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sábado, 4 de septiembre de 2010

BAUL DE RECUERDOS (2a parte)

Al siguiente día fuimos a Neusa y también les di un show completo con acrobácia sobre el sitio de aterrizaje. Después todos se amontonaron para que les firmara el avión de papel que hicieron con el monitor como una de las actividades de ese día. Creo que esos dos días con los niños fueron de los más felices en mi deporte que recuerdo.



Este fue el único vuelo doble que hice. Esta es una cometa Phoenix 6D (la cometa de Carlocho en la historia “Y se lo tragó la ciudad”) con mi alumno Juan Pablo García (el de la historia de las fiestas de Tena) en su primer vuelo alto. El luego se convirtió en excelente piloto no solo de cometas sino de aviones. En este vuelo me cargué hacia la izquierda demasiado pensando que Juan Pablo estaba cargado hacia la derecha y tuvimos un aterrizaje muy fuerte y aunque con algunos rasguños Juan Pablo estaba feliz. En pleno vuelo decía,– ¡Estamos volando…estamos volando! –



Dibujo básico en borrador de las partes de la una cometa para el manual que hice de teoría.



Esquema sobre el uso del bolsillo de la quilla.




Estos dibujos luego los refinaba para colocarlos en el manual de teoría. Estos los hacía con máquina de escribir y luego los fotocopiaba para dárselo a los alumnos.



De las pocas fotos que tomé en pleno vuelo. Aquí estoy volando sobre el pueblo de Chia y la vista es hacia el sur con el pueblo de Cota al fondo.  Me acuerdo que no sabía como llevar la cámara y decidí colgarla a mi arnés con una cuerda. Con esta foto me inspiré para el dibujo de “Mi primera emergencia”.


¡Y subió a los cielos!..   Esta es de mis fotos favoritas. Tiene para mí un sabor trascendental
Este cometista (creo que era Ricardo García alias “Kung Fu”) vuela una de las primeras cometas avanzadas que llegaron a Colombia en los ochenta sobre la antigua cruz de madera que había en la cima de la montaña de Chía.


Este es un viejo afiche que me regaló mi gran amiga Consuelo Collazos (la que está a mi lado en la foto de la inauguración de CAF) y coincidencialmente es también una cometa Olympus como la que tuve. Arriba dice una bella frase… “Fly and you catch the wind… dream and you will reach your goal” (vuela y atraparás el viento… sueña y alcanzarás tu meta). Este afiche me ha acompañado por muchos años y al verlo me brindaba motivación sobretodo en esos días donde parecía que no iba a salir el sol.

viernes, 3 de septiembre de 2010

BAUL DE RECUERDOS

Aqui les comparto algunas fotos que sobrevivieron al paso del tiempo y traen  recuerdos de esas vivencias en este maravilloso deporte del vuelo en cometa.


Esta foto me la tomó Mauricio Giraldo (el piloto de cometa en la foto de Neusa)
 cuando hacía vuelo "soaring" o sostenido en Neusa. Era para una colección
 de arte en blanco y negro. La bolsa debajo de mi barriga es el paracaídas
 de reserva que fue el protagonista en mi historia "Mi primera emergencia"
 algunos meses después.
.

Dando un vuelo de demostración a mis alumnos en la tricolor en el aprendedero
 de Madrid al sur oeste de Bogotá. ¡Estos pequeños vuelos los goce cantidades!


Cony, mi primera esposa, en carrera de despegue en la Dove C
que era especial para su peso. Mis primeros vuelos también
 fueron en esta cometa y en este mismo aprendedero en Madrid.



Esta secuencia fue de uno de los mejores vuelos de Cony.
 Después de aterrizar brincaba y alzaba los brazos gritando,– ¡Lo hice! ¡Lo logré! –



Herbert Wild fue mi profesor de fisiología aérea en mis clases de aviación
 en Aeroclub en  Bogotá y un gran pintor también. Aquí esta en un
pequeño vuelo en el segundo nivel con la Cúmulus. Cada vuelo que hacía
 me agradecía por tan bella experiencia. Gozó mucho su entrenamiento y
 para mi fue fabuloso ver como su sueño se hacia realidad.




Con Guillermo Castillo (izquierda) haciendo chistes y pasando
 un buen rato antes de su vuelo en Suesca. Aquí estamos sobre
 el "monte de menta" por sus plantas de menta que aromatizaban el lugar.
 Atrás se ve parte de la laguna.



Guillermo despegando en la Cúmulus desde la colina más avanzada
 del aprendedero de Suesca. Era el último nivel antes de ir a Neusa
 a graduarse. Este vuelo recuerdo que le subió la moral bastante
 pues tuvo mucha dificultad en su entrenamiento.



Atrás de mi cometa Olympus están los niños en una excursión de vacaciones
 reunidos para que vieran y compartieran con el hombre cometa en la montaña de Chía.
 Este día rompí mi record de duración con tres horas y media de vuelo.
 ¡Cuando aterricé estaba tan cansado y tan "tieso" por el frío que fueron
 los niños quienes me descolgaron de la cometa!


...Continuará.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

ATERRIZAJE EN BLANCO


Un día, a mediados de los 80s,con Edgar Hazbon decidimos hacer un blanco de aterrizaje con una inmensa “X” hecha de bolsas plásticas blancas de basura para efectos de lograr requisitos que nos habíamos puesto en nuestro plan de entrenamiento en el vuelo en cometa (Deltaplano).

La colocamos en medio del potrero de aterrizaje de Unicentro con algunas piedras para evitar que se la llevara el viento.

Pensé que los pilotos expertos se iban a burlar de mí pero sucedió para mi sorpresa que casi todos los que volaron ese día trataron de aterrizar en el blanco y hubo uno que inclusive aterrizó mal en su intento.

Nadie hasta ahora lo había logrado. Ese día estaba volando la Zebra. Disfruté del vuelo sobre la ciudad y me preparé para la aproximación.

Vi la gran X en medio del potrero y me concentré en la teoría para así “agarrarla”.
Cuando estaba en básico me di cuenta que estaba un poco alto y di un par de círculos para perder la altura apropiada.

Me decidí a iniciar la final y con firmeza maniobré de tal forma que para mi gran sorpresa puse mis dos pies suavemente justo en medio de la X de plástico sin tocar el pasto alrededor. Alcé mis dos brazos en señal de victoria gritando, – ¡Lo logreee!! –

Recuerdo que habían dos niños cerca observando los intentos de aterrizajes en el blanco y enseguida aplaudieron y gritaron, – ¡Lo hizo! ...!Este man si "cayó" en el blanco!–


Aterrizaje en blanco durante un campeonato. Esta foto es en Lake Chelan , estado de
 Washington. Uno de los sitios donde vuela Jorge Cano, pionero del vuelo en cometa
 en Colombia.  El Piloto es un amigo de Jorge, Tom Jones.
 Todos los años hacen campeonato de aterrizaje en blanco.

domingo, 29 de agosto de 2010

RAYO


Era una nublada tarde de 1980 cuando todavía era alumno de Eduardo Vázquez en mis primeros niveles del vuelo en cometa (Delta plano) y decidí acompañarlo a él y a su esposa para verlos volar en Unicentro.

Quería ayudarlos como equipo de tierra para luego bajarles el carro desde el área de despegue hasta el área de aterrizaje que por lo alto y retirado de esta montaña podría tomar más de media hora.

Su esposa, Lottie Boden, una hermosa sueca que hablaba un gracioso español, aprendido en España, mezclado con acento sueco, era para esos entonces auxiliar de vuelo en Braniff Airlines.

Ella estaba por fin lista para volar por primera vez de este famoso sitio de Unicentro. Era el vuelo que los bautizaba como un cometista entrando a la arena profesional tal vez por el hecho de tener que volar un buen trayecto sobre la ciudad.

A medida que avanzaba la tarde el viento traía más y más nubosidad creando un techo de nubes oscuro pero bien definido que daba bastantes corrientes ascendentes.

Eduardo ayudó a Lottie a armar su cometa Dove C mientras le explicaba los detalles técnicos de este vuelo. Lottie estaba bastante nerviosa y se veía muy indecisa. Varias veces le dijo a Eduardo que la dejara pensar y sentir el viento sin que le hablase.

Ya estaba lista para despegar y de repente se descolgó de la cometa diciéndole que definitivamente no se sentía lista para este vuelo.

Eduardo y los otros pilotos decidieron rápidamente despegar pues el cielo ya estaba bastante oscuro y poco a poco se sentían caer grandes gotas de lluvia.

Le ayudé a Lottie a llevar su cometa a la parte de atrás para desarmarla. Ella estaba bastante molesta consigo misma pensando en que ya pudiese estar allá arriba volando con ellos.

Empezamos a desarmar la cometa y oímos un par de rayos caer atrás de la montaña. Le dije que bajáramos el “king post” o mástil principal pues estábamos ofreciéndolo como pararrayos y pensando en esto nos apresuramos a enrollar la vela.

Empezó a llover y de pronto un gran destello nos iluminó... vino enseguida la estrepitosa explosión de un rayo reventando el aire a nuestras espaldas.

Instintivamente quitamos nuestras manos de la cometa y salimos corriendo espantados hacia el carro. Los dos quedamos pálidos del susto y hasta que no pasó la tormenta no nos bajamos del carro.

Desde abajo en el sitio de aterrizaje vieron como si el rayo hubiese caído justo sobre nosotros y vieron chispas saltar de una torre de alta tensión eléctrica.

El rayo cayó en la torre a unos cincuenta pies de nosotros y creo que de no haber bajado el king post nos pudiese haber caído directamente a nosotros.

Este es uno de muchos recuerdos que guardo de Lottie y le dedico esta historia en memoria a tantas aventuras que compartimos en este deporte que ambos adoramos.

Un abrazo Lottie!!


Aqui esta Lottie con su nueva cometa Dove C, la misma de esta historia y su perrita "Manush" en el sitio de aprendizaje en los 80. Estas fotos la logré conseguir milagrosamente después de contactar a mi instructor Eduardo Vasquez quien gentilmente me las envió.


Vuelo de graduación de Lottie en el parque del Neusa.

En el centro Lottie con compañeros auxiliares de vuelo
cuando volaba como auxiliar en Braniff  en los años 80.

miércoles, 25 de agosto de 2010

MAL SUEÑO


Me acuerdo que por aquellas épocas de los 80 tuve una pesadilla.
Soñé que estaba volando en cometa en el área de Unicentro sobre el norte de la ciudad de Bogotá y en especial la zona residencial.

Estaba gozando de mi vuelo hasta que un par de niños abajo se decían entre si  – Apuesto que me puedo “bajar” a ese piloto de cometa de un disparo con mi escopeta – Y el otro le respondía  – No creo que puedas, a ver, trata. –

Podía oírlos como si estuviera allá abajo. Aterrado vi como me apuntó con un rifle de esos que tienen mira, disparó y sentí el primer impacto en la vela. No podía creerlo y en medio de la pesadilla les gritaba – ¡Oigaaan que están haciendooo! ¡No dispareeen! –

Enseguida volví a sentir el zumbido de otra bala  y el impacto en la vela muy cerca de mi, – ¡Estúpidos! !Imbéciles! !Que están haciendoooo! –

Gritaba desesperado mientras maniobraba fuertemente para evitar que me dieran el próximo balazo y desperté sudoroso y asustado. Pero esta pesadilla creo que tenía algo de premonitorio.

Algunos meses después estaba con un alumno en el sitio de aprendizaje intermedio del pueblo de Mosquera. Este sitio lo llamábamos “El Palomar” y era un vuelo de casi un minuto con lo cual se alcanzaban a hacer los virajes básicos para prepararse luego al vuelo de las altas montañas.



Era un vuelo muy bello pues se hacía sobre la carretera principal, para aterrizar en un gran potrero. El problema es que a veces, la hija del dueño, una señora que parece tenía problemas mentales, entraba en episodios paranóicos y se imaginaba que los cometistas aterrizando en su finca venían para atacarla e invadir sus tierras. Sacaba tremenda escopeta y empezaba a disparar.

Pues justo un día estaba yo esperando al lado de la carretera a mi alumno que despegara de El Palomar.

Despegó en la cometa “Cúmulus” y recuerdo que se veía imponente mostrando sus colores vivos por el radiante sol de ese día. De repente vi que empezó a virar hacia donde me encontraba y eso no estaba dentro de los planes.

Se acercó tanto hacia mi que por un momento creí que quería aterrizar al lado mío. Le dije por el radio, – ¡Vire a su derecha, mantenga su rumbo hacia el potreo de aterrizaje! –

Pero parece que fue él quien empezó a escuchar los disparos antes que yo pues se acercó a un más al punto de que pude distinguir perfectamente su cara de descontento y me dijo señalando con su mano a su derecha, – !Pero Carlos, mírela no más, ya me esta disparando! – Lo dijo tan tranquilo que no podía creerlo hasta que empecé a oír yo mismo los “totes” de su escopeta.

Viró a su derecha para enfilarse al potrero y en ese momento no supe que decirle pues si seguía adelante estaba arriesgando su vida con aquella demente disparándole continuamente.

Enseguida hizo un viraje a la izquierda para alejarse y viró rápidamente en contra del viento para hacer un aterrizaje perfecto.

Bajé rápidamente para ayudarlo a desarmar la cometa y mientras salíamos del lugar se oían todavía los gritos de "doña demente" intercalados de uno que otro disparo.

Definitivamente mi pesadilla se había convertido en realidad ese día!


sábado, 21 de agosto de 2010

VUELO EN SOPO


Hablando de despegues en cometa desde precipicios, (años 80) este sitio de Sopó al norte de Bogotá tiene una pared que de verdad logró intimidarme al punto que llegué a tener físico miedo acercarme al borde y por supuesto a despegar.

A esto le añado que coincidencialmente estaba un compañero de universidad de mi madre observando a los “locos” salir corriendo hacia el vacío y se sorprendió al descubrir ¡Que era hijo de su amiga! Y me dijo, – ¿Usted se va a tirar a ese precipicio?... ¡Usted esta loco! Su mama sabe que usted hace esto? –  Esto me acabó de llenar de pánico estomacal.

Edgar ya había volado de este sitio y así observé como lo hacía. Despegó prácticamente en pérdida pues casi no había pista para despegar y en la caída tomó velocidad para volar. Se vio como si el hueco se lo hubiese tragado y después más adelante lo hubiese “escupido” hacia arriba otra vez y regresara a la vida.

Casi me arrepiento pero, aparte de que se veía horrible, no había motivo real para no intentarlo, así que tomé aire, me preparé y llevé la Zebra al borde de tan majestuoso paisaje.

Me impulsé solo con dos pasos y apenas empecé a caer di un ligero empujón a la barra a modo de obligar a la vela a tomar aire al estilo paracaídas. Esto infló la vela y así pude nivelarme y salir de la pérdida con un fuerte silbido del viento entregándome de nuevo vida para volar.

La vista hacia abajo de la pared era tan maravillosa que hice un viraje para volver a volar sobre este sitio.

Recordé la antigua película de “La fortaleza prohibida” (Sky Riders) donde unos cometistas en sus standards entraban a una fortaleza rodeada de farallones para salvar a sus amigos. Fue con esa película de los 70 que se aceleró la “fiebre” por este deporte en Colombia.

Precisamente un poco más abajo de la montaña estaba empotrado sobre una gran roca una pequeña capilla que me hacia sentir como si yo fuera uno de los protagonistas de aquella película. Di varios virajes para disfrutar la vista de esta pequeña Iglesia. Estaba como transportado a otro mundo al ver tanta belleza a mi alrededor.

A medida que perdía altura me separé de la montaña y empecé a volar sobre el área de aterrizaje pero cometiendo el error de mantenerme todavía pensando en aquellos fantásticos lugares. Era la primera vez que aterrizaba aquí y en mi mente se me “invirtieron los cables” confundiendo la dirección de aterrizaje y empecé a hacer la aproximación en sentido contrario.

Cuando ya estaba apunto de aterrizar comprendí mi error al ver que el pasto abajo mío pasaba a demasiada velocidad. ¡Estaba aterrizando al revés! Empujé la barra al máximo y enseguida me coloqué en posición de protección con mi cuello firme, mis manos en la cara y mis codos defendiendo mis costillas.

El triángulo tocó tierra a bastante velocidad, cayó fuertemente la nariz y la inercia empujó la cometa de tal forma que di la vuelta y quedé “patas arriba” sobre la vela atrapado en mi arnés, afortunadamente sin lastimarme.

Edgar llegó corriendo gritando, – ¿Madrigal está bien? ¡Que diablos hizo que aterrizó al revés! – Avergonzado le confesé que venía muy distraído por tan bello vuelo y no me fijé en el aterrizaje.

Me ayudó a soltarme de la cometa y vi que doblé unos cuantos tubos y rompí el ala derecha, pero afortunadamente yo estaba bien. Después le decía…– Edgar que vuelazo…!Que vuelazo! –



Poster de la pelicula Sky Riders (1976) que en
 Colombia se llamó " La fortaleza prohibida"

jueves, 19 de agosto de 2010

VUELO EN CHOACHI


Organizamos viaje para volar en cometa (Deltaplano) a un hermoso valle de un pueblo al occidente de Bogotá llamado Choachí a inicios de los años 80.

Fuimos con Edgar, con Manolo Gutiérrez que es un amigo muy aficionado a la aviación deportiva y profesional y también con Jorge Mejia.

Jorge, un paisa, piloto de cometa muy “afiebrado”, tenía consigo una antigua cometa “Standard” y la verdad yo tenía bastante curiosidad de verlo volando en semejante aparato tan antiguo!

Llegamos al sitio de despegue y quedé asombrado al verme en la cima de un gran precipicio casi vertical y delante un majestuoso valle donde al final asomaban algunos techos rojos del pueblo de Choachí.

Armamos nuestras cometas y salió adelante Jorge con la iniciativa del primer despegue. Tenía mis ojos bien abiertos para este espectáculo.

Era una cometa Standard completamente blanca. Parecía un avioncito de papel. Se colocó su casco, el mismo que usaba en su moto, un arnés bastante básico y procedió a colgarse en su cometa. Le dijo a Edgar que tomara el tubo central de la cometa y cuando él le ordenara, empujara hacia adelante con todas sus fuerzas.

Se concentró y al recibir un poco de viento dió un par de pasos, Edgar lo empujó hasta llegar al borde, Jorge empujó la barra, empezó a caer al precipicio, se infló la vela y vimos como Jorge inició su vuelo con el sonido de su vela “flapeando” con el viento como solo estas antiguas cometas lo hacen.

Estaba viendo en directo la nostalgia de otras épocas. Ahora solo quería imaginar que estaba sintiendo al estar de repente a unos  mil pies sobre el fondo de este hermoso valle. No hizo ningún viraje y logró pasar hasta el otro lado del valle y posarse en la ladera de la montaña con la gracia de una mariposa.

El viento se extinguió pero Edgar insistió en despegar. Le dije que no tenía buen chance para lograrlo pues en su trayectoria con cero viento tenía poca pista de despegue y al caer al precipicio se encontraría con una roca que sobresalía de la pared antes de encontrar velocidad de vuelo.

Se preparó para despegar y eso me puso nervioso. Le repetí lo que yo observaba y que podría terminar todo en catástrofe. Pero nuevamente insistió.

Tomó la poca carrera que nos ofrecía el sitio. Empezó a caer y al ver que la roca se le venía encima reaccionó violentamente empujando la barra evitándola por solo unos centímetros. Esto lo hizo entrar otra vez en pérdida y de nuevo se acercó a la pared pero milagrosamente su ala tomó aire para separarlo e iniciar así unos de sus más famosos vuelos de estas épocas.

Logró mantener un buen ángulo de planeo y después de un espectacular y largo vuelo llegó hasta el pueblo de Choachí donde lo recibieron varios sorprendidos campesinos.

Ante la perspectiva de tan espeluznante salida creo que fue uno de los pocos despegues a los que me le “quité los guantes" y decidí no despegar y tal vez por esto mismo este contando esta historia hoy.

Al regreso veníamos hablando con Manolo sobre mi obsesión con la aviación comercial y fue cuando me dijo  – Carlos usted solo anda hablando de aviones… ¿Por qué no se decide de una vez por todas y empieza a estudiar aviación? – Esta fue la famosa chispa con la cual comencé mi carrera como piloto de aviones.

Este fue un día inolvidable no solo por lo espectacular de aquellos dos vuelos sino por que fue el inicio de otro gran capítulo en mi vida, la aviación comercial.

Gracias Manolo!

martes, 17 de agosto de 2010

VUELO BORRACHO


Estaba en mi escuela de aviación Aeroclub en el pequeño aeropuerto de Guaymaral al norte de Bogotá, reunido con varios compañeros pilotos (Años 80s).

Ya habíamos hecho la “horita” de vuelo del día y decidimos ir a tomarnos unas cervecitas en un local cercano al iniciar la tarde.

En el calor del alcohol uno de ellos empezó a hacer gracias tratando de imitarme volando en cometa. Para ellos acostumbrados a volar un avión, el vuelo en la cometa humana era algo gracioso pero también muy emocionante.

 Así otro compañero empezó a “subirme” de puesto y decía, – Ustedes no saben como es eso. Este “man” es un berraco pa’ tirarse de esas montañas…. ¡Tiene que tener las pelotas de acero! – Y así nos reíamos todos de todos.

Hasta que uno de ellos dijo – Carlos,  vamos por su cometa que lo quiero ver volar…!Pero ya!. Es en serio!…Yo lo llevo en mi camioneta, ¡Vamos! – Al principio todos pensaron que estaba ya muy borracho para hacer esta invitación pero insistió y yo cedí ante la tentación diciendo – Pues si es en serio !Vamos a recoger la cometa!– y los demás gritaron - !Yeheee!

 Pensaba que para cuando llegara a la montaña ya se me habría pasado el efecto de la “chelas” y cual borrachitos felices salimos hacia la aventura. Fuimos hasta Bogotá por la cometa y enseguida partimos de nuevo al norte hacia la montaña de Chía.

Aunque ya habían pasado casi cuatro horas desde nuestra “parranda” y habíamos sudado la empinada subida a esta montaña, todavía sentía los efectos del alcohol en mi cabeza.

Me preparé y ayudado del buen tiempo y de mi angelito logré un buen despegue. Había bastante viento y podía sostenerme sin problema. Empecé a pasar sobre ellos para gritarles, – ¡Reptiles! ...!Que hacen alla abajo!...No sean maricas vengan a volar! –

De repente sentí que estaba demasiado cerca a la montaña y enseguida viré hacia afuera para alejarme. Me di cuenta que había sobre reaccionado y volví a acercarme. Pero al acercarme sentía como si la montaña me fuera a devorar y de nuevo viré hacia afuera.

Empecé a sentir físico pánico y mi corazón se puso a mil. Me di cuenta que mi equilibrio estaba completamente desfasado y que lo mejor era ir a aterrizar de inmediato. Estaba completamente aterrorizado por los efectos visuales que estaba teniendo. Me concentré al máximo durante la aproximación y aterricé sin ningún problema pero con mi pulso alterado como si me hubiese despertado de una pesadilla.

Me solté del gancho que me une a la cometa, me arrodillé y soltando un madrazo dije – ¡Jueputa! !No vuelvo a volar borracho ni loco!

 Ya se podrán imaginar como mis amiguitos pilotos se burlaron de mi durante toda la semana.


domingo, 15 de agosto de 2010

ALMA AMIGA



Cuando entrenaba vuelo en cometa (Deltaplano) con mi instructor Eduardo Vasquez en el aprendedero (años 80), él decidió recibir a un último alumno para darle clases. Su nombre, Juan José Rincón.

Era un personaje bastante folklórico y con muchas costumbres arraigadas del campo de donde su familia provenía.

Alguien le puso de sobrenombre “Charol” pues a veces volaba con zapatos brillantes de charol.
Juanjo, como lo llamábamos, fue muy aficionado y "gomoso" del vuelo en cometa. Siempre nos llamaba para convencernos una vez más de ir a volar así el día no estuviera bueno. Amaba el vuelo y siempre estaba agradecido por haber encontrado la forma de aprender a volar. No cesaba de contar sus historias y las de otros pilotos.

No me olvido que un día ayudó a encontrar mi cometa Olympus después de que unos niños la “tomaron prestada” cuando decidimos dejarlas arriba de la montaña por mal tiempo. !Gracias a él pude seguirla volando!

El era dueño de unos camiones y aveces mandaba a traerlos para recoger las cometas cuando no teníamos transporte. Era muy gracioso ver las cometas dentro de semejantes camiones, pero el hacía lo que fuera para que pudiéramos volar.

Un fin de semana en el parque del Neusa se organizó un festival de aviación deportiva con cometistas, paracaidistas, ultralivianos, globos y hasta aeromodelos. Yo me encontraba en Denver estudiando. Juanjo se inscribió, subió al sitio de despegue pero se dió cuenta que tenía un problema con su cometa. Con las cervezas y la emoción de la competencia no hizo el ajuste como debía. Al despegar entró en un fuerte viraje que lo hizo estrellarse de frente contra la montaña. Se dio cuenta que se había roto su pierna y empezó a pedir auxilio.

Subieron a recogerlo en una camioneta y bajaron para llevarlo al hospital. Pero debido a la des organización del evento toda la vía de salida estaba bloqueada por los carros de los espectadores. Desesperadamente salieron por una pequeña carretera que los condujo después de varias horas hasta el pueblo más cercano, pero Juan José no resistió y murió desangrado internamente.

La noticia me cayó tan fuerte que me puse a llorar. No podía creer que había perdido a quien sentía ya como un hermano. Los dos compartíamos tan de cerca ese sentimiento del vuelo más allá de esta dimensión terrestre.

Fue uno de mis más fuertes colaboradores en el club y quien más me motivó a seguir adelante cuando todo parecía desaparecer.

Siempre mantendré vivos esos recuerdos de esas aventuras de vuelo que compartimos y todo lo que disfrutamos de su chispa folklórica.

Juanjo… te dedico estas letras y todo mi libro… y ya sabes alla en el firmamento espiritual seguiremos volando juntos.


viernes, 13 de agosto de 2010

¿DONDE ESTA DAVID?


Continuando con David, me acordé de otra gran historia con él en nuestro deporte del vuelo en cometa o deltaplano.

Llegó el gran día de la graduación como piloto de ala delta para Guillermo, Carlos Iván y David. Aunque David era el que menos experiencia tenía, logró convencerme de que podía graduarse con su primo en el gran vuelo de Neusa al haber completado todas las maniobras que le había asignado casi en tiempo record en la montaña intermedia de Suesca.

Esa mañana mi intuición casi “síquica” me llevó a repasar un poco más con él los procedimientos de emergencia en caso de un “arborizaje” o aterrizaje sobre los árboles en caso de que no alcanzara el potrero de aterrizaje.
El estaba feliz pues habían venido a observar su vuelo su padre su madre y sus hermanas. Yo me quedé esperándolos abajo para ayudarlos por radio en sus maniobras de aproximación.

Primero voló Carlos Iván y tras un bello y largo vuelo aterrizó con precisión dentro del área asignada. Todos salimos corriendo a abrazarlo y a felicitarlo mientras lo rociábamos con champaña. David despegó y parecía mantener muy buena altura y un rumbo constante hacia nosotros.
A mitad de camino empezó a hacer un lento viraje hasta que completó un círculo horizontal completo. Ahí me empecé a preocupar pues habíamos quedado que el vuelo iba a ser en línea recta. Pensé que debido a su gran habilidad y el poco tiempo en que había aprendido estaba sobre confiado y en medio de su emoción había decidido hacer esta maniobra.

Pero la realidad era otra. Estaba perdiendo el control lentamente después de que una corriente térmica levantó su ala. En vez de corregir decidió continuar el viraje entrando poco a poco en una larga espiral mientras que la térmica y su turbulencia lo confundían más y más. Empezó a perder altura y cuando por fin se niveló estaba ya muy bajo, lejos del área de aterrizaje y rodeado de un tupido bosque. Antes de que arborizara yo ya estaba organizando el rescate.

Tranquilicé a sus familiares explicándoles que el sabía como caer en los árboles y que la maniobra no era peligrosa para él. Pero dentro de mí sentía esa preocupación al ver que mi alumno enfrentaba una emergencia.

Subimos en dos carros hasta llegar cerca al área donde lo avistamos por última vez y nos lanzamos a la búsqueda. Toda su familia estaba metida en aquel bosque de altos matorrales y eucaliptos gritando. – ¡David!, ¡Daviiiiiid!, me parecía ver el cuadro de un pequeño niño que se había extraviado y toda su familia salía a buscarlo y esto me empezaba a causar mucha gracia. Más se que no era nada gracioso para su familia.

Su padre de pronto escuchó, – ¡Aquí estoooy–! y logró encontrarlo en un pequeño claro, se abrazaron y se pusieron frenéticamente a bajar la cometa del árbol. David me contaba que parecía que hubiese sido su padre el que se había accidentado por lo nervioso que estaba.
Afortunadamente siguió al pie de la letra el procedimiento de emergencia y no tuvo ni un rasguño aparte de los que se hizo bajando la cometa.

Recuerdo que él me hacía reír mucho con su gran sentido del humor y ese día creo que me asombré al verme a mi mismo riéndome de lo que sucedía en vez de estar preocupado y echando “pestes y madrazos”.

David es un gran pianista asi como su primo y con él aprendí varios temas en piano. Era muy divertido enseñarle mientras entrenábamos en el sitio de aprendizaje.

Donde quiera que estés, David, gracias por tan intensas y divertidas experiencias.


miércoles, 11 de agosto de 2010

HORROR


A finales de los 80 estaba con Carlos Iván (el protagonista de la historia “Se lo tragó la ciudad”) y con su primo David en una de las sesiones de entrenamiento de vuelo en cometa (Deltaplano) en un nuevo aprendedero cerca de Madrid. Usábamos una cometa llamada Cúmulus.

Ya se encontraban en la parte alta de este sitio, a unos 40 metros de altura sobre el sitio de aterrizaje.
Después de unos dos vuelos de Carlos Iván, David se preparó para despegar. Todo parecía excelente para un buen vuelo. Despegó y un poco de viento extra lo subió más de lo esperado.

Por el radio le dije– No importa que este alto, colóquese en posición de aterrizaje y pique (halar la barra) al máximo. – Al cambiar de posición soltó antes de tiempo su lado derecho induciendo a la cometa a un fuerte viraje a su izquierda.

Lo que siguió después creo que ha sido la escena más horrorosa que jamás había visto en mi vida. La cometa se inclinó tan fuerte hacia la izquierda que empezó a precipitarse a tierra con mucha velocidad en una posición que de impactar la tierra de seguro mataría instantáneamente al piloto. Le grité, – ¡Estoleeee yaaa….yaaa!!! Colisiooon!! – . Pero la cometa caía sin remedio hacia el piso. Instintivamente solté un grito de horror, –NOOOOOOO!!!– Como negando lo que mis ojos predecían era una violenta y fatal estrellada.

De repente, justo antes de impactar, David empujó fuertemente la barra logrando que a último momento la cometa volviese a levantar vuelo, sacando una línea de polvo con la punta del ala izquierda. Entró en un stall (pérdida) y cayó otra vez pero a muy poca velocidad golpeándose contra la barra de control pero sin ningún daño físico. Yo todavía estaba paralizado en negación y me arrodillé como si acabara de presenciar un milagro. Simplemente se había acabado de salvar David gracias a su rápida maniobra.

Recogimos el equipo mientras que Carlos Iván se cambiaba su overol de vuelo por un elegante vestido blanco y negro. El era el percusionista de un grupo coral que se presentaba esa tarde en la sala de conciertos de la Universidad Nacional en Bogotá y donde coincidencialmente también mi madre cantaba.

Nos sentamos con David a observar el espectáculo pero mantenía su mirada como perdida. – Todavía no se que fue lo que me ocurrió….siento como si no estuviese aquí... – Me decía.
Creo que en un universo paralelo el no estaría vivo y yo estuviese viviendo una historia de horror. Gracias a Dios no fue así y pudimos disfrutar de la presentación.

Cometa Cumulus 5B de la Eipper Formance del año 1977 similar a la que volábamos en esa época.


lunes, 9 de agosto de 2010

LOOP


Despegaba en cometa (Deltaplano) hacia el otro lado de la montaña de Chía hacia el valle de Tenjo (Al norte de Bogotá en los años 80).

Llevaba en mi mente la idea de hacer alguna acrobacia extrema. Ya había estudiado la teoría de cómo hacer un “loop” o círculo en el plano vertical.
Es una maniobra que si no se hace bien se puede terminar en catástrofe envuelto en una maraña de tubos y vela si se sobrepasa el límite de esfuerzo de la estructura.

Sabía que tenía la altura apropiada en caso de tener que usar mi paracaídas de emergencia.  Casi sin pensarlo empujé la barra al máximo induciendo la vela a una pérdida total. De inmediato la nariz bajo y empecé a caer. Solo tenía delante de mí al planeta tierra al quedar cometa y piloto mirando completamente en la vertical. La velocidad se fue incrementando más y más, hasta que ya la barra me pedía con bastante presión que deseaba subir.

Me acuerdo el silbido fuerte del aire. Sabía que debía soltar presión suavemente y así lo fui haciendo. Empecé a ver el horizonte otra vez pero la cometa quería seguir y seguir subiendo. Seguí soltando hasta que empecé a ver solo cielo. Cuando ya estaba mirando completamente hacia arriba sabía que venía la parte más delicada. Empujé la barra al máximo y sentí como la velocidad disminuía al quedarme poco a poco sin energía al tope del círculo.

Mantuve la barra totalmente empujada y pude sentir como mi vientre, todo mi cuerpo y la parte inferior de la cometa daban la cara completamente hacia el cielo. ¡Que sensación más maravillosa! Era como pasar al otro lado de un espejo, como pasar al otro lado de esta dimensión.

Mi arnés perdió un poco de presión indicándome que estaba en el tope máximo del círculo y comenzaba a descender. Empecé a ver de nuevo la línea de la tierra aparecer sobre mí y de nuevo mis sentidos empezaron a reaccionar ante la caída. Mantuve la calma mientras la cometa ganaba otra vez velocidad. Sabía que debía ser muy suave halando la barra de regreso para volver a acumular presión.

Aproveché esta velocidad para hacer unos virajes a más de noventa grados o “wing overs” que culminé ya cuando la altura de seguridad me decía que era suficiente y debía prepararme para el aterrizaje.
Lo hice! Lo logré!!

Este fue el único loop que hice y con él…mi entrada y salida a otra dimensión.


Ala Delta en la parte superior de un "Loop".

sábado, 7 de agosto de 2010

NOCTURNO


Una tarde de luna llena logramos con Edgar Hazbón unirnos a Mauricio Tovar y Paul Andrade, dos expertos pilotos que habían decidido subir a la montaña donde volábamos sobre un centro comercial al norte de Bogotá llamado Unicentro que para esa época, en los años 80, tenía detrás un gran potrero donde podíamos aterrizar.

Le pedí prestada, a Gabriel Leal (el de la historia del rezo llanero), una cometa alemana súper ligera llamada “Highster” que él tenía,  para intentar con ellos el vuelo de este sitio al que llamábamos "el vuelo de Unicentro".

Despues de una fuerte subida llegamos al sitio de despegue y armamos las cometas. Yo estaba nervioso con la nueva cometa pero Gabriel me dio una buena instrucción básica sobre el despegue, vuelo y aterrizaje con este nuevo aparato.

Gastamos mucho tiempo subiendo y preparándonos para el despegue y por lo mismo nos alcanzó la puesta del sol. Al mismo tiempo quedamos rodeados de nubes que nos impedían despegar. El efecto óptico de la nube hacía que las luces de la ciudad nos hicieran creer que todavía había luz del atardecer delante de nosotros.
Edgar bajó unos metros por la montaña y me dijo que la base de la nube estaba subiendo un poco - Carlos! O despega ya o se queda sin volar porque el techo sigue bajando!-

Yo ya estaba listo colgado de la cometa y decidí despegar primero en desacuerdo con los otros cometistas que me decían que esperara. Tomé una fuerte y larga carrera hasta que la Highster me levantó entre la niebla. Piqué al máximo para bajar y salir de la nube. Lo que siguió después fue uno de los momentos más espectaculares que he tenido.

De la tenue luz de la niebla que parecía ser del atardecer apareció debajo mío un millón de luces de la ciudad rodeadas por la oscuridad completa de la noche. Me quedé sin aliento ante tan impresionante y bella sorpresa…fue como un brusco cambio de dimensión!

Enseguida me situé y empecé a volar hacia la zona de aterrizaje. Por coincidencia pude avistar la casa de Gabriel y empecé a volar encima.
Pude ver a una chica subiéndose a un carro, vi personas conversando y me sentía espiando en su privacidad pues ni se imaginaban que estaba justo sobre ellos como un espíritu travieso nocturno.

Di otro viraje sobre la ciudad divisé un parque de basketball donde jugaban varios muchachos. Les grité fuerte… – ¡Oigan… me dejan jugar?! – Uno de ellos empezó a mirar a todos lados buscando de donde provenía la voz.

Viré otra vez y cuando volví a estar sobre ellos vi como uno de ellos me señalaba con su mano y les mostraba a sus amigos al nocturno cometista. Fue muy divertido.

Pensé que por falta de luna llena no iba a ver el potrero, pero las luces de la ciudad alumbraban la base de la nube y estas a su vez me regalaban una tenue luz que me dejaba ver bien la zona de aterrizaje. Hice mi aproximación y afortunadamente tuve un buen aterrizaje.

Comenzó a llover y pensé que los otros dos cometistas, Mauricio Tovar y Paul Andrade no se iban a animar a despegar, pero para mi sorpresa, escuché el silbido de sus cometas atravezando el cielo nocturno sobre mí como si fueran dos extra terrestres. Aterrizaron un poco fuerte pero estaban contentos de haberlo logrado. Decían… – ¡Ahhh nooo, no nos íbamos a quedar con las ganas!! – .

 

jueves, 5 de agosto de 2010

ÁGUILA

Un día, a mediados de los 80s, manteniéndome en el Neusa con unas excelentes condiciones de viento empecé a notar que algo colgaba del ala derecha de mi cometa.

Por un momento pensé que tenía una de las costillas de la vela suelta y colgando. Pero era una hermosa e imponente águila andina. Volaba con increíble precisión justo debajo de la punta del ala derecha. No solo me sorprendí sino que quedé asombrado de tan bello espectáculo.

Le empecé a hablar y a hacer pequeños juegos de cambio de posición de vuelo. Pero se mantenía pegada al ala como una sombra y cada vez que le hablaba viraba su pequeña cabeza y clavaba su mirada en la mía con esos grandes ojos de color amarillo intenso. Todavía recuerdo sus ojos como me miraban de forma amenazante.

El juego se convirtió en susto cuando al cabo de unos diez minutos de volar juntos vi como se colocó en posición invertida y sacando sus garras empezó a tratar de morder el borde de la vela. ¡Ella no estaba jugando! ¡Estaba furiosa y quería atacarme!

El mensaje era claro, quería que me fuera de su territorio. Luego supe que ya había atacado a varios cometistas pues tenía cerca su nido.

Cuando aterricé mis amigos me dijeron que habían notado que algo colgaba de mi ala y les conté la historia de esta hermosa águila que nunca olvidaré.

martes, 3 de agosto de 2010

GRADUACION

 Por fin llegó el soñado día en que podría volar donde los expertos lo hacían. Eran los inicios de los 80s. Primero voló mi amigo Jorge Gallego y despues de su excelente vuelo volvimos a subir la cometa al sitio de despegue.

Preparé la cometa Zebra y Eduardo, mi instructor, me dio los últimos detalles para lograr un buen vuelo. Pero olvidó uno. No me habló de lo que iba a sentir cuando volara tan alto por primera vez!

Estaba emocionado y con ganas de despegar cuanto antes. No había suficiente viento y debía tomar una fuerte carrera pero estaba ya acostumbrado a hacerlo desde al aprendedero, lo que sorprendió a varios pilotos avanzados que observaban al nuevo alumno.

Caminé con la cometa hacia atrás hasta que llegué al límite del inicio de mi pequeña pista de despegue. Corrí y con facilidad me entregué al vuelo.
Bajé las manos a la barra horizontal y empecé a sentir la delicia del viento a mí alrededor y a gritar. – ¡Iajuuuuu! – Pero de pronto empecé a sentir que algo no estaba bien.

El piso poco a poco perdía velocidad y esto en mi mente de aprendedero significaba que pronto iba a entrar en pérdida. Reaccioné halando hacia atrás la barra tratando de tomar velocidad.


Lo único que sentía era el aire aumentar de intensidad pero el piso estaba cada vez más lento a medida que me alejaba de él.

Pronto empecé a tener grandes oscilaciones subiendo y bajando hasta que comprendí que debía simplemente mantener la barra en una posición neutral. Volví mi mirada al paisaje y comencé a disfrutar por primera vez de las delicias del vuelo de altura.

Podía ver todo el parque y el gran paisaje de árboles de eucalipto entre los pliegues de la montaña. A medida que me acercaba al sitio de aterrizaje supe que estaba peligrosamente bajo y me dirigía a los cables eléctricos que rodeaban el potrero.

Pude ver a Santiago Pardo, uno de los pioneros de este deporte en Colombia, señalándome con sus dos brazos extendidos hacia el potrero que en ese momento yo sobrevolaba. !Trataba de decirme que aterrizara en ese potrero pues no venía con suficiente altura!

Pensé que me estaba señalando la dirección del viento y continué rumbo al area de aterrizaje. Vi como los cables se venían hacia mí pero vi que podía sobrepasarlos, me arriesgué y los pasé por algunos metros.

 Aterricé muy suave en mis dos pies y grité con toda mi emoción por tan bella experiencia mientras que Santiago me regañaba por no haberle hecho caso.

Fue mi bienvenida al vuelo de Neusa y mi graduación en el vuelo libre.

Secuencia de aterrizaje en la Zebra graduándome del aprendedero antes de ir a Neusa.
 Foto tomada por mi instructor Eduardo Vasquez.

Empujo la barra para frenar y aterrizar con los dos pies.

Con cara de felicidad sabiendo que acababa de graduarme
de este nivel y seguía el gran vuelo del Neusa.

Vuelo de graduación! Esta es la única foto que rescaté
que me tomó mi instructor cuando ya estaba
en pleno vuelo en el parque del Neusa.

domingo, 1 de agosto de 2010

ESPEJO


Un día volando en cometa hacia el lado del valle de Tenjo desde la montaña de Chía , al norte de Bogotá, (1980s) sabía que el vuelo no duraría más de cinco minutos pues no había viento ni corrientes ascendentes. Era lo que llamábamos una “pianiada” pues era planeo cayendo al estilo “piano”.

Me dediqué entonces a gozar metro por metro del paisaje abajo mío como un águila observando cada detalle del terreno buscando su presa.

De pronto vi algo que se movía allá abajo conmigo. Estaba pasando justo en la vertical de una pequeña laguna circular que a causa de la falta de viento estaba tan calmada que ofrecía un pequeño espejo allá abajo.

¡Me estaba viendo en un espejo a quinientos pies de altura! !Fabuloso!

Traté de hacer lo mismo en otros vuelos pero no solo era muy difícil volar exactamente vertical sino que su superficie perdía su reflexión con el más ligero viento.

Recuerdo esa silueta de mi cometa y sus colores en este espejo que me regaló la naturaleza. Un vuelo corto pero que nunca olvidaré.


viernes, 30 de julio de 2010

ARCO IRIS


Por alla en los 80s volábamos en cometa (Ala Delta)con Edgar en Chía manteniéndonos en un divertido vuelo “Soaring” o sostenido por las corrientes de aire ascendente.

Llevábamos como veinte minutos de vuelo y delante de nosotros comenzó a llover teniendo el sol atrás de nosotros.

Edgar hizo un viraje delante de mí y pude ver como detrás de su cometa salía un perfecto arco iris. Parecía una composición de un artista pintando y haciendo un video al mismo tiempo.

Le empecé a gritar a Edgar… – ¡Mire el arco iris! –  Edgar volteó su mirada y lo señaló.  Fue el mejor cuadro en vivos colores que me regaló el universo ese día y uno de esos momentos en este bello deporte que nunca olvidaré.


miércoles, 28 de julio de 2010

MI PRIMER DESPEGUE


PARTE III (Historias del aire)
MOMENTOS

La noche del 25 de Agosto del 2005 el huracán Katrina nos azotó en el sur de la Florida con categoría uno y nos dejó sin luz. Rodeado de velas encontré el ambiente perfecto que me invitó a escribir esta otra parte de mi libro. Momentos son micro historias adicionales a mis historias donde recuerdo eventos muy especiales que por su intensidad quedaron grabados por siempre en mi mente.


MOMENTOS EN EL VUELO EN COMETA

MI PRIMER DESPEGUE

Eduardo Vasquez, mi instructor de vuelo en cometa, me dijo que cambiara de cometa y tratara la Zebra que era más grande y tal vez así podría despegar del piso por primera vez. Recuerdo que me sentía un poco incómodo pues era más pesada.

Retrocedí subiendo la ladera hasta que Eduardo me dijo: – ¡Listo Carlos, ya sabe, full carrera y luego empuja la barra! – Tomé carrera y cuando me preparaba a empujar la barra sentí que me quitaban el piso bajo mis pies. La sensación fue de completa sorpresa y sobrecogimiento. ¡No tenía donde apoyarme! Me quedé “sin aire” por un instante.

Dos segundos después volví a tocar el piso y a continuar la carrera que había quedado truncada por tan extraño momento. Fueron dos segundos que estuve en otra dimensión por primera vez. Enseguida se adueñó de mí una sensación maravillosa de ligereza y de fuertes deseos de seguir intentando volar.

Así recuerdo mi primer despegue.

viernes, 16 de julio de 2010

LAS HISTORIAS DE STEVEN SALGADO (6a parte)


Continuación...



Volando Trike

Mi papá me enseñó a volar Trike desde los 14 años. El Trike es prácticamente un triciclo con un motor atrás colgado de una gran ala delta. Aunque nunca me dejó volarlo solo, llegué a hacerlo bastante bien…bueno… hasta que lo vendió. Cada vuelo era una aventura muy divertida y me fascinaba ver el paisaje desde esas alturas.


Aquí estamos volando el Trike en el 2006. Mi papa esta atrás y yo adelante. Aquí estamos volando sobre el río Cauca cerca de Santa Fe de Antioquia al occidente de Medellín.

Aquí estamos volando sobre el pueblo de Roldanillo en el Valle del Cauca a 2500 pies de altura.

Otra hermosa vista de Roldadillo desde el Trike. Estas montañas son sitio de encuentro de parapentistas, cometistas y aeromodelistas por sus buenas condiciones de vuelo.

Continuará....

jueves, 15 de julio de 2010

LAS HISTORIAS DE STEVEN SALGADO (5a parte)


Continuación...

En el cuarto y último día por fin llegó el vuelo de los 100 metros de altura. Nos tocó esperar bastante tiempo para recibir viento de frente.

Inició Manuel con un vuelo impecable, despegó un poco chueco pero la logró sacar de la ladera seguido de un aterrizaje excelente. Esperamos otro largo rato hasta que volvió a enfrentarse el viento.

Llegó mi turno, un despegue limpio y un vuelito muy sabroso donde podía ver las cosas más pequeñas desde allá arriba, entré en el área de aterrizaje, empujé fuerte la barra a tiempo y así tuve el mejor aterrizaje de todo el curso.

Ya concluido el curso salimos todos para sus respectivas ciudades de residencia. Mane se fue para Cúcuta y yo para Medellín.

Luego seguí yendo con mi papá a practicar a Porce, un aprendedero cerca de Medellín y llevamos una Vision mark IV, así pasaron varias semanas hasta que llegó el día de mi bautizo a 600 mts. de altura en un lugar llamado por los cometistas “Llanaditas” cercano a Santa fe de Antioquia. La Vision fue revisada y chequeada por todos antes de volarla, aparentemente todo estaba perfecto.

Preparando el vuelo con la “Vision mark IV”.
 
Despegó mi papá en su cometa para esperarme en el aterrizadero y arriba se quedaron varios amigos cometistas para ayudarme en el despegue. Yo estaba helado, emocionado y a la vez tenía el susto normal que estos deportes brindan. Preparé todo para mi despegue, corrí con suficiente velocidad, pasó solo un segundo y cuando empecé a levantarme del suelo la cometa se desplomó y yo con ella.

Me di contra el mundo. Alcancé a pensar – ¿Que paso?, ¡Pero si yo corrí lo suficiente! – Todos acudieron a sacarme de la pendiente donde caí, pero nadie me daba razón de porque había pasado esto, todos decían, – Steven, lo hiciste bien, lo hiciste bien, fue culpa de esta ijueputa cometa vieja, lo hiciste bien. –

Afortunadamente no me pasó absolutamente nada, aparte del golpe de la frustración. Luego de ver muchas veces el video y de analizar los restos del ala nos dimos cuenta de cual había sido la falla.

Justo después de levantar los pies de la tierra el cable que va desde el triángulo hacia el ala derecha se reventó en un extraño corte cizalla y esto provocó que las alas “aplaudieran” hacia arriba.

Lo interesante es que buscamos lo positivo de lo negativo y nos dimos cuenta que si hubiera pasado uno o dos segundos más, yo no estaría contando la historia pues me hubiese desplomado a un abismo y a la altura que estaba no cabía la posibilidad de sacar un paracaídas.


Aquí se puede ver a la izquierda el cable suelto del ala derecha y la cometa empezando
 a aumentar su diedro justo antes de yo desplomarme contra el planeta.
Después de este desafortunado evento volví al aprendedero con otra cometa más nueva, pero nunca he podido volar por el mal tiempo. Creo que también tengo cierta sugestión por lo que me sucedió.

Igual tengo claro que quiero seguir volando y de esto estoy totalmente seguro. Escribir esta historia me ha servido para afirmar que tengo que lograrlo y que puedo vencer el miedo. Sé que voy a volar...

Continuará...