor llamado Hardy, muy amigo de Guillermo, le dijo que tenía una Dove -B, que era la misma cometa de entrenamiento que usábamos en Colombia y que me la podía prestar. ¡Me llegó la oportunidad! Me llené de emoción y coordinamos un día para volarla.

Hardy me dijo que quería verme volando en un sitio bajo para ver mi experiencia. Fuimos al sitio de aprendizaje y logré convencerlo con mis vuelos de que me prestara su cometa avanzada llamada Diamond.

El puso un poco de resistencia y me puso pruebas más difíciles volando esta cometa desde poca altura lo cual es bien complicado y requiere de fuerte carrera con poco viento y rápidas maniobras para el aterrizaje.

Finalmente accedió a dejármela subir a la alta montaña. Yo estaba feliz después de casi un año de no haber volado.

Recuerdo que mi padre me dijo que andaba como aburrido y que le gustaría acompañarnos a la aventura. Me sentía extraño pues era raro que él se animara a compartir con nosotros un día de vuelo, pienso que él nos veía todavía como muchachos dedicando el tiempo libre a hacer locuras. Pero este día el iba no solo a acompañarnos sino a ser parte del equipo de despegue.

Subimos las cometas al carro de Hardy y nos dirigimos a una montaña al sur de Los Ángeles llamada “Soboba mountain” que se encuentra dentro de una reservación indígena. Acordamos que Hardy y mi padre regresaban en el carro mientras Guillermo y yo volábamos.

A la mitad de la subida vimos a un hombre con sombrero vaquero con una larga pluma, sentado en una silla a la orilla de la carretera sosteniendo una cuerda que atravesaba la vía.

Nos detuvimos y él, con voz de borracho, nos explicó que estábamos entrando en la reserva indígena y que debíamos pagar un dinero. Pagamos el “peaje” y continuamos la subida comentando sobre la vida de estos “indígenas” modernos.

En una de las curvas en el camino a la cima pude ver el inmenso y espectacular paisaje de este valle. Se podía ver Los Ángeles lejos al lado norte y a la izquierda se alcanzaba a divisar el océano pacífico. ¡Que sentimiento tan intenso! Quería estar ya volando sobre este precioso valle.

Llegamos por fin al área de despegue y preparamos las cometas. A diferencia del otro sitio aquí no había rampa de despegue y tuvimos que improvisar nuestra pista de acuerdo al viento.

Mi padre tomó parte activa y me ayudó con todo lo necesario para ensamblar la cometa y llevarla cerca al desnivel para preparar el despegue. Una vez estaba listo le dije, – Bueno papi, tome los cables de la nariz y no los suelte por nada hasta que yo le diga. –

Nunca lo había visto tan cuidadoso y entregado a ese momento. Para él, sentir que tenía la responsabilidad de cuidar de mi despegue y que tenía literalmente mi vida en sus manos me hizo recordar cuando me protegía de algún sitio peligroso cuando era niño.

Tal vez esa forma inconsciente de sobre protegerme de los peligros fue lo que me impulsó a acercarme a ellos. Lo tranquilicé diciéndole que lo estaba haciendo muy bien.
– Listo papi, ¡Ahora! ¡Suéltela y hágase debajo del ala! – Le grité.

...Continuará.