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viernes, 23 de julio de 2010

LA HISTORIA DE MANUELA JARAMILLO (3a parte)


Continuación:

Subí unas escalas del edificio del aeropuerto buscando a mi padre. Estaba en reunión con la gente de Aerocivil, y como preguntando se llega a Roma, pues lo encontré. Con muchísima pena interrumpí la reunión, le mostré el papel a mi padre quien inmediatamente entendió lo que estaba pasando. Me dijo en voz suave – Hija, mucha suerte, disfrútalo y me avisas cuando estén en el avión. – A lo que dije, muy obediente, – Si papá, gracias, ¡te amo! –

Firmó, y cuando me entregó la hoja, uno de los militares presentes en la reunión escuchó lo que estaba pasando. Yo no sabía quién era el señor, sé que lo había visto varias veces en mi casa. Un hombre alto, corpulento, con voz grave, recochero, y no sé si era mi impresión, pero tenía un leve acento costeño en su hablar.

Le dijo a mi padre – Mincho, ¿estás firmando un papel para que tu hija salte en paracaídas? ¡Tu hija tiene mas guevas que vos! – Frente al comentario sólo se escuchó una carcajada en el recinto, sonreí, vi en la cara de mi padre una leve sonrisa, me abrazó y le pregunté por mi mamá, a lo que me respondió que estaba en la taquilla y que no había hablado con ella en toda la mañana…

Di la espalda a la puerta de la sala de juntas y bajé corriendo las escalas, con una gran sonrisa. Mi primo, compañero de aventuras desde chiquitos, venía detrás de mí. Me dijo – Manu, ¡estás loca! – y como estaba eufórica le respondí – Si mi Santi, ¡pilas que eso es contagioso! –

Llegamos a la taquilla. Mi madre estaba realmente ocupada, cosa que ayudó en nuestra labor. Madre es madre, y conoce a sus hijas. Miró de reojo el papel que yo traía entre mis manos, a lo que respondió tajantemente – ¡Ni lo pienses! – Después de rogarle mucho sin obtener nada, y trabajando contra el tiempo pues ya eran casi las doce del día, miré a Santi y le dije – Me tocó el plan B, vamos a hablar con ellos a ver que nos dicen… –

Entré a la carpa que alojaba a los paracaidistas con sus equipos. Estaban doblándolos, pues hace poco habían aterrizado de un salto previo. Con mucho cuidado, pues en el parapente es similar, tenían las líneas casi perfectamente acomodadas sobre el suelo, todas alineadas.

Sé que no es aconsejable pisarlas y tuve que pasar casi levitando sobre ellas para llegar a la mesa donde empezó esta maratón. Llegué donde el hombre que me atendió, y me preguntó con ojos saltones –¿Listo? ¿Están los papeles firmados?... Milton, parcero, ¡venga pues a ponerle el arnés a esta niña, que nos vamos! – Inmediatamente lo interrumpí, y admití que tenía algunos problemas…

Le expliqué que estaba complicado conseguir la firma de mi madre, le dije que se encontraba ahí en el lugar pero definitivamente no había querido firmar…
El reaccionó con una gran carcajada, silbó y dijo – ¡Muchachos, problemas de mamás! ¡vamos pues que estamos sobre el tiempo! – Yo lo miré, y sin saber lo que estaba pasando, me pidió que lo llevara al lugar donde estaba mi mamá. En el camino me explicó que no era la primera vez que pasaba, ellos ya saben qué hacer al respecto… En ese momento Santi y yo cruzamos miradas y sé que ambos pensamos “¿Qué va a pasar acá?”.

Llegamos a la taquilla. La diferencia es que esta vez no llegamos solos. Llegamos acompañados por unos 12 o 15 paracaidistas, todas con sus overoles de saltos, y el tipo estrella encabezando la “procesión”. Mi madre me miró con cara de aterrada, y seguía así mientras escuchaba la explicación del equipo y los procedimientos a realizar durante el salto.

Cuando terminó la clase de teoría, se quedó callada mirándome, y en medio del silencio toda esa multitud empezó a gritar, en forma de coro…– “¡Que firme la mamá! ¡Que queremos saltar! ¡Que firme la mamá! ¡Que queremos saltar!” – Siempre se ha caracterizado por ser tímida y anti–escándalos en público, a lo que no tuvo más remedio que suspirar profundamente y mirarme con cara de regaño, creando algo de confusión en mí…

Me miró, movió sus manos y pronunció otra frase, más fuerte que la del cadáver, que nunca olvidaré en mi vida. – Si sigue así, esta muchachita va a ser presidente de este país… Pásame a ver ese papel, préstame un lapicero y que pase lo que tenga que pasar. – No lo podía creer. Ya lo hecho estaba hecho.

Firmó y le dí uno de los abrazos más emotivos que le pude haber dado en 17 años de vida. Miré a mi “mosquetero”, lo abracé y seguimos por instinto al resto de la manada, que se dirigía, atravesando a todo el público, hacia la carpa “base”. Durante ese recorrido, por mi mente solo pasaba una frase, no pensaba en el salto, sino en “¡Me enamoré! ¡Amo a este señor! ¿Cómo fue capaz de hacer en dos minutos y con una completa desconocida lo que yo intenté durante una semana y con mi propia madre?”

En la carpa conocí a Milton. Sería mi piloto tándem. Yo iría de pasajera en un arnés amarrado al suyo. Milton… si se quieren hacer a la idea de su físico, imagínense al hombre Piel Roja, si, el de los cigarrillos. De cabello oscuro y largo amarrado en la parte baja de la cabeza. Nariz aguileña y tez morena, alto, pero no tan corpulento como el otro. Extremadamente amable, incluso con mi mamá, a quien desde un principio llamó ‘suegra’…

Me explicó de nuevo lo que ya le habían explicado a mi madre, y procedió a hacerme el curso en tierra. Básicamente me tiré al suelo, boca abajo, mientras me explicaban varias posiciones corporales que debía adoptar en distintos momentos: la salida del avión, la caída libre, el planeo y el aterrizaje. Cuando finalizamos me levanté y me puse el arnés, con los mismos principios de una silla sencilla de parapente. Estaba ansiosa y nerviosa. Era hora de almuerzo, sentía hambre pero… ¡No podía imaginarme comiendo algo antes de saltar de un avión! ...

Continuará...

Con mi primo Santi cuando me preparaba para el salto. Se me notaba la cara de susto?

2 comentarios:

Lumediana dijo...

Juepuchica y ahora que nos espera?
Que historia mas hermosa, me tiene atrapada

Anónimo dijo...

Nadie se imagina lo que viene!
Abrazos y buenos vuelos :)
Manu