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domingo, 26 de diciembre de 2010

CAPITAN “GALLETICA”


Así bautizó mi mujer Luz Dary (1997) a Juan Carlos Burgos, un amigo paisa en Florida bien gomoso de la aviación, después de saber que siempre que venía a tomar clases de simulador decía, “Oime Carlos, esta haciendo como hambrecita… ¿De casualidad tiene por ahí una galletica”.  Y así se quedó… “Capitán galletica”.

 Para esas épocas él siempre me animaba a que fuéramos a volar. Un día que tenía que hacer un vuelo largo como parte de mi entrenamiento lo invité a que viniera conmigo como copiloto. Se puso bien contento y así vino a mi casa pero esta vez no para hacer simulador sino para preparar un vuelo verdadero.

Pusimos las cartas de navegación sobre la mesa y se quedó sorprendido, – ¡Waooo! ¡Hasta Jacksonville! Oiga hermano…ese es un vuelo como largo! – El plan era ir hasta Melbourne, en la costa Este de la Florida a la altura de Orlando, luego a Daytona, donde corren los carros de carreras y luego seguir hasta el aeropuerto internacional de Jaksonville al extremo Norte de la península de la Florida. En realidad mi instructor me había indicado que fuera al aeropuerto regional y no al internacional que se encontraba al lado pero yo olvidé este detalle y esto me iría a causar algunas sorpresas.

El vuelo nos iba a tomar todo el día por lo que decidimos llegar a Pelican a las seis de la mañana. El avión estaba listo, los tanques llenos y revisado para el vuelo. El instructor me explicó un poco inquieto que el pronóstico del tiempo indicaba que aquella tarde un frente frío estaría cruzando el Estado y que pensaba que sería mejor posponer el vuelo. Le dije que si veía mal tiempo lo evitaría para mantenerme dentro de las regulaciones. El aceptó pero me dijo que si tenía problemas que no continuara y me devolviera a Hollywood.

Juan Carlos tomó enseguida parte activa haciendo él toda la revisión prevuelo del avión. Iniciamos el silencioso motor del Katana y nos dirigimos hacia la pista que habíamos pedido a la torre pues no había casi viento. Juan Carlos estaba contento pues por fin podía volar conmigo en un vuelo real. 

Llevamos nuestro avión de fibra de vidrio a la cabecera de la pista, puse el control de la potencia totalmente adelante y dimos así inicio a nuestra aventura aérea. Despegar en esa dirección viendo los primeros rayos del sol al amanecer me trajo recuerdos de los vuelos que hacía en Aerotaca en Colombia cuando despegábamos hacia los llanos orientales. Le entregué los mandos a Juan Carlos y me sorprendió ver lo bien que mantenía el control con solo la experiencia que había adquirido en el simulador.

Sobrevolamos el aeropuerto de Fortlauderdale y tomamos rumbo norte hacia Melbourne.
Al principio el vuelo estaba bien ocupado pues tenía que estar llamando constantemente por la radio a los diferentes controles y al mismo tiempo ajustar mis instrumentos de navegación y darle la información a Juan Carlos del rumbo y la altura.

Unos veinte minutos después tuvimos más tiempo para relajarnos y así empezamos a comentar sobre el paisaje y la sensación tan especial de volar en este tipo de avión. – Oime Carlos… ¡Esto parece un planeador con motor! ¡Que berraquera hermano! – Juan Carlos poco a poco empezó a despegar los ojos de los instrumentos y me empezó a bombardear con preguntas sobre los otros instrumentos que estaban a su alrededor. Le iba explicando aunque me tocaba recordarle que era él quien estaba volando y que debía estar vigilando los pequeños cambios de altura y rumbo. – Juan Ca, no descuide el rumbo ni la altura… esto es igual al simulador…la misma vaina. – Le decía. 

Aquí esta Juan Carlos a la izquierda, el capitán “Galletica”, 
en los controles de vuelo y yo a la derecha tomando la foto.

Más adelante avistamos el aeropuerto de Melbourne y descendimos para hacer un suave aterrizaje. Estuvimos perdidos un rato hasta que un pequeño carrito nos guió hacia el sitio donde podríamos colocar gasolina a nuestro avioncito.
Nos bajamos en un centro de servicio donde hicimos de nuevo el cálculo de vientos.

El capitán “Galletica” se quedó sentado leyendo una revista de aviación mientras yo me encargaba de preparar el vuelo. Yo me decía, – Este Juan Carlos es como raro, a veces no hay quien lo calle y a veces se queda mudo por un buen rato. – Una vez listo el avión nos subimos, encendimos el motor y nos dirigimos con mapa en mano a la pista correspondiente tratando esta vez de no perdernos pues eran dos pistas con una intricada red de vías de carreteo. Despegamos y viramos hacia el norte rumbo a Daytona.

Continuará...

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