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viernes, 9 de julio de 2010

EN LA GUAJIRA


Volaba aquel dia de observador en un magnífico Boeing 727 -200 de Avianca en el vuelo de la mañana a Riohacha, la capital del departamento de la Guajira, en el extremo desértico norte de Colombia (Año 1988).

El capitán, aproximadamente en sus vienticinco años de edad era de los más jóvenes que había visto. Me dijo que en ese vuelo no me iba a dar chance a la derecha pues él era nuevo y no conocía bien ni al copiloto ni al ingeniero y quería hacer todo de acuerdo al libro.

Llegando a la Guajira pude disfrutar del esplendor del paisaje del desierto haciendo un fuerte constraste con el azul índigo del mar. Yo sentía que el capitán andaba un poco nervioso como si sintiera que todo el mundo a su alrededor estuviese pendiente de cada movimiento que él hacia.

Todo el vuelo había sido normal hasta que vino el aterrizaje. Al sentar ruedas el capitán aplicó los frenos bastante fuerte haciendo que las maletas atrás se cayeran y nos sacudiéramos fuertemente en nuestros asientos. El copiloto le preguntó – Uyy capi... porque frenó tan fuerte? – Y él le respondió, casi recitando de memoria, que en caso de falla de frenos el reverso de los motores no hubiera sido suficiente en esta pista y nos hubiéramos salido.

El capitán tenía toda la razón pero se quedó mirándolos esperando sus respuestas. El ingeniero y el copiloto se miraron y riéndose dijeron, – !Ahhh bueeeno, menos mal que los frenos no fallaron!…!Jueeepucha nos hubiéramos salido!, !Jua!!Jua! – El capitán se puso a reirse también y se relajó un poco más pues lo noté mucho más desenvuelto en el resto del vuelo.

 Esto fue tremenda lección para mi que suelo ser a veces sicorígido. Nos bajamos y disfrutamos de un delicioso almuerzo con camarones y pulpo al ajillo. No se me olvida lo sabroso que estaba ese plato. Pienso que el mar y la brisa de ese hermoso paraíso le dió ese sabor tan especial.

Luego abordamos el avión y completamos la ruta hasta Bogotá. Ha sido hasta ahora mi único vuelo a la Guajira y con él me llevo gratos recuerdos y una graciosa lección sobre los frenos de este avión.

Cabo de la vela, Guajira, Colombia.

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