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martes, 20 de abril de 2010

A RESCATAR MÍ LICENCIA


Recién llegado de Denver a Colombia (1985) fui de nuevo al Aeroclub para continuar estudiando pero me estrellé de nuevo con la burocracia de mi país. Tenía que renovar mi licencia de alumno para poder seguir volando. Con paciencia y resignación fui al edificio de la Aeronáutica Civil para pedir que me renovaran mi licencia.

Las sorpresas negativas continuaban. El encargado me dijo que tendría que entrevistarme con el jefe de licencias. Pedí la cita y volví así de nuevo al aeropuerto. El jefe me dijo que al yo haber dejado de estudiar en esta escuela por mas de un año ellos “consideraban” que yo no estaba tomando en serio mi carrera y que no me iban a renovar la licencia. No podía creerlo.

Sentí que se me desbarataban mis sueños de algún día ser piloto comercial. Le expliqué que había ido al exterior para estudiar inglés y que también había hecho unas horas de vuelo. Pero esto no valió nada y quedó inconclusa mi visita. Me sentí como si hubiese recibido el peor de los castigos… salir sin licencia para volar.

Para estas épocas pude entrar de profesor a un colegio bilingüe al norte de Bogotá llamado Liceo de Londres. Mi angelito poco a poco se encargo de ir armando un milagrito por donde menos me imaginaba.

Era profesor bilingüe substituto de matemáticas en los cursos de tercero y cuarto primaria y profesor de dibujo técnico en los cursos de bachillerato.

Pronto hice amistad con algunos de los niños del colegio. En el recreo se acercaban y conversaban conmigo. Del curso tercero hice especial amistad con un divertido muchacho que al igual que yo le gustaba estar más bien solitario. Me preguntaba muchas cosas y de pronto un día me dijo que le gustaría que yo le diera clases privadas en su casa.

Yo pensando en ganar algo extra le dije que aceptaba gustoso. El habló con sus padres y ellos me llamaron para que hablara con ellos.
Fui a su casa y se me hizo interesante que estaban ubicados en un sector residencial de clase social bastante elevado. Al principio no reconocí al padre pero era Fabio Valencia Cozio quien es ahora, casi treinta años después, uno de los ministros mas importantes de Colombia.

Empezamos así un horario de clases extras en las que yo principalmente lo motivaba a mejorar en sus estudios. Esto hizo que este niño se sintiera mucho más cercano a mí. Yo era su mentor para muchas ideas que el tenía en su temprana imaginación.

Y un día llegó el milagro. Estábamos en un recreo caminando al lado del campo de fútbol del colegio cuando me preguntó, – ¿Profe Carlos, usted siempre va a ser profesor? –, – Bueno, no… yo estoy estudiando para ser piloto de aviones. – El enseguida con una gran sonrisa miró hacia el cielo y extendiendo sus brazos dijo, – ¡Waoooo que rico! ¡Volar un avión!, –

Le expliqué que todavía tenía que estudiar un poco más para lograr mi licencia pero que ahora tenía el problema de que no me habían dejado renovar mi licencia de estudiante. No sé porque se lo dije, pues eso tal vez él no lo entendería, pero enseguida llegó la sorpresa cuando me dijo, – Ah, si, yo he escuchado algunos de esos problemas cuando mi mama le cuenta a mi papa sobre su trabajo. –

Enseguida intrigado le pregunté, – ¿Y cual es el trabajo de tu mami? – , – Ella es la directora de la Aeronáutica Civil de Colombia. – No podía creerlo! Lo dijo con tanta propiedad que no podía estar bromeando. Tenía ante mí una gran coincidencia pero en realidad era mi ángel cuadrando su ajedrez.

Ante esto le dije enseguida que me gustaría hablar con ella para que me ayudara a recuperar mi licencia. Aquella misma noche ella me llamó y diligentemente tomó mis datos y me dijo que iba a ver en que me podría ayudar. Para mi gran sorpresa al siguiente día me llamó y me dijo que tal vez todo había sido un error pues en la oficina de licencias ya tenían mi licencia lista. ¡De nuevo no podía creerlo! Ellos me habían dicho que no me la podían dar. Pensé que tal vez querían “un billetico” para que reconsideraran… pero ¿Porque ella me dijo que había sido un error?

Salí en mi día libre a la oficina del aeropuerto y pregunté si sabían que había ocurrido con mi licencia. Uno de ellos me dijo en voz baja, – Hombre, ¿Usted que fue lo que hizo? Aquí vino la jefe mayor y nos puso a sudar frío buscando arreglar lo de su licencia. Le dijimos que había sido un error y que ya la podía recoger. La próxima vez avise. –

Me entregaron mi licencia de estudiante y salí pensando en el mal rato que pasaron por tratar de buscar dinero fácil por mi lado. ¡Rescaté mi licencia!

Poco después regresé al Aeroclub. Sentía que de alguna forma había perdido algo que había dejado hacia dos años atrás. Pero lo que si no había cambiado era el capitán Potes que seguía igual de autoritario e intimidante.

Me puse de nuevo el uniforme blanco y negro de la escuela y seguí estudiando.
Iba a la escuela después de dar las clases en el colegio tomando algún bus del mismo colegio que me dejaba lo más cerca posible a la entrada del aeropuerto de Guaymaral.

 Recuerdo que me tocaba pedirle el favor al instructor de vuelo para que me esperara y me diera la clase al final del día. Afortunadamente así pude continuar con mis estudios.

¡Gracias a la familia Valencia Cozio y al Eterno que me ama y me guia!


El HK-2247-I de Aeroclub...gratos recuerdos en este avión.

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